Por qué en septiembre puede caerse más el pelo y cuándo hay que preocuparse

Cada año, al llegar el otoño, los consultorios dermatológicos reciben más pacientes por pérdida capilar: la ciencia explica qué ocurre en el folículo durante el verano

Un cepillo de pelo negro con cerdas de punta blanca y mechones de cabello marrón entrelazados entre las cerdas en primer plano.
Los especialistas explican que la caída del cabello en septiembre puede comenzar semanas antes, cuando más folículos entran en fase de reposo (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Muchas personas notan en septiembre que el cepillo recoge más pelo que de costumbre, que la ducha deja más hebras de lo normal o que la almohada muestra señales que antes no aparecían.

La explicación no está en el mes en sí, sino en un proceso biológico que arranca en pleno verano: cuando una mayor cantidad de folículos entra en fase de reposo, el desprendimiento visible llega recién uno o dos meses después. Lo que se nota en septiembre empezó en julio, y distinguir ese fenómeno de una pérdida patológica es lo que determina si hay o no que actuar.

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Por qué el verano activa la caída que se ve en otoño

El cabello no crece de forma continua ni pareja durante todo el año. Atraviesa tres etapas: crecimiento activo (fase anágena), transición breve (fase catágena) y reposo. Esta última, la fase telógena, es el período en que el folículo deja de producir pelo, permanece quieto dentro del cuero cabelludo y luego lo suelta de forma natural. Cuando más folículos ingresan a esa fase durante el verano, el desprendimiento se intensifica al inicio del otoño.

Ese patrón tiene respaldo científico. Un estudio publicado en el British Journal of Dermatology analizó búsquedas sobre pérdida capilar en ocho países durante doce años y encontró un patrón anual repetido: el interés —y la consulta clínica— aumenta en verano y otoño, y cae en primavera e invierno.

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Mujer de 35 años, de pelo oscuro y expresión preocupada, se mira en el espejo sosteniendo un cepillo redondo con cabello y un mechón en su mano izquierda.
La fase telógena del ciclo capilar retrasa la caída visible del pelo porque el desprendimiento aparece uno o dos meses después del cambio biológico (Imagen Ilustrativa Infobae)

En 2025, una investigación publicada en el International Journal of Dermatology extendió el análisis al hemisferio sur. El equipo liderado por Eric McMullen y Jeffrey Donovan examinó búsquedas de siete países, entre ellos Australia, Nueva Zelanda y Sudáfrica (entre 2004 y 2020), y encontró picos estacionales claros en marzo, abril y mayo, los meses de otoño en esa región. Las búsquedas en otoño triplicaron las del período de primavera, un resultado consistente con los datos del hemisferio norte.

Cuándo la caída es normal y cuándo hay que consultar

El punto de quiebre entre lo esperable y lo preocupante tiene parámetros concretos. La American Academy of Dermatology establece que perder entre 50 y 100 cabellos por día forma parte del ciclo normal. Una caída estacional implica superar ese umbral de forma transitoria, sin pérdida de densidad localizada ni zonas sin pelo.

Cleveland Clinic describe el telogen effluvium —o efluvio telógeno, el nombre clínico para la caída difusa asociada a un pico de folículos en reposo— como un proceso temporal que, en la mayoría de los casos, se resuelve sin tratamiento en un plazo de 3 a 6 meses. En su forma estacional, el desencadenante es el propio ciclo biológico; en su forma clínica, intervienen factores como fiebre alta, parto, cirugía, estrés severo o cambios bruscos en la dieta. El abordaje clínico difiere en cada caso.

La pérdida que merece consulta tiene características específicas: se prolonga más de tres meses sin ceder, genera zonas de calvicie definidas o parches sin pelo, produce un adelgazamiento visible de la coleta o un ensanchamiento de la raya, se acompaña de síntomas físicos como picazón, ardor en el cuero cabelludo, cansancio o cambios de peso. En esos casos, la causa puede ser una alopecia androgénica u otra condición subyacente que requiere diagnóstico específico.

Cómo prevenirlo y revertirlo

Persona con suéter marrón de espalda frente a un espejo en un baño. Su reflejo muestra la mano en la cabeza, examinando el cabello oscuro.
Un estudio del British Journal of Dermatology detectó más búsquedas sobre hair loss en verano y otoño que en primavera en ocho países (Imagen Ilustrativa Infobae)

Hay factores que pueden reducir la intensidad de la caída estacional o acelerar la recuperación.

El primero es nutricional. Una revisión publicada en Skin Appendage Disorders en 2026 analizó 29 estudios y encontró niveles significativamente más bajos de ferritina —la proteína que almacena hierro en el organismo— y vitamina D en pacientes con efluvio telógeno respecto de controles sanos. La deficiencia de ambos nutrientes se asocia con mayor duración e intensidad de la pérdida. Corregir esos déficits con alimentación o suplementación bajo supervisión médica forma parte del abordaje recomendado.

El segundo es el manejo del estrés. La activación sostenida del eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal —el sistema hormonal que coordina la respuesta fisiológica al estrés— altera el ciclo folicular. Reducir su impacto a través del descanso adecuado y la gestión activa de la carga de trabajo forma parte de las estrategias con mayor respaldo clínico para casos de caída vinculada a factores emocionales.

En cuanto al cuidado directo del cabello, lavar el cuero cabelludo con frecuencia —y no evitarlo por miedo a perder más pelo— ayuda a eliminar los cabellos que ya estaban sueltos y a mantener el entorno folicular libre de acumulación sebácea. El calor excesivo de secadores y planchas y los peinados con tracción prolongada agregan estrés mecánico al folículo en un período en que ya está en reposo.

Para quienes experimentan pérdida estacional cada año en las mismas fechas, el ajuste de rutinas de cuidado y la corrección de déficits nutricionales bajo supervisión médica pueden iniciarse semanas antes del pico, idealmente durante julio o agosto.

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