
La ciencia sigue compilando respuestas sobre la influencia del estilo de vida en la salud integral. Una investigación reciente de la University College London (UCL) ofrece datos sobre cómo la actividad física diaria puede marcar diferencias en la prevención del cáncer.
El estudio, publicado en la revista BMC Medicine, analizó durante ocho años los hábitos de más de 59.000 adultos del Reino Unido y halló que añadir 15 minutos de movimiento al día se asocia con una reducción del 2% en el riesgo de cáncer.
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El equipo de la UCL empleó relojes inteligentes para medir, con precisión, la actividad de 59.218 participantes, cuya edad media era de 61 años y el 55% mujeres. Los investigadores observaron a lo largo del tiempo cuántos de ellos desarrollaron algún tipo de cáncer. Durante el seguimiento, se registraron 2.385 diagnósticos de tumores.
Intensidad y tipos de actividad: claves en la protección
El estudio indagó en la intensidad de las actividades diarias y sus posibles beneficios. Tres minutos adicionales de actividad vigorosa, como correr por el autobús, subir escaleras con prisa, practicar deportes o cargar bolsas pesadas, se relacionaron con un menor riesgo de cáncer.
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Los resultados señalaron que quienes reemplazaron parte de su tiempo de sedentarismo o sueño por movimiento presentaron menos casos de cáncer. Las personas que sustituyeron 30 minutos de actividad física por conductas sedentarias incrementaron su riesgo en un 8%.
Si ese tiempo pasó a ser sueño, el riesgo subió un 7%. De acuerdo con el doctor John Mitchell, responsable del trabajo, el análisis se centró tanto en las posturas (dormir, estar sentado, de pie y en movimiento) como en la intensidad de la actividad (ligera, moderada y vigorosa).
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La relación observada fue clara: más movimiento equivale a menos riesgo de cáncer, más tiempo sentado implica mayor riesgo. El promedio de la muestra reflejó que reemplazar 15 minutos de sueño o sedentarismo por tiempo en movimiento se asoció con una baja del 2% en el riesgo de cáncer.
Estar de pie también mostró un efecto positivo, aunque más leve: se necesitaron 30 minutos extra de pie para obtener un beneficio similar.
Entre los tipos de tumores analizados se incluyeron trece con evidencia previa de vínculo con el sedentarismo: vejiga, colon, endometrio, cardias gástrico, cabeza y cuello, riñón, hígado, mama, pulmón, recto, mieloma, adenocarcinoma de esófago y leucemia mieloide.
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La composición de un día típico en la muestra mostró que las personas dormían unas 7 horas y 40 minutos, permanecían sentadas unas 11 horas, estaban de pie 4 horas y dedicaban cerca de 51 minutos a moverse. Quienes finalmente resultaron diagnosticados con cáncer pasaban más tiempo sentados y menos en movimiento y de pie al inicio de la investigación.
El análisis de la intensidad arrojó que los participantes pasaban más de cinco horas en actividad ligera, poco menos de media hora en actividad moderada y apenas tres minutos en actividad vigorosa cada día.
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Las diferencias resultaron notorias: quienes desarrollaron cáncer acumulaban menos tiempo en actividades de mayor exigencia y más en conductas sedentarias.
John Mitchell remarcó que los resultados no se refieren solamente al ejercicio formal, sino también a actividades cotidianas que eleven la frecuencia cardíaca. “Nuestro estudio mostró un mayor riesgo de cáncer entre quienes pasan mucho tiempo sentados”, explicó el investigador.
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Además, advirtió que la reducción de la actividad física, incluso en personas ya activas, puede aumentar el riesgo de cáncer.
Recomendaciones y contexto internacional

Las recomendaciones actuales del Servicio Nacional de Salud del Reino Unido (NHS) indican que los adultos deberían realizar al menos 150 minutos semanales de actividad moderada, como caminar rápido o andar en bicicleta, o bien 75 minutos de actividad vigorosa, como trotar, practicar deportes o ciclismo rápido.
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También sugieren incluir ejercicios de fuerza varios días a la semana, para trabajar los principales grupos musculares.
El estudio de la UCL ajustó los resultados considerando variables como edad, sexo, nivel educativo, tabaquismo, consumo de alcohol, dieta, antecedentes familiares y enfermedades previas.
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Se excluyeron los casos de personas que ya habían tenido cáncer antes del inicio del seguimiento. El periodo de observación abarcó 464.640 personas-año.
Otro dato relevante es que, al eliminar los diagnósticos ocurridos en los primeros dos años de seguimiento, la relación entre actividad vigorosa y menor riesgo de cáncer perdió solidez estadística, aunque la tendencia general se mantuvo.

Este dato sugiere que los efectos del movimiento sobre la reducción del riesgo pueden necesitar más tiempo para consolidarse.
Este trabajo impulsa una visión más flexible de la prevención, basada en lo que los especialistas llaman “pautas de movimiento de 24 horas”. Según John Mitchell, esto implica ofrecer un menú de opciones adaptables a distintos estilos de vida, para ayudar a reducir el riesgo de enfermedades como el cáncer.
El mensaje que surge de los datos de la University College London es que pequeños cambios en la rutina diaria pueden marcar una diferencia en la salud futura.
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