Cara de cortisol: qué es y cuándo es una señal de alarma

El organismo produce naturalmente picos de esta hormona durante el día, pero la persistencia de manifestaciones como debilidad muscular o cambios en la piel puede requerir una evaluación médica inmediata

Ilustración en acuarela de una mujer que se toca la frente junto a un ordenador portátil, un teléfono móvil y una libreta en una mesa.
El hipercortisolismo aparece cuando los tejidos permanecen expuestos a un exceso sostenido de cortisol. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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El cortisol participa en funciones esenciales, desde la regulación de la glucosa y presión arterial hasta la respuesta inflamatoria. Sin embargo, la exposición prolongada a niveles excesivos puede requerir una evaluación médica, ya que puede corresponder a un trastorno hormonal que no puede confirmarse a partir de síntomas aislados.

En ese sentido, la manifestación que se replica en redes sociales evidencia la creciente preocupación en torno a este tema: la cara de cortisol.

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Este cambio en el rostro ocurre porque el cortisol elevado activa la enzima lipoproteína lipasa en el tejido graso de la cara y el tronco, lo que favorece la acumulación de grasa en esas zonas mientras reduce la grasa de brazos y piernas.

Según explica Mayo Clinic, estas zonas tienen más receptores de cortisol que otras partes del cuerpo, lo que lo hace especialmente sensible a esta hormona cuando permanece elevada durante semanas o meses. A esto se suma la retención de sodio y líquidos, que añade hinchazón sobre la redistribución de grasa ya existente.

Exceso sostenido de cortisol se asocia al síndrome de Cushing

Infografía con una figura del cuerpo humano y seis recuadros ilustrados con texto sobre el hipercortisolismo.
El cortisol participa en la regulación de la glucosa, la presión arterial y la respuesta inflamatoria. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El síndrome de Cushing, también llamado hipercortisolismo, aparece cuando los tejidos del cuerpo están expuestos durante mucho tiempo a una cantidad excesiva de cortisol.

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El Instituto Nacional de Diabetes y Enfermedades Digestivas y Renales de Estados Unidos (NIDDK) estima que la forma endógena, en la que el propio organismo produce cortisol de más, afecta aproximadamente a entre 40 y 70 personas por cada millón.

El cortisol suele ser conocido como la “hormona del estrés”, pero esa definición es incompleta. Las glándulas suprarrenales lo producen y el organismo lo utiliza para mantener la presión arterial. Regular la glucemia, reducir la inflamación y transformar los alimentos en energía, según el NIDDK. Sus niveles también cambian a lo largo del día: alcanzan un pico al despertar y descienden durante la noche.

El problema clínico no es una elevación puntual ante una situación exigente, una enfermedad aguda o una noche sin descanso. La preocupación aparece cuando hay una producción o exposición excesiva persistente, acompañada por signos progresivos.

Una mujer sentada a un escritorio se toca los ojos frente a un monitor que muestra una videollamada.
La acumulación de grasa en el tronco puede acompañar al síndrome de Cushing. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La Endocrine Society advierte que varios de esos signos —como obesidad, hipertensión, diabetes, depresión o alteraciones menstruales— son frecuentes en la población general y, por ello, no bastan por sí solos para establecer un diagnóstico.

Los signos que ameritan una consulta combinan cambios físicos y metabólicos

La manifestación varía entre personas. El NIDDK señala que, cuando el exceso de cortisol es alto y sostenido, pueden aparecer cambios corporales, cutáneos, musculares y emocionales. Entre los hallazgos descritos se encuentran:

  • Aumento de peso con acumulación de grasa en el tronco, cara redondeada, mayor volumen en la base del cuello o una almohadilla grasa entre los hombros. Mientras los brazos y las piernas pueden verse más delgados
  • Piel fina, moretones fáciles y estrías anchas de color púrpura, en especial en abdomen, mamas, caderas y axilas
Hombre con barba, camisa celeste y pantalones oscuros, brazos y piernas cruzados, sentado frente a una mujer que anota en una consulta moderna.
La debilidad muscular y los cambios cutáneos pueden avanzar de manera gradual. (Imagen Ilustrativa Infobae)
  • Debilidad muscular, presión arterial elevada, glucosa alta, cansancio y alteraciones del ánimo, que pueden incluir irritabilidad, ansiedad o depresión.
  • En mujeres, crecimiento excesivo de vello y menstruaciones irregulares o ausentes; en hombres, disminución de la fertilidad, del deseo sexual o disfunción eréctil.
  • En niños, obesidad junto con un crecimiento más lento que el esperado para su edad.

La NHS del Reino Unido añade que los síntomas suelen instalarse de manera gradual. La combinación de debilidad muscular, cambios típicos en la piel y aumento de grasa central ofrece más elementos para que el equipo médico decida si hace falta estudiar el caso.

Sin tratamiento, el trastorno se vincula con hipertensión, diabetes tipo 2, pérdida de masa ósea, coágulos, infecciones y mayor riesgo cardiovascular.

Estres cortisol cara de cortisol
El diagnóstico requiere pruebas específicas y no se confirma mediante un análisis aislado. Freepik

Los corticoides recetados son la causa más frecuente

El uso prolongado de glucocorticoides en dosis altas es la causa más común del síndrome de Cushing. Estos fármacos, similares al cortisol, se prescriben para enfermedades como asma, artritis reumatoide o lupus, y también pueden indicarse después de un trasplante, advierte la NHS. La revisión de la medicación, incluidas las inyecciones con corticoides, forma parte de la primera evaluación médica.

Cuando no hay exposición a esos medicamentos, el exceso puede originarse dentro del organismo. Los adenomas hipofisarios que producen demasiada hormona adrenocorticotropa (ACTH) estimulan a las suprarrenales para que fabriquen cortisol.

También existen tumores suprarrenales y, con menor frecuencia, tumores situados fuera de la hipófisis que producen ACTH. La causa determina el tratamiento y por eso es necesario identificarla con precisión.

Una mujer sentada frente a una computadora portátil sostiene su rostro con las manos mientras una gráfica ilumina su cerebro y cuello.
La suspensión de los tratamientos con esteroides necesita supervisión profesional. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El diagnóstico no se resuelve con un análisis aislado

Ante sospecha clínica, la Endocrine Society recomienda descartar primero el uso de glucocorticoides. Luego se puede recurrir a pruebas con buena precisión diagnóstica, como cortisol libre en orina recolectada durante 24 horas, cortisol salival nocturno o una prueba de supresión con dexametasona. Ninguna prueba única confirma todos los casos, por lo que los resultados anormales requieren confirmación y valoración especializada.

Después de comprobar el exceso de cortisol, se mide la ACTH y se solicitan estudios complementarios para localizar su origen. El tratamiento puede incluir la reducción gradual de corticoides. Siempre bajo indicación profesional, cirugía para retirar un tumor, medicamentos que reduzcan la producción de cortisol o radioterapia en situaciones seleccionadas.

La NHS recomienda no suspender por cuenta propia un tratamiento con esteroides: la modificación de la dosis debe ser supervisada por el profesional que lo prescribió.

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