
Las playas y otros espacios azules, como lagos y ríos, ofrecen beneficios notables para la salud mental, de acuerdo con investigaciones recientes. Diversos estudios coinciden en que estos entornos naturales no solo ayudan a reducir el estrés, sino que también contribuyen a la mejora del sueño y de la percepción del dolor, lo que resalta la importancia de los espacios costeros para el bienestar físico y emocional.
¿Por qué la playa es una aliada para el descanso y la salud mental?
La doctora Alejandra Gómez, médica psicoanalista, psiquiatra, miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), de la Asociación Psicoanalítica Internacional (IPA) y magister en Psiconeurofarmacología, explicó a Infobae, en una nota reciente sobre un estudio publicado en PubMed (en 2021), la incidencia de los espacios azules y verdes como agentes desestresores y que mejoran la salud.
“Hay un interés creciente en las formas en que los entornos naturales influyen en el desarrollo y la progresión de las condiciones de salud a largo plazo. La vegetación y los cuerpos de agua, también conocidos como espacios verdes y azules, tienen el potencial de afectar la salud y el comportamiento al proporcionar lugares estéticos para la relajación, la socialización y la actividad física”, describió la doctora.
El mar y el cerebro

Según Catherine Kelly, autora especializada en los efectos del agua sobre la salud y autora de "Blue Spaces: How and Why Water Can Make You Feel Better", esta agradable sensación se debe a su tamaño: el sonido del mar y sus vistas panorámicas infinitas.
Kelly considera que la amplitud de su horizonte motiva a quienes lo contemplan a centrar la atención de forma natural en lo extenso del entorno. Según su perspectiva, al contemplar el océano “se nos invita, sin mucho esfuerzo, a dirigir nuestra atención al horizonte. Existe una sensación de asombro, donde obtenemos perspectiva de nuestros problemas y nos sentimos parte de algo más grande que nosotros mismos".
Kelly indica que esto genera un impacto positivo que reduce el estrés, favorece un sentido de propósito e impulsa a conductas más altruístas.
Wallace J. Nichols, biólogo marino que dedicó su vida al estudio del efecto del mar en los humanos bautizó con el nombre de “Blue Mind”, (mente azul) a un estado meditativo caracterizado por la calma, paz, unidad, felicidad y satisfacción que brinda el agua, su color y sensaciones al interactuar con ella.

En su libro “Blue Mind: La sorprendente ciencia que demuestra cómo estar cerca, dentro, sobre o bajo el agua puede hacerte más feliz, más saludable, más conectado y mejor en lo que hacés” (2014), Nichols destacó: “El cuerpo humano es un 70% agua y depende de esta para sobrevivir. Cuando la ves o la escuchas, tu cerebro recibe la señal de que estás en el lugar adecuado”.
Y completó: “El agua calma todo el ruido y te conecta con tus propios pensamientos y tu sentido de ser. Cuando te sumerges en el agua hay un cambio en tu conciencia, en la química de tu cerebro, que puede llevar a nuevas ideas y pensamientos creativos”.
Desde el punto de vista de la Neurociencia, Nichols afirmó que los entornos acuáticos-el sonido de las olas, el contacto con el agua y sus paisajes- activan la producción de la dopamina, la serotonina y la oxitocina, hormonas que integran el famoso “Cuarteto de la felicidad”, asociadas con el placer, la relajación y la serenidad.
Más beneficios de los espacios azules

Según un estudio publicado en Science Direct, ver agua o estar cerca de ella reduce el estrés, disminuye la frecuencia cardíaca, la presión arterial y el cortisol.
El valor de los entornos acuáticos para la salud también se extiende al incentivo para el ejercicio. Aunque los espacios verdes suelen asociarse con actividades más intensas, un estudio de 2020 publicado en Environmental Research resalta que las personas realizan ejercicio por más tiempo en zonas costeras, conocidas como “gimnasios azules”. Este fenómeno podría atribuirse a que la presencia del agua altera la percepción del tiempo, facilitando periodos más prolongados de actividad sin sentir una fatiga anticipada.
La relación entre la visita a estos espacios naturales y la mejoría del sueño ha sido confirmada en investigaciones recientes. Un análisis de datos realizado en 2024, con la participación de 18.838 adultos de 18 países, reveló que quienes frecuentan espacios azules y verdes tienen menos probabilidades de dormir menos de seis horas por noche. La combinación de ejercicio prolongado y reducción del estrés aparece como una posible explicación de este vínculo entre naturaleza y descanso nocturno.

En el ámbito de la neurociencia, los avances técnicos han permitido explorar cómo los paisajes naturales pueden incidir en la percepción del dolor. En marzo de 2025, un estudio publicado en Nature Communications expuso a 49 voluntarios a representaciones virtuales realistas de un lago, una ciudad y una estancia interior, mientras recibían estímulos eléctricos.
El uso de resonancia magnética funcional permitió comprobar que observar la escena natural se relacionaba con una menor autopercepción del dolor y con cambios en regiones cerebrales ligadas a esta sensación. Estos resultados sugieren que la contemplación de escenarios naturales no solo promueve emociones positivas, sino que también ofrece una base neurológica para afrontar el dolor con mayor eficacia.
A largo plazo, la interacción temprana con playas y otros espacios acuáticos parece favorecer una relación más profunda con el entorno natural. Algunas investigaciones señalan que quienes frecuentan estos lugares desde la infancia pueden desarrollar actitudes más orientadas a la protección ambiental, asumiendo prácticas como el reciclaje o el ahorro de energía. El contacto en edades tempranas con estos entornos cobra relevancia, dado su potencial de impactar tanto en el bienestar individual como en un compromiso mayor con el medioambiente.
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