
Un estudio reciente realizado por la Universidad de Emory ha revelado que leer novelas puede generar cambios en la conectividad cerebral que persisten durante varios días después de la lectura.
Según informó la institución, estos hallazgos, publicados en la revista Brain Connectivity, sugieren que las historias dejan huellas biológicas en el cerebro, lo que podría explicar cómo los relatos moldean las vidas y contribuyen a definir a los individuos.
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El equipo de investigación, liderado por el neurocientífico Gregory Berns, director del Centro de Neuropolítica de Emory, se propuso analizar cómo las narrativas afectan al cerebro humano.
Berns explicó en el estudio publicado por la revista que el objetivo era comprender cómo las historias se integran en el cerebro y qué efectos producen. Junto a él, participaron Kristina Blaine, Brandon Pye y Michael Prietula, este último profesor en la Escuela de Negocios Goizueta de la misma universidad.
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A diferencia de investigaciones previas que se centraron en los procesos cognitivos durante la lectura de relatos breves, este estudio exploró los efectos neuronales persistentes tras leer una novela completa.
Para ello, se seleccionó a 21 estudiantes universitarios que participaron en un experimento de 19 días consecutivos. Los participantes leyeron la novela Pompeya, un thriller de Robert Harris basado en la erupción del Monte Vesubio en la antigua Italia.
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Según Berns, el libro fue elegido por su trama envolvente y su capacidad para mantener el interés del lector, lo que era crucial para el estudio.
Durante los primeros cinco días, los participantes se sometieron a escáneres de resonancia magnética funcional (fMRI) en estado de reposo para establecer una línea base de actividad cerebral.
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Posteriormente, se les asignaron nueve secciones de la novela, de aproximadamente 30 páginas cada una, que debían leer por las noches.
Al día siguiente, tras completar un cuestionario para verificar la lectura, se les realizó un nuevo escáner cerebral en estado de reposo. Una vez finalizada la novela, los participantes continuaron asistiendo durante cinco días más para realizar escáneres adicionales.
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Los resultados mostraron un aumento en la conectividad de la corteza temporal izquierda, una región del cerebro asociada con la receptividad al lenguaje, en las mañanas posteriores a la lectura.
Este efecto, denominado por los investigadores como “actividad sombra”, se asemeja a la memoria muscular, ya que persiste incluso cuando no se está realizando la actividad que lo originó.
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Además, se observó una mayor conectividad en el surco central, la región sensoriomotora primaria del cerebro, vinculada con la representación de sensaciones corporales. Este fenómeno, conocido como cognición fundamentada, implica que imaginar acciones, como correr, puede activar las mismas neuronas que se emplearían al realizar físicamente esa acción.
Berns destacó a la revista, que estos cambios neuronales sugieren que leer una novela puede “transportar” al lector al cuerpo del protagonista, no solo en un sentido figurado, sino también biológico.
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Aunque los efectos detectados persistieron hasta cinco días después de completar la novela, el investigador señaló que aún queda por determinar cuánto tiempo podrían durar estos cambios en el cerebro. Según Berns, es posible que las novelas favoritas de las personas tengan un impacto más profundo y duradero en la biología cerebral.
Por otro lado, un estudio realizado por el Instituto de Educación Geográfica de la Universidad de Colonia exploró el impacto de las narrativas personales en el aprendizaje en comparación con los textos informativos.
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La investigación, publicada en el European Journal of Investigation in Health Psychology and Education, analizó cómo los relatos auténticos y personales pueden mejorar la comprensión, la memoria y la motivación de los estudiantes en lecciones de geografía.

Los resultados indicaron que las narrativas personales son más efectivas que los textos informativos para transmitir temas de manera diferenciada y fomentar la empatía y el cambio de perspectiva.
Sin embargo, no se encontraron diferencias significativas en la capacidad de los estudiantes para recordar la información a largo plazo.
El estudio, que se llevó a cabo con estudiantes de secundaria en Alemania, utilizó como tema la migración interna en Egipto. Los participantes trabajaron con narrativas personales y textos informativos sobre las razones y consecuencias de la migración hacia El Cairo.
Los estudiantes que leyeron narrativas personales mostraron una comprensión más profunda y menos conceptos erróneos en sus respuestas, lo que sugiere que este tipo de textos facilita una percepción más rica y matizada de los temas tratados.

Por otro lado, un artículo publicado en la Harvard Business Review respaldó la idea de que la lectura de ficción literaria puede desarrollar habilidades como la empatía, el pensamiento crítico y la capacidad de comprender las perspectivas de otros.
Estas habilidades, altamente valoradas en el ámbito laboral, podrían ser fomentadas a través de la incorporación de narrativas en entornos educativos y profesionales.
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