
Entre las criaturas más longevas y enigmáticas del planeta se encuentra la almeja islandesa (Arctica islandica), un modesto molusco capaz de desafiar el paso de los siglos. Mientras la esperanza de vida humana apenas supera los 80 años en los países más avanzados, esta especie habita las frías aguas del Atlántico Norte durante generaciones enteras. Su récord ha desconcertado a científicos y biólogos, pero también ha encendido la esperanza de encontrar fórmulas para retrasar el envejecimiento en humanos.
Hafrún, la almeja que desafió medio milenio
El ejemplar más famoso, bautizado como Hafrún, nació en 1499 y murió en 2006, alcanzando los 507 años. Su extraordinaria longevidad fue identificada por un grupo de científicos de la Universidad de Exeter, cuyos resultados fueron difundidos por New Scientist.
El proceso para determinar la edad de Hafrún fue tan preciso como sorprendente: los especialistas analizaron las líneas de crecimiento de su caparazón, análogas a los anillos de los árboles, hasta llegar a una cifra récord.
Paul Butler, experto en esclerocronología, lideró el análisis y confirmó la edad de la almeja tras una cuidadosa comparación con otros individuos de la especie. De acuerdo con Butler, es posible que haya otras almejas aún más longevas en las profundas y frías aguas islandesas, donde el desarrollo lento prolonga la vida de estos animales de manera insólita.

El papel clave de las mitocondrias en la longevidad extrema
¿Dónde reside el verdadero secreto de semejante longevidad? Todo apunta a la resistencia de las mitocondrias, los órganos responsables de generar energía en cada célula.
Estudios realizados por Enrique Rodriguez, investigador del University College London y citados por New Scientist, revelan que las mitocondrias de Arctica islandica poseen membranas mucho más resistentes que las observadas en especies emparentadas. Estas defensas, junto a una estructura proteica más compacta, hacen que la almeja islandesa sea significativamente menos vulnerable al daño provocado por los radicales libres.
Por si fuera poco, la almeja exhibe una capacidad antioxidante muy superior a la de moluscos similares. Según los datos de Rodriguez, neutraliza entre 3 y 14 veces más especies reactivas de oxígeno (ROS), compuestos responsables del estrés oxidativo y, por tanto, del paso del tiempo sobre los tejidos biológicos. Así, Arctica islandica cumple rigurosamente con la teoría del estrés oxidativo mitocondrial, que asocia la acumulación de daño celular con el proceso de envejecimiento en todos los seres vivos.

Adaptaciones a la vida en aguas frías y profundas
Las extraordinarias capacidades de la almeja islandesa no son producto del azar, sino el resultado de millones de años de evolución en condiciones extremas. Esta especie puede mantenerse herméticamente cerrada durante una semana, sin captar oxígeno a través de las branquias.
Esta adaptación le permite resistir largos periodos de anoxia y ha favorecido el desarrollo de mitocondrias preparadas tanto para resistir la escasez como para tolerar el repentino regreso del oxígeno, limitando de forma notable el daño oxidativo.
Como explica Rodriguez, un fenómeno similar ocurre en la rata topo desnuda, un roedor subterráneo notablemente longevo que enfrenta situaciones de bajo oxígeno en sus madrigueras.
Lecciones que la ciencia humana puede extraer del fondo del mar
Las investigaciones sobre la longevidad de la Arctica islandica ya han empezado a inspirar el desarrollo de nuevas terapias experimentales. En pruebas con ratones, fortalecer las defensas antioxidantes de las mitocondrias ha permitido prolongar la vida animal, aunque su traslado a la medicina humana aún es incipiente.

El estudio de poblaciones como los sherpas del Himalaya demuestra que la adaptación genética a condiciones adversas, como la altitud y la falta de oxígeno, también puede desempeñar un papel crucial. Los sherpas han desarrollado una notable eficiencia en el uso del oxígeno y una destacada protección frente al estrés oxidativo, una ventaja evolutiva similar a la observada en especies longevas como la almeja islandesa.
Un futuro en busca del envejecimiento saludable
Para los especialistas, la combinación entre genética, entorno y hábitos es esencial. Pierre Blier, investigador de la Universidad de Quebec, sostiene que el cuidado de las mitocondrias a través de la actividad física, una dieta equilibrada y la exposición a estímulos como las duchas frías puede activar mecanismos de protección celular.
Blier insiste en que Arctica islandica es un modelo único de longevidad por su extraordinaria capacidad de protección ante el estrés oxidativo.
El misterio de los quinientos años bajo el mar no solo intriga por su récord biológico. Desentrañar el secreto de la almeja islandesa orienta a los científicos hacia estrategias que podrían transformar la manera en que los humanos enfrentamos el proceso de envejecimiento. Las claves de una vida más larga y saludable, tal vez se esconden, silenciosas y resistentes, en el lecho marino.
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