Por qué la primavera puede alterar el descanso y reducir la concentración durante los días con más luz

Los cambios de horarios, iluminación vespertina, pantallas y nuevas rutinas influyen sobre el reloj interno, mientras especialistas explican señales que ayudan a entender una fatiga inesperada al despertar cada mañana

Un hombre en pijama yace en una cama mientras la luz del sol entra por la ventana, junto a un despertador sobre la mesa de noche.
La primavera puede coincidir con cansancio, dificultades para dormir, congestión nasal y menor capacidad de atención (Imagen Ilustrativa Infobae)
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La llegada de la primavera suele asociarse con más luz, actividades al aire libre y una sensación de renovación. Sin embargo, el cambio de estación también puede coincidir con cansancio, dificultades para conciliar el sueño, congestión nasal o menor capacidad de atención. La experiencia no es igual para todas las personas y puede responder a varios factores que se superponen.

Los días se alargan, las temperaturas nocturnas empiezan a subir y el polen se vuelve más presente en el ambiente. A la vez, pueden cambiar las cenas, las salidas y el tiempo de exposición a pantallas. Esa acumulación de ajustes ayuda a entender por qué una estación vinculada con mayor actividad puede acompañarse de una sensación de fatiga.

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La primavera puede alterar el descanso y favorecer el cansancio cuando coinciden cambios de luz, temperatura, rutina y alergias estacionales, de acuerdo con Sleep Foundation. La publicación especializada explica que los ritmos circadianos responden a los ciclos de luz y oscuridad, y que un horario regular de sueño contribuye a mantener ese sistema alineado con el entorno.

La luz nocturna puede retrasar la producción de melatonina

Infografía con una mujer en un jardín, cuatro recuadros explicativos con iconos sobre la fatiga y el logotipo de Infobae en la base.
Los cambios en la luz, la temperatura, las rutinas y las alergias estacionales pueden alterar el descanso durante la primavera (Imagen Ilustrativa Infobae)

La cantidad y el momento de la exposición a la luz son señales centrales para el reloj biológico. Harvard Health señala que este sistema organiza ciclos de cerca de 24 horas que intervienen en el sueño, el estado de ánimo y otras funciones cotidianas. Cuando la luz aparece más tarde durante la tarde o la noche, puede desplazar el momento en que el organismo se prepara para dormir.

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La institución estadounidense indica que la luz nocturna puede retrasar la producción de melatonina, la hormona vinculada con el inicio del sueño. Incluso una iluminación tenue puede afectar el ritmo circadiano, mientras que la luz azul de pantallas tiene una capacidad mayor para suprimir esa secreción.

En la práctica, la llegada de tardes más largas puede coincidir con cenas posteriores, actividades sociales hasta más tarde o un uso extendido de dispositivos electrónicos. Según Harvard Health, la exposición a luz brillante en las dos o tres horas previas a dormir puede interferir con el descanso. La falta de sueño puede traducirse en fatiga y menor concentración durante el día, una consecuencia que vuelve más visible el desajuste.

Sleep Foundation recomienda sostener horarios similares para acostarse y levantarse, incluidos los fines de semana, como una medida que ayuda a la regularidad del descanso. También explica que la luz natural durante el día cumple una función en la sincronización del reloj interno, mientras que la luz intensa cerca de la hora de dormir puede inhibir la melatonina.

Una mujer acostada bajo las cobijas en una habitación oscura sostiene una tableta digital con la pantalla encendida.
Los ritmos circadianos responden a los ciclos de luz y oscuridad, y un horario regular de sueño ayuda a mantenerlos alineados (Imagen Ilustrativa Infobae)

El calor del dormitorio puede aumentar los despertares nocturnos

Las noches más templadas introducen otra variable. La psicóloga del sueño Michelle Drerup, de Cleveland Clinic, explicó que el cuerpo disminuye su temperatura interna como parte del proceso que facilita el inicio del descanso. Cuando el dormitorio está demasiado caluroso o húmedo, esa condición puede dificultar tanto conciliar el sueño como mantenerlo.

Cleveland Clinic señala que una habitación incómodamente cálida o fría aumenta la probabilidad de despertarse. La entidad cita investigaciones que asocian el exceso de calor o frío con más vigilia y menos sueño de movimientos oculares rápidos, una fase que suele identificarse como sueño REM.

La recomendación general recogida por la institución para los adultos ubica la temperatura del dormitorio entre 15 y 19 ℃, equivalentes a 60 y 67 ℉. Drerup aclara que ese intervalo puede contribuir a la estabilidad del sueño REM. La temperatura adecuada puede variar, pero el dato ilustra por qué el aumento del calor nocturno puede sentirse en la calidad del descanso.

El efecto no siempre se expresa como un insomnio evidente. Los despertares breves pueden pasar inadvertidos y, aun así, dejar una sensación de descanso insuficiente por la mañana. El calor puede dificultar que el cuerpo mantenga las etapas restauradoras del sueño, según la explicación de Cleveland Clinic. Por eso, la ventilación y el control de la temperatura acumulada en el dormitorio forman parte de sus sugerencias para favorecer el descanso.

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