Cómo cambia el regreso al trabajo después de la licencia por maternidad y qué desafíos aparecen

Datos sobre ausentismo y productividad muestran cómo las tareas de cuidado alteraron rutinas, disponibilidad y condiciones de continuidad en el empleo

Una mujer sentada frente a una computadora portátil y un bebé dentro de una cuna junto a un oso de peluche.
El podcast Rattled abordó el regreso al trabajo después de la licencia por maternidad como un problema laboral y emocional atravesado por las tareas de cuidado (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Volver al trabajo después de la licencia por maternidad no implica únicamente retomar horarios, reuniones y responsabilidades. Para muchas madres, supone reorganizar por completo la rutina, convivir con nuevas demandas de cuidado y afrontar un impacto emocional que también puede trasladarse al desempeño laboral.

Ese fue el eje de una conversación en el podcast Rattled, donde Becky Kennedy entrevistó a Lauren Smith Brody, quien reunió testimonios y encuestas de más de 700 madres trabajadoras para analizar cómo cambia esa etapa de regreso.

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Los datos citados durante el episodio muestran la magnitud del problema. Según cifras de Care.com, el 76% de los trabajadores afirmó que las tareas de cuidado incidían en su estrés, mientras que el 54% señaló un impacto significativo en su desempeño. Además, el 46% había faltado alguna vez por este motivo y el 41% reportó una caída en la productividad.

Mujer sentada en un sofá, pensativa, con burbujas alrededor mostrando palabras como tareas, colegio y trabajo.
La conversación entre Becky Kennedy y Lauren Smith Brody se apoyó en datos de Care.com y en entrevistas y encuestas a más de 700 madres trabajadoras (Imagen Ilustrativa Infobae)

A partir de ese marco, Brody planteó que la vuelta al trabajo no solo implicaba culpa o desgaste, sino también una revisión de prioridades y de las condiciones necesarias para sostener la vida laboral.

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Un regreso atravesado por el desajuste

Brody recordó su primer día de regreso al trabajo tras el nacimiento de su hijo y dijo que en su libro había llamado a ese momento “el segundo corte del cordón”.

“No había angustia sobre si iba a volver o no. Realmente tenía que hacerlo”, explicó. Al respecto, destacó que era el principal sostén económico del hogar mientras su marido estaba en formación médica.

En su recuerdo, el trayecto de regreso condensó buena parte de ese impacto. “Recuerdo lo pesado que se sintió cada escalón”, dijo sobre la vuelta a la oficina, y contrapuso esa sensación con lo que encontró al llegar: “Aire acondicionado, nadie en mi cuerpo, agua, la posibilidad de ir al baño...”.

Una madre joven sentada en una cama de hospital, con expresión de ansiedad, sostiene a su bebé recién nacido envuelto en una manta gris.
Las cifras citadas en el podcast indicaron que el cuidado afectó el estrés, el desempeño, el ausentismo y la productividad en el empleo (Imagen Ilustrativa Infobae)

Kennedy retomó esa escena para plantear el contraste entre la vida con un bebé, marcada por demandas inmediatas, y un espacio laboral con mensajes, proyectos y cambios de prioridad. En ese cruce, la conversación presentó el regreso al trabajo como un pasaje entre dos lógicas distintas.

La vuelta al empleo como reorganización de prioridades

Brody planteó que ese regreso también podía funcionar como una instancia de revisión del trabajo. A partir del material que reunió para su libro, sostuvo que el cambio no consistía solo en rechazar tareas, sino en elegir con más precisión en qué valía la pena involucrarse.

Con esa idea, resumió una de sus conclusiones en la fórmula “mejores para decir mejores síes”. También describió ese proceso con otra pregunta: “¿En qué estoy entregando de más?”.

