
La leishmaniasis visceral (LV) es una enfermedad producida por un parásito microscópico llamado Leishmania chagasi, que se encuentra principalmente en zonas tropicales y subtropicales. Es una enfermedad crónica, sistémica que afecta tanto a perros como a humanos, principalmente a niños menores de cinco años. Según la Organización Panamericana de la Salud cada año se registran, en promedio, 3.500 casos con una tasa de letalidad del 7%.
La infección se produce a través de la picadura de un insecto volador llamado flebótomo que actúa como transportador del parásito Leishmania. Estos insectos se desarrollan en la materia orgánica y requiere de un ambiente oscuro, húmedo y fresco para reproducirse. Durante el atardecer y por las noches es cuando suelen picar tanto a humanos como los animales.
En las zonas urbanas, el perro es quien hospeda a este parásito, en cambio, en los principales reservorios selváticos son los zorros y los marsupiales.
El período de incubación se da entre los 10 días y 24 meses, sin embargo, la mayoría de las veces es de dos semanas a dos meses. La infección se caracteriza por un amplio espectro clínico, que puede variar desde manifestaciones clínicas leves, hasta moderadas y graves.

Los síntomas clásicos de la LV son la fiebre, que puede ser constante o irregular, aumento de bazo, del hígado, palidez causada por anemia grave y pérdida de peso de forma lenta y progresiva. Otros signos y síntomas secundarios incluyen trastornos respiratorios o gastrointestinales, como vómitos y diarrea, En los casos graves hay desnutrición y edema en los miembros inferiores. Cabe destacar que si no se proporciona a tiempo el tratamiento adecuado puede ocasionar la muerte.
Los perros pueden albergar al parásito durante toda su vida. Entre los síntomas más comunes que experimentan ellos se encuentran las lesiones en la piel, el pelaje opaco, un crecimiento desmedido de las uñas, el adelgazamiento, fiebre irregular, agrandamiento del hígado y bazo, una inflamación generalizada de ganglios y anemia.
El diagnóstico se realiza mediante pruebas inmunológicas y parasitológicas. Con respecto al tratamiento, existen varios medicamentos para tratar la enfermedad. Sin embargo, la elección del mismo debe considerar las condiciones clínicas y de laboratorio de los pacientes, la presencia de coinfecciones y el embarazo. Hasta el momento no existe vacuna o medicamentos para prevenir la infección pero sí se pueden tomar medidas preventivas.
Las medidas recomendadas para la protección en humanos consisten en reducir el contacto con los vectores, en particular evitar las actividades al aire libre desde el atardecer hasta el amanecer; el uso de mosquiteros; el uso de ropas protectoras y de repelentes de insectos. Las personas con manifestaciones clínicas de la enfermedad deben ser tratadas lo más precozmente posible.

Con respecto a las mascotas, el director de la Unidad de Negocios de Animales de Compañía de MSD Salud Animal en Región Sur, Walter Comas, proporcionó algunas recomendaciones para cuidarlos de esta enfermedad, como utilizar pipetas con efecto repelente e insecticida, collares y evitar que los perros estén al aire libre durante la noche.
Por otro lado, la higiene de los espacios y fumigar, tanto interior como exterior, es fundamental. Mantener limpios patios y jardines, eliminar la materia orgánica, como las hojas, juntar la materia fecal de animales y los residuos. También se sugiere colocar telas mosquiteras de malla fina en puertas y ventanas y en caniles. Las personas siempre deben use repelente.
La enfermedad se ha detectado en 13 países de la región entre los que se encuentran Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Paraguay, Uruguay y Venezuela. En nuestro país se halló en las provincias de Misiones, Corrientes, Formosa, Santiago del Estero y Entre Ríos.
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