
Saltar, girar, caminar en línea recta con los ojos cerrados, mantener el equilibrio en un pie o manipular objetos pequeños con precisión, son habilidades que se modelan durante la niñez, alcanzan su esplendor en la juventud y experimentan un descenso a medida que avanza la edad adulta.
Estos datos se desprenden de una investigación realizada por la Universidad de Zúrich y el Hospital Infantil de Zúrich, que identificó el momento exacto en que el equilibrio y la motricidad llegan a su punto máximo y analiza cómo distintas funciones motoras evolucionan y decrecen a lo largo de toda la vida.
El desarrollo y el pico de las capacidades motoras
El estudio, publicado en Frontiers in Aging Neuroscience, evaluó a 1.620 personas de entre 6 y 80 años residentes en la región de Zúrich. Para ello se utilizó la Evaluación Neuromotora de Zúrich (ZNA), una prueba estandarizada que compara el rendimiento de todos los grupos de edad aplicando las mismas consignas, ajustando solo el número de repeticiones según la etapa de vida.
Esta metodología permite observar con objetividad la progresión y el declive de las habilidades motoras gruesas, asociadas a la fuerza y la coordinación corporal, y las habilidades finas, como la destreza manual.
Durante la infancia, los investigadores detectaron una aceleración del desarrollo motor, especialmente antes de los 10 años. El punto máximo de rendimiento en equilibrio, coordinación y fuerza se registra entre los 20 y 35 años. La investigación identificó una diferencia de tiempo entre sexos: el pico motor en hombres ocurre aproximadamente un año después que en mujeres.

“La ventaja de esta prueba es que todos los grupos de edad, desde escolares hasta adultos mayores, realizan los mismos ejercicios bajo idénticas condiciones. Así, los datos obtenidos permiten realizar comparaciones directas y sólidas”, explicó Tanja Kakebeeke, integrante del equipo del Hospital Infantil de Zúrich.
El envejecimiento afecta de forma desigual a las funciones motoras
Uno de los resultados centrales del trabajo es que el ritmo de declive varía según el tipo de habilidad. La fuerza muscular, la motricidad gruesa y el equilibrio comienzan a disminuir de manera más rápida después de los 35 años. En cambio, las habilidades motoras finas, como la manipulación precisa de objetos y la agilidad de los dedos, se mantienen estables durante más tiempo, exhibiendo solo una baja moderada en la vejez.
El estudio también halló diferencias vinculadas al sexo. Las mujeres mostraron mayor destreza en motricidad fina y equilibrio, mientras que los hombres obtuvieron mejores resultados en fuerza y motricidad gruesa. Además, el índice de masa corporal (IMC) impacta en el rendimiento: valores elevados de IMC se asocian con menor equilibrio y un rendimiento inferior en habilidades gruesas, aunque no afectan de forma significativa las habilidades finas.

Estos datos suministrados por la Universidad de Zúrich resaltan la importancia de considerar el sexo y la condición física global al analizar el desempeño motor en distintas etapas de la vida.
Curvas de referencia y aplicaciones clínicas
Como parte de la investigación, el equipo desarrolló curvas percentiles que sirven como referencia para comparar el rendimiento individual en función de la edad y el sexo, aplicadas a cuatro áreas clave de la evaluación neuromotora.
El profesor Oskar Jenni, especialista en pediatría del desarrollo de la Universidad de Zúrich, explicó: “Esto nos permite identificar desviaciones relevantes o un descenso temprano del rendimiento, especialmente en los extremos de la vida, e iniciar medidas terapéuticas cuando corresponde”.

La investigación destaca que el mantenimiento de la autonomía y la calidad de vida en la vejez está fuertemente relacionado con el fortalecimiento de la musculatura y el trabajo sobre el equilibrio. El equipo apunta que la actividad física regular y la incorporación de rutinas de ejercicio adecuadas a cada etapa de la vida tienen impacto en la preservación de las capacidades motoras y la independencia funcional.
Las conclusiones del trabajo publicado por Frontiers in Aging Neuroscience ofrecen un marco para evaluar con mayor precisión la evolución de la motricidad humana. Detectar cambios sutiles o alteraciones permite intervenir a tiempo y adaptar las estrategias de prevención, tratamiento y rehabilitación, contribuyendo así a un envejecimiento activo y saludable.
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