
La habilidad de hablar más de un idioma es cada vez más común en un mundo globalizado, pero hasta ahora no existía una forma objetiva y precisa de medir cuán multilingüe es realmente una persona. Un equipo de la Universidad de Nueva York (NYU) acaba de presentar una calculadora innovadora que utiliza criterios científicos para evaluar las capacidades lingüísticas individuales y determinar cuál es el idioma dominante.
El desarrollo combina la autoevaluación estructurada y la edad de adquisición para ofrecer resultados numéricos y perfiles personalizados, superando así las tradicionales etiquetas de “bilingüe” o “multilingüe” y aportando claridad en ámbitos como la educación, la clínica y la investigación.
Más de la mitad de la población mundial utiliza dos o más idiomas, pero hasta ahora no existía una fórmula estándar para medir el dominio en cada lengua. De acuerdo con Cambridge University Press, la mayoría de los cuestionarios tradicionales solo recababan datos generales, sin ofrecer una medición concreta del multilingüismo o de la dominancia idiomática.

El equipo liderado por Esti Blanco-Elorrieta y Xuanyi Jessica Chen en la NYU desarrolló una herramienta que se basa en dos variables centrales: la edad de adquisición de cada idioma y una autoevaluación estructurada de comprensión oral, expresión oral, lectura y escritura.
Mediante una fórmula validada científicamente, la calculadora arroja dos resultados principales: un índice de multilingüismo, que representa el nivel global de manejo de varios idiomas, y un perfil de dominancia, que indica cuál de las lenguas domina realmente la persona.
Por ejemplo, una persona que aprendió inglés a los cinco años y español a los quince, y que se autoevalúa como avanzada en inglés y media en español, recibirá un perfil que refleja ese diferencial de dominio entre ambos idiomas.

Para cada lengua, la herramienta solicita la edad en que se alcanzaron las distintas destrezas y el nivel de competencia percibido en cada una. Estos datos se combinan para obtener resultados numéricos que permiten visualizar la relación entre los idiomas manejados, según explicó la NYU.
El uso de la autoevaluación como base responde a que, según los investigadores, este método —cuando se estructura rigurosamente— puede alcanzar una precisión similar a la de las pruebas estandarizadas, pero resulta más práctico y menos invasivo.
Los análisis demostraron que la autoevaluación explica más del 97% de la variabilidad en las capacidades lingüísticas medidas en comprensión, producción, lectura y escritura, según la publicación académica de Cambridge.

La calculadora también ajusta los resultados según la edad de adquisición: los idiomas aprendidos antes de los diez años presentan mayores niveles de competencia, mientras que los incorporados después muestran menores probabilidades de alcanzar un dominio nativo, en línea con los hallazgos más recientes, señaló Neuroscience News.
La validación científica incluyó pruebas con jóvenes, adultos y personas mayores con alteraciones lingüísticas.
Los resultados revelaron que el perfil de dominancia y el índice de multilingüismo producidos por la herramienta coinciden casi perfectamente con los obtenidos mediante métodos estadísticos avanzados como el análisis de componentes principales (PCA), una técnica que resume grandes volúmenes de información en indicadores clave, según Neuroscience News. Más del 94% de los participantes recibieron la misma clasificación en ambos sistemas.

Entre las ventajas principales, los investigadores de NYU destacan la simplicidad y solidez del procedimiento. Mientras otros enfoques requieren reunir una gran cantidad de datos sobre experiencias, entornos o frecuencia de uso, la calculadora se concentra en dos variables esenciales sin perder fiabilidad, lo que facilita su aplicación en la investigación, la docencia, la clínica y la vida cotidiana.
La herramienta permite evaluar hasta 50 idiomas diferentes, incluidas lenguas de señas y variantes personalizables. Su diseño inclusivo habilita el acceso de investigadores, docentes, profesionales clínicos y usuarios de distintas procedencias, aportando claridad a procesos como la selección educativa, el diagnóstico clínico y el diseño de estrategias de aprendizaje, según Neuroscience News.
Según los autores, cuantificar con precisión las competencias idiomáticas aporta rigor y transparencia, lo que representa un cambio notable frente a las clasificaciones tradicionales.

“Estas nuevas fórmulas ofrecen una manera clara y basada en la evidencia para conocer tus puntos fuertes en los idiomas y cuán multilingüe eres realmente, aportando claridad científica a algo cotidiano para millones de personas”, afirmó Blanco-Elorrieta según la NYU. Chen agregó: “En lugar de etiquetar a alguien como ‘bilingüe’ o ‘monolingüe’, esta herramienta cuantifica cuán multilingüe es una persona”.
En un mundo cada vez más global y conectado, la calculadora surge como un recurso práctico y transparente que la comunidad educativa, investigadora y clínica puede adoptar para describir el perfil lingüístico de cada individuo y mejorar tanto la investigación como las aplicaciones reales, desde la educación de idiomas hasta la evaluación clínica.
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