Mujer con bebé en brazos sentada frente a una laptop con el logo de EsSalud en la pantalla, documentos apilados en escritorio.
Lauren Smith Brody describió el regreso al trabajo tras la maternidad como un pasaje entre las demandas del bebé y las prioridades de la oficina (Imagen Ilustrativa Infobae)

En vez de presentar la maternidad como una merma automática en la capacidad de trabajo, propuso leerla como una etapa que obligaba a discriminar mejor qué tareas aceptar y cuáles dejar de lado.

Brody planteó que el cuidado de un recién nacido también puede modificar la manera de administrar la atención. Según explicó, la necesidad de alternar constantemente entre demandas distintas favorece un pasaje más rápido de una tarea a otra. “Ya no necesitás tanto reajuste entre una tarea y otra”, resumió.

Y añadió que esa práctica ayudaba además a “no tomarlo como algo personal” cuando una tarea perdía prioridad frente a otra necesidad.

Vista superior de una mujer sentada en un escritorio blanco con libros abiertos, una computadora y juguetes de bebé, sus manos cubren su frente.
La autora planteó que la vuelta al empleo después de la licencia por maternidad puede impulsar una reorganización de prioridades y una selección más precisa de tareas (Imagen Ilustrativa Infobae)

La culpa como nombre insuficiente

Brody afirmó que “la culpa materna en particular es una construcción social sexista y clasista”, y aclaró: “No buscaba decir que, si una madre dice que se siente culpable, está haciendo algo mal”. Su planteo apuntó a cuestionar el uso de una sola palabra para experiencias distintas.

Entre las experiencias que describió, Brody mencionó una contradicción frecuente: la tristeza de dejar al bebé al cuidado de otra persona puede convivir con el alivio de volver a un entorno adulto. Una de las madres entrevistadas lo resumió así: “En realidad amo estar en la oficina. Amo tener conversaciones con adultos”.

A partir de esos testimonios, la autora propuso no reducir esas sensaciones a una sola etiqueta, sino observar qué las provoca en cada caso y cómo pueden coexistir emociones distintas sin que una invalide a la otra.

Mujer dividida: a la izquierda en traje de oficina frente a computadora, a la derecha en casa con ropa casual y canasta de ropa sucia.
Brody sostuvo que la maternidad no implica una merma automática en el trabajo y afirmó que el cuidado puede entrenar una administración distinta de la atención (Imagen Ilustrativa Infobae)

Kennedy coincidió con esa lectura: “Puedo sentir alivio por volver al trabajo y puedo amar muchísimo a mi bebé”. Y agregó: “Puedo disfrutar las conversaciones con adultos y puedo estar muy agradecida de tener un bebé en casa”.

Lo que puede pedirse y lo que puede ordenarse

En la parte más práctica de la conversación, Brody habló de condiciones laborales que podían facilitar la vuelta. Mencionó los programas de reincorporación progresiva, que permitían regresar con horario reducido y salario completo durante un período.

También nombró arreglos más acotados, como distribuir días de licencia para acortar las primeras semanas o entrar más tarde para ordenar la lactancia de la mañana.

Mujer con camisa azul y pelo castaño, con expresión de angustia, habla por teléfono mientras teclea en un ordenador. Un niño pequeño llora desenfocado en la ventana trasera.
La charla cuestionó la culpa materna como explicación única del regreso al trabajo y la definió como una construcción social sexista y clasista (Imagen Ilustrativa Infobae)

La autora sostuvo que pedir ese tipo de condiciones no debía leerse como una falla individual. En la misma línea, llevó la discusión a la organización cotidiana y propuso reducir la fatiga de decisión con esquemas repetidos para comidas, ropa o retiros del espacio de cuidado. “Todo lo que requiera tomar decisiones, tratá de pensar si una decisión puede convertirse en un sistema”, resumió.

Brody también vinculó esa experiencia con una disposición más amplia a pedir cambios y a nombrar problemas compartidos. Kennedy retomó esa idea y señaló que identificar ciertas dinámicas permitía dejar de leerlas como fracasos personales.

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