
La acromatopsia es un trastorno visual poco común que afecta la percepción del color, reduciendo la visión a tonos blanco, negro y gris.
Esta condición es congénita y no progresivo, lo que significa que se presenta desde el nacimiento y no empeora con el tiempo. Las personas que lo padecen tienen una disfunción en los conos, los fotorreceptores responsables de la percepción del color.
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En lugar de experimentar el mundo en un espectro completo de colores, los afectados por la acromatopsia solo perciben variaciones de luz en tonos grises.
Según Cleveland Clinic, el origen de la acromatopsia es genético, y se transmite a través de un patrón autosómico recesivo.
Esto implica que una persona debe heredar dos copias defectuosas de un gen relacionado con los conos de la retina (una de cada padre) para desarrollar la enfermedad.
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Los genes implicados en la acromatopsia incluyen CNGA3, CNGB3, PDE6C, PDE6H, GNAT2 y otros, y las mutaciones en estos genes alteran el funcionamiento de los conos, lo que impide la percepción del color.
La acromatopsia tiene dos formas principales: completa e incompleta. En el primer caso, los individuos no pueden percibir ningún color, experimentando una visión que se limita a blanco, negro y gris.
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Por otro lado, la acromatopsia incompleta implica una percepción del color muy reducida, con una visión que tiende a ser más difusa y menos nítida.
Además de la pérdida de la percepción del color, las personas con acromatopsia experimentan una visión reducida y son muy sensibles a la luz (fotofobia), lo que les dificulta realizar actividades cotidianas en ambientes con iluminación brillante.
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El diagnóstico de la acromatopsia generalmente se realiza mediante un examen oftalmológico completo, que incluye pruebas de percepción del color y evaluación de la agudeza visual.
Además, la confirmación del diagnóstico se realiza a través de un análisis genético molecular, que puede identificar las mutaciones responsables del mal funcionamiento de los conos. Es esencial el diagnóstico temprano para poder ofrecer un tratamiento adecuado, aunque no existe una cura definitiva para la acromatopsia.
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El uso de lentes especiales con filtros que bloquean la luz intensa es uno de los tratamientos más comunes y de esta manera pueden volver a ver algunos colores.
Estos filtros permiten a los pacientes reducir la fotofobia y hacer más tolerable la luz brillante.
En cuanto a los avances recientes en la terapia genética, un estudio liderado por la médica Ayelet McKyton y publicado en la revista Current Biology, en 2022, exploró el uso de terapia génica de aumento monocular en pacientes con acromatopsia causada por mutaciones en el gen CNGA3.
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Este estudio se centró en la restauración de la función de los conos a través de un tratamiento experimental en el que se utilizó un vector viral para introducir una copia sana del gen defectuoso en la retina.
A pesar de que los pacientes no reportaron un cambio drástico en su visión del color, se observó una mejora en la percepción de colores específicos, como el rojo, especialmente en condiciones de contraste adecuado.
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A través de pruebas personalizadas, los investigadores descubrieron que los pacientes fueron capaces de detectar estímulos de colores, aunque de una manera limitada en comparación con los individuos con visión normal.
Este tratamiento aún enfrenta obstáculos, ya que la capacidad para discriminar colores en el espectro visual sigue siendo una habilidad no restaurada completamente.

Un aspecto relevante que señala la Asociación Estadounidense de Optometría es que la acromatopsia es una deficiencia total de color, lo que la diferencia de otros trastornos relacionados con el color como el daltonismo.
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Aunque puede parecer una alteración visual similar al daltonismo, la acromatopsia implica una pérdida más severa de la visión en general, además de una sensibilidad exacerbada a la luz, lo que no ocurre en el caso del daltonismo.
A diferencia de la pérdida de la percepción de ciertos colores en el daltonismo, las personas con acromatopsia ven el mundo en escala de grises, sin posibilidad de percibir la gama de colores completa.
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