De las arritmias a la fibrilación auricular: el impacto del alcohol en el corazón, según la evidencia científica

El electrofisiólogo Mohamed Kanj, de la Cleveland Clinic, explicó que la cantidad y la frecuencia de ingesta determinan la gravedad del daño cardíaco. Qué tener en cuenta

Copa de cristal con vino tinto y un corazón humano en su interior, cruzada por una línea roja de electrocardiograma.
La Asociación Estadounidense del Corazón señaló que el consumo elevado de alcohol aumenta el riesgo de sufrir arritmias cardíacas (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Una copa al terminar el día o una cerveza durante una salida suelen formar parte de hábitos que rara vez se vinculan con el ritmo del corazón. Sin embargo, el alcohol también puede entrar en esa conversación cuando aparecen las arritmias, alteraciones en la forma en que late el corazón.

La pregunta sobre si una copa diaria puede convivir con una vida saludable no tiene una respuesta única. Una declaración científica de la Asociación Estadounidense del Corazón ubica el punto de mayor preocupación en el consumo elevado y en los episodios de ingesta intensa.

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La fibrilación auricular es una de esas arritmias. Según explicó Mohamed Kanj, electrofisiólogo cardíaco de Cleveland Clinic, el alcohol puede favorecer la aparición o el empeoramiento de estos ritmos irregulares.

Exceso de alcohol
Los investigadores mantienen la incertidumbre sobre el efecto del consumo de una o dos bebidas diarias en la fibrilación auricula (Imagen Ilustrativa Infobae)

La declaración científica publicada en Circulation señala que todavía hay incertidumbre sobre el efecto de una o dos bebidas diarias en su aparición, mientras que un consumo más alto de alcohol se relaciona con resultados adversos de manera más clara.

Los estudios disponibles no prueban que una bebida diaria proteja de las arritmias

Buena parte de las investigaciones observacionales revisadas por la declaración analizan vínculos entre hábitos y problemas de salud, pero no pueden demostrar por sí solas que un hábito sea la causa directa de una enfermedad.

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Los estudios observacionales no demuestran una relación de causa directa entre el consumo moderado de alcohol y la salud cardiovascular (Imagen Ilustrativa Infobae)
Los estudios observacionales no demuestran una relación de causa directa entre el consumo moderado de alcohol y la salud cardiovascular (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los resultados también pueden verse influidos por factores como la edad, la alimentación, el tabaquismo, la actividad física y enfermedades previas. Por eso, separar el efecto del alcohol de esas variables resulta difícil.

Esta limitación es central en el debate sobre el consumo bajo. El documento indica que los datos son contradictorios sobre si una bebida diaria modifica el riesgo de fibrilación auricular. Por ese motivo, no presenta el alcohol como una conducta que deba iniciarse para obtener beneficios cardiovasculares.

La falta de una conclusión definitiva no equivale a afirmar que no exista riesgo ni a formular una recomendación general.

La declaración plantea que se necesitan más ensayos aleatorizados, estudios que comparan grupos en condiciones definidas, para conocer mejor los efectos de los consumos bajos o moderados.

Vaso de vidrio con líquido ámbar junto a una placa de Petri y un portaobjetos con etiqueta sobre una mesa de laboratorio.
La falta de evidencia concluyente impulsa la necesidad de realizar más ensayos aleatorizados sobre los efectos del alcohol en el ritmo cardíaco (Imagen Ilustrativa Infobae)

En la fibrilación auricular, esta diferencia entre tipos de estudios es relevante. El documento no afirma que una cantidad reducida de alcohol tenga el mismo efecto en todas las personas ni que pueda aplicarse una regla única a todos los casos.

Los antecedentes de arritmias, los tratamientos y la forma en que se consume alcohol integran el contexto clínico que se debe considerar en cada situación.

El consumo alto y concentrado en pocas horas concentra las advertencias

La declaración identifica un contraste más claro cuando aumenta la cantidad de alcohol.

