El sueño espacial argentino se renueva con una nueva competencia de satélites auspiciada por la NASA y en donde 10 estudiantes de nuestro país nos representarán.
Dos de ellos, los estudiantes Emanual Albornoz y Thomas Marthi de la carrera de Ingeniería electrónica del Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA) estuvieron en Infobae en Vivo donde contaron cómo se preparan para el desafío que comenzará en pocos días.
Los jóvenes fueron seleccionados como finalistas de la CanSat Competition 2025, una de las competencias internacionales más exigentes para futuros ingenieros aeroespaciales.
En diálogo con los periodistas Gonzalo Sánchez, Carolina Amoroso, Federico Mayol y Cecilia Boufflet los estudiantes contaron que el desafío, organizado por la American Astronautical Society (AAS) y respaldado por organismos como la NASA, Lockheed Martin y Siemens, convoca cada año a decenas de universidades de todo el mundo para diseñar, ensamblar y lanzar un satélite funcional del tamaño de una lata de gaseosa.

La cita será en Virginia, Estados Unidos, entre el 6 y el 9 de junio. Allí, el equipo argentino presentará un satélite en miniatura, construido a lo largo de varios meses, que será lanzado a 700 metros de altura para cumplir una misión completa: medir datos ambientales, registrar video desde el aire y transmitir la información en tiempo real.
“Acá trajimos uno de los prototipos que estamos construyendo para las pruebas. En pocos días vamos a traer el satélite completo. Pero la verdad que teníamos que hacer una entrega a último momento. Y el real está en este mismo momento en el taller”, contó Albornoz y detalló que el aparato medirá con sus sensores a medida que cae al suelo a cierta velocidad, para cumplir con varios requerimientos de la competencia.

Y detallaron que el ITBA es el único representante argentino y sudamericano entre los 40 equipos clasificados a la final, de los cuales solo la mitad proviene de fuera de Estados Unidos.
“La competencia lo que busca es hacer una simulación de lo que es un proyecto real aeroespacial que se trabaja en la industria, por eso se divide en varias etapas. Se trabaja realmente una etapa de prediseño donde tenés que ir seleccionando tres diseños principales. Luego otra etapa donde tenés que entregar un diseño más crítico y finalmente queda el modelo final”, precisó Marthi.
“Una vez que está a 700 metros, se abre y unas aspas comienzan a girar a 18 kilómetros por hora en caída. Va girando como un helicóptero. Nosotros lo que usamos es una antena direccional que tenemos que ir apuntando a donde va a estar el satélite y ahí empieza la toma de datos. Adentro del satélite va a tener un montón de componentes que permitirán eso”, agregó.

La experiencia no forma parte del programa obligatorio de ninguna materia. Comenzó en enero como una iniciativa voluntaria y colaborativa, que fue creciendo en escala y exigencia. Quienes compiten este año fueron seleccionados por sus propios compañeros del equipo anterior, que en 2024 alcanzó el quinto puesto global, solo detrás de universidades de Estados Unidos y Polonia. Con esa referencia a cuestas, y el antecedente de haber clasificado a la final en tres ediciones anteriores (2021, 2022 y 2024), el grupo encaró el nuevo proyecto con metas ambiciosas.
Marthi detalló que el equipo está integrado por estudiantes de distintas carreras: ingeniería mecánica, electrónica, informática, industrial y bioingeniería. Se dividen en subgrupos según su área de formación, y cada uno asume responsabilidades específicas. Hay un equipo que diseña la estructura física del satélite, otro que desarrolla el hardware interno, uno más dedicado al software y un último subgrupo encargado de las operaciones logísticas.
Según contó Albornoz, el primer filtro de la competencia fue una entrega técnica, en la que el prototipo debía demostrar capacidad para cumplir los requerimientos funcionales establecidos por la organización. El equipo del ITBA superó esa etapa con un 99% de cumplimiento técnico, resultado que los posicionó entre los cinco mejores del mundo en esa fase. Ese desempeño les aseguró el pase a la final, donde deberán poner a prueba el dispositivo en condiciones reales de vuelo.

El lanzamiento tendrá lugar en una zona habilitada para pruebas educativas, alejada de fuentes de interferencia. Una vez desplegado, el equipo en tierra debe operar una estación receptora para monitorear el comportamiento del dispositivo y comprobar que todos los sistemas funcionen como fueron diseñados. La performance general será evaluada por especialistas del jurado, que otorgan puntaje tanto por el desempeño técnico como por la solidez del informe y la presentación del equipo.
La competencia, que cumple más de dos décadas, busca replicar de manera simplificada el ciclo de una misión aeroespacial: concepción del proyecto, diseño técnico, construcción, lanzamiento y análisis de resultados. Para estudiantes de ingeniería, representa una oportunidad única de aplicar sus conocimientos en un entorno realista. Y para universidades, una vidriera internacional que permite mostrar el nivel de formación de sus alumnos.
Desde su creación, CanSat busca estimular vocaciones científicas y promover el aprendizaje práctico en ingeniería aeroespacial. A diferencia de otras competencias académicas, no se limita a una disciplina. Requiere conocimientos de física, matemática, programación, electrónica, diseño mecánico y gestión de proyectos.
Esa multidisciplinariedad fue clave para el armado del equipo del ITBA, que combina estudiantes de diferentes carreras en un mismo objetivo.
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• De 9 a 12: Gonzalo Sánchez, Carolina Amoroso, Ramón Indart y Cecilia Boufflet.
• De 18 a 21: Jesica Bossi, Diego Iglesias, María Eugenia Duffard y Federico Mayol.
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