
Un avance científico de la Universidad de Southampton ha esclarecido por qué el ojo humano percibe colores inexistentes.
Este fenómeno, vinculado a la adaptación de los fotorreceptores, permite distinguir matices en cualquier condición lumínica. La investigación desmonta la creencia de que los procesos cerebrales complejos eran responsables de las imágenes residuales de color, situando su origen en la retina.
Ilusiones cromáticas: el enigma de las imágenes residuales

Las imágenes residuales de color fascinan desde hace siglos a expertos y público general. Se manifiestan como la percepción de un color inexistente tras mirar fijamente otro real durante varios segundos. Luego, el cerebro interpreta esa señal como un “color fantasma”, que incluso puede proyectarse sobre imágenes en blanco y negro, generando efectos sorprendentes.
De acuerdo con el comunicado de prensa emitido por la Universidad de Southampton, este mecanismo es mucho más relevante que una simple ilusión: gracias a él, la percepción de los colores se mantiene constante, aunque la iluminación ambiental cambie. Sin este ajuste automático, los tonos de objetos familiares variarían radicalmente varias veces al día, dificultando la identificación visual.
Este fenómeno había inquietado a al mundo académico y científico, pues sugería lagunas en el entendimiento del sistema visual humano. La capacidad de distinguir colores sin importar si la luz es amarilla, azul o verde tenía que descansar sobre mecanismos sofisticados. Hasta ahora, la explicación predominante atribuyó el efecto a la interpretación cerebral.
Investigación experimental: descifrando la raíz del fenómeno

El grupo dirigido por Christoph Witzel, profesor asociado de Psicología, ideó experimentos decisivos para ubicar el origen exacto de las imágenes residuales. 50 voluntarios participaron en pruebas donde, luego de observar un color concreto, igualaron con precisión el tono ilusorio que percibían como residuo.
En trabajos complementarios, diez personas ajustaron 360 veces el color de imágenes residuales en dispositivos diseñados para el estudio.
Los resultados experimentales se cotejaron con modelos en computadora que simulaban minuciosamente las distintas fases del proceso visual: desde la acción directa en los fotorreceptores hasta rutas neurológicas que llegan al tálamo y la corteza visual. El cruce de resultados fue rotundo y clarificador.
Hipótesis históricas y nueva perspectiva científica

Existían tres principales teorías sobre el origen de las imágenes residuales: una vinculada a la respuesta de las células cono de la retina, otra a vías neuronales que crean colores opuestos, y una tercera que proponía mecanismos cerebrales desconocidos.
Sin embargo, los experimentos de Witzel y su equipo revelaron que estos residuos de color no corresponden a tonos opuestos, sino que reflejan de manera directa los cambios reales y temporales de los fotorreceptores.
En el comunicado de prensa emitido por la casa de altos estudios, Witzel aclaró: “Las imágenes residuales de color son un fenómeno clásico y antiguo, pero cuanto más hemos aprendido sobre él, más confusión ha generado entre expertos y en los libros de texto”. El estudio establece que el fenómeno se origina en la retina y no requiere la participación de circuitos cerebrales superiores.
La función de los conos: clave en la constancia perceptiva

Las células cono se encargan de captar la luz y regular la percepción cromática. Su capacidad de adaptación explica que los colores permanezcan estables ante variaciones lumínicas, un fenómeno descrito como constancia del color.
Este proceso resulta vital para identificar objetos y navegar en ambientes visualmente cambiantes sin perder la referencia cromática.
La investigación de la Universidad de Southampton, establece que la adaptación de los conos basta para justificar las imágenes residuales e impedir que la visión se desestabilice con cada cambio de luz. Así, el entendimiento del ojo como plataforma activa, equipada para estabilizar la experiencia cromática, suplanta la antigua visión que recargaba de responsabilidad al cerebro.
Implicancias y cierre del misterio visual

Este avance no solo zanja un debate científico prolongado, sino que amplía el horizonte para nuevas aplicaciones en óptica, tecnología visual y rehabilitación oftalmológica.
El hallazgo demuestra que la retina desempeña un papel más central y autónomo de lo considerado hasta ahora, proporcionando respuestas sólidas y verificadas sobre la naturaleza de las ilusiones cromáticas.
Ahora, la neurociencia visual dispone de una explicación integral sobre cómo se construye la percepción estable del color, consolidando la cooperación precisa entre la retina y el procesamiento cerebral. Comprender este proceso abre posibilidades para abordar otros enigmas de la percepción humana, eliminando la ambigüedad sobre la fuente de las imágenes residuales de color y situando un capítulo trascendental en la historia de la visión humana.
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