El consumo elevado, definido en la revisión como un promedio de tres o más bebidas al día, y la ingesta intensa se vinculan de manera consistente con resultados desfavorables en las enfermedades cardiovasculares evaluadas.

Primer plano de una copa de vino tinto, un vaso de cerveza con espuma y un vaso de licor ámbar, todos sobre una mesa de madera oscura, resaltados por un foco de luz cálida.
El consumo promedio de tres o más bebidas al día se relaciona de manera constante con episodios desfavorables de fibrilación auricular (Imagen Ilustrativa Infobae)

En el caso de la fibrilación auricular, el documento reúne investigaciones que relacionan un mayor consumo de alcohol con más episodios de ritmo cardíaco irregular.

También indica que las personas que no beben parecen tener menos riesgo que quienes mantienen el consumo, aunque el alcance de esa observación depende de los estudios analizados.

El consumo intenso merece una consideración aparte. No se trata solo de la cantidad acumulada durante una semana o un mes, sino de beber mucho alcohol en pocas horas.

Este patrón puede desencadenar el síndrome del corazón festivo, una arritmia breve que aparece después de una ingesta elevada en poco tiempo.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
La ingesta concentrada de alcohol en un período breve puede desencadenar el síndrome del corazón festivo (Imagen Ilustrativa Infobae)

El ritmo cardíaco puede volver a la normalidad en algunos días. Sin embargo, la continuidad de un consumo elevado se asocia con daño cardíaco y con nuevos episodios de fibrilación auricular.

Un ensayo clínico siguió a personas con fibrilación auricular durante seis meses

La declaración también incluyó un ensayo realizado en Australia con 140 adultos que ya tenían fibrilación auricular y consumían al menos diez bebidas por semana. Durante seis meses, un grupo recibió la indicación de no beber alcohol y el otro mantuvo sus hábitos habituales.

En el grupo que debía evitar el alcohol, el promedio semanal bajó de 16,8 bebidas a 2,1. Entre quienes continuaron con sus hábitos, el promedio pasó de 16,4 a 13,2 bebidas por semana.

La diferencia muestra una reducción marcada del consumo en el primer grupo, aunque no todas las personas llegaron a un consumo nulo durante el seguimiento.

Persona sentada con expresión de dolor, agarrándose el pecho. Una silueta de corazón rojo brillante y una línea de ECG se superponen en su tórax.
Los especialistas enfatizan la importancia de considerar la cantidad y la frecuencia de la ingesta de alcohol durante la consulta médica (Imagen Ilustrativa Infobae)

Luego de un período inicial de dos semanas, la fibrilación auricular reapareció en 37 de 70 personas, el 53%, en el grupo que evitó el alcohol. En el grupo de comparación, reapareció en 51 de 70 personas, el 73%.

El estudio también registró menos tiempo con fibrilación auricular entre quienes recibieron la indicación de no beber. Esa medición expresa la proporción de tiempo durante la cual una persona mantiene un ritmo cardíaco irregular.

Los resultados corresponden a un grupo específico: adultos con fibrilación auricular sintomática y un consumo habitual de al menos diez bebidas semanales.

No permiten trasladar sus conclusiones de manera automática a personas sin arritmias, a quienes consumen menos alcohol ni a todas las situaciones clínicas.

Brazo con brazalete de tensiómetro y monitor digital que muestra lecturas de presión arterial. Gráfico superpuesto de corazón, aorta y onda de ECG.
Un tensiómetro digital mide la presión arterial del brazo de una persona, mientras una ilustración del sistema cardiovascular y una onda de electrocardiograma destacan la importancia de la salud cardíaca. (Imagen Ilustrativa Infobae)

En conjunto, la declaración sitúa el alcohol dentro de una evaluación que considera cantidad, frecuencia y forma de consumo.

La relación con resultados adversos es más consistente en los patrones de ingesta elevados o intensivos. Para quienes tienen fibrilación auricular, el ensayo ofrece un dato concreto para incluir el consumo de alcohol en la consulta sobre el control de los episodios.

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