
Las bacterias que viven en nuestro intestino —el llamado microbioma— están en el centro de una nueva investigación que podría cambiar la manera en que entendemos y tratamos la esclerosis múltiple. Científicos de la Universidad de Basilea han descubierto que ciertas bacterias intestinales, por su estructura superficial, pueden acelerar el desarrollo de esta enfermedad autoinmune.
El hallazgo, publicado en la revista Gut Microbes, sugiere que manipular el microbioma podría ser una herramienta valiosa, pero también riesgosa, al diseñar tratamientos personalizados para quienes padecen esclerosis múltiple.
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Esclerosis múltiple y el papel de las bacterias: ¿qué es el mimetismo molecular?
La esclerosis múltiple es una enfermedad donde el sistema inmunitario ataca por error la mielina, la envoltura protectora de las fibras nerviosas. Esto interrumpe los mensajes que viajan entre el cerebro y el resto del cuerpo, y puede llevar a síntomas como debilidad, problemas de visión, dificultad para moverse y alteraciones cognitivas.

Durante años, se reconoció que el microbioma —el conjunto de bacterias que habitan nuestros intestinos— influye en el funcionamiento del sistema inmune. Sin embargo, faltaba comprender por qué y cómo ese “ecosistema” contribuye al avance de la esclerosis múltiple.
La profesora Anne-Katrin Pröbstel y su equipo en la Universidad de Basilea, junto a colaboradoras como Lena Siewert y Kristina Berve, identificaron un mecanismo clave: ciertas bacterias pueden “engañar” al sistema inmunitario por medio de un proceso llamado mimetismo molecular.
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Este fenómeno se produce cuando las bacterias presentan en su superficie estructuras muy parecidas a las de la mielina. El sistema inmunitario, al no distinguir las diferencias, puede iniciar un ataque erróneo que termina dañando la mielina y acelerando la enfermedad.
Un experimento revelador: bacterias modificadas y modelos animales

Para comprobar esta hipótesis, los investigadores modificaron genéticamente bacterias proinflamatorias del género Salmonella, haciéndolas parecerse aún más a la mielina humana. Luego, introdujeron estas bacterias en ratones especialmente diseñados para simular la esclerosis múltiple en humanos.
Los resultados fueron claros: los animales que recibieron Salmonella modificadas desarrollaron la enfermedad de forma más acelerada en comparación con aquellos que solo recibieron bacterias sin modificar.
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Todo indica que no basta con una bacteria proinflamatoria; la clave está en la presencia de estas “imitaciones” de mielina en la superficie bacteriana. El mimetismo activó células inmunitarias que migraron al sistema nervioso y dañaron la mielina, provocando una progresión más rápida de la enfermedad.

En una segunda fase, el equipo repitió el procedimiento, pero utilizando bacterias E. coli, comunes y habitualmente consideradas no inflamatorias. Cuando estas E. coli fueron modificadas para parecerse a la mielina, la enfermedad avanzó, aunque de manera más lenta. Esto sugiere que, además del mimetismo, el contexto inflamatorio es necesario para que el daño sea mayor.
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Según Pröbstel, en el futuro las bacterias modificadas podrían emplearse para “entrenar” al sistema inmunitario y promover tolerancia a la mielina en vez de estimular su ataque. Este hallazgo abre la posibilidad de tratamientos basados en microbioma para modular autoinmunidad y frenar el avance de la enfermedad.
Terapias y advertencias: ¿modificar el microbioma es la solución?
El estudio de la Universidad de Basilea resalta que no solo la composición, sino la estructura específica de ciertas bacterias intestinales, puede determinar la aparición y el ritmo de la esclerosis múltiple. Esta comprensión abre la puerta a diseñar terapias que utilicen bacterias seleccionadas o modificadas para reeducar al sistema inmune y proteger la mielina.
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El trabajo, realizado en colaboración con el Hospital Universitario de Bonn y otros institutos europeos, también alerta sobre los riesgos. Manipular el microbioma podría facilitar respuestas autoinmunes si no se controla adecuadamente.
La manipulación del microbioma puede ser un arma de doble filo: al igual que en algunas terapias oncológicas donde se modula el sistema inmune, intervenir la flora intestinal podría beneficiar o, en otros casos, desencadenar enfermedades.
Ante este panorama, y aunque las terapias basadas en microbioma son prometedoras, la Universidad de Basilea enfatiza la importancia de evaluar cuidadosamente los riesgos y beneficios antes de intervenir. El camino hacia tratamientos más personalizados y eficaces para la esclerosis múltiple podría pasar, en parte, por el universo invisible de bacterias dentro de nuestro propio cuerpo.
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