
La Organización Mundial de la Salud (OMS) define el dolor crónico en niños como aquel que se mantiene o reaparece durante más de tres meses. Esta condición se reconoce como un problema de salud pública y figura entre las principales causas de morbilidad infantil a nivel global.
La ausencia de tratamientos adecuados incide de manera directa en la calidad de vida. Según la primera Guía Mundial para el Manejo del Dolor Crónico en Niños y Adolescentes de la OMS, publicada en 2021, hasta uno de cada tres chicos experimentará este cuadro en algún momento de su infancia o adolescencia.
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Durante décadas predominó la idea de que el dolor en los niños era una consecuencia inevitable de ciertas enfermedades, cirugías o tratamientos médicos. El nuevo enfoque lo define como una condición compleja, con capacidad de alterar el desarrollo físico, emocional, cognitivo y social de quienes la padecen, además de afectar de manera profunda la calidad de vida de sus familias.
En paralelo con esta transformación comenzaron a desarrollarse programas específicos de medicina intervencionista del dolor pediátrico.

Entre esas herramientas figuran bloqueos nerviosos, radiofrecuencia, neuromodulación y otras técnicas avanzadas orientadas a pacientes cuyo dolor persiste pese a los tratamientos conservadores o cuya vida cotidiana quedó gravemente limitada. La propia OMS identifica a este campo como una de las áreas con mayor potencial de desarrollo dentro del tratamiento del dolor pediátrico, aunque todavía no lo incluye entre las recomendaciones centrales de su guía por la disponibilidad limitada de evidencia y de centros especializados.
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El Dr. Walter Theiller, jefe del Servicio de Tratamiento del Dolor y Cuidados Paliativos del Sanatorio Trinidad Ramos Mejía, explicó: “La medicina intervencionista no reemplaza los tratamientos convencionales; los complementa cuando estos ya no alcanzan. Nuestro objetivo no es únicamente disminuir el dolor, sino recuperar la funcionalidad, favorecer el desarrollo y permitir que el niño vuelva a realizar las actividades propias de su edad”.
En ese sentido, expertos del Sanatorio Trinidad Ramos Mejía crearon el primer Programa Integral de Medicina Intervencionista del Dolor en Pediatría del ámbito privado de la Argentina, una iniciativa que refleja un cambio de criterio ya instalado en centros internacionales.
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Técnicas focalizadas y equipos multidisciplinarios
La expansión de esta disciplina está asociada al aumento de la supervivencia de niños con enfermedades oncológicas, neurológicas y malformaciones congénitas. A eso se suma un mayor reconocimiento del dolor neuropático, del dolor persistente después de cirugías complejas y de otras patologías que antes quedaban subdiagnosticadas.
El cambio también responde a una búsqueda más amplia de la medicina actual: reducir el uso prolongado de opioides y de otros analgésicos cuando existen alternativas capaces de controlar el dolor de manera más localizada y con menos efectos adversos. Las recomendaciones internacionales, según el texto difundido por la institución, promueven estrategias multimodales, individualizadas y centradas en el paciente.
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Aunque estas terapias todavía no integran las recomendaciones centrales de la guía de la OMS por la disponibilidad limitada de evidencia y de centros especializados, el organismo las ubica entre los campos con mayor potencial de desarrollo.
El abordaje del dolor infantil requiere hoy equipos multidisciplinarios formados por anestesiólogos especializados en medicina del dolor, pediatras, neurólogos, oncólogos, traumatólogos, psicólogos, kinesiólogos, nutricionistas, especialistas en rehabilitación y cuidados paliativos.
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Desde el sanatorio señalaron: “Hoy sabemos que tratar el dolor es mucho más que aliviar un síntoma. Significa evitar que el niño deje de jugar, de aprender, de dormir bien o de relacionarse con su entorno. Tratar el dolor a tiempo también es proteger su desarrollo futuro”.

Evaluación clínica, apoyo psicológico y procedimientos
La respuesta central que propone el nuevo programa es un modelo integral para niños y adolescentes con dolor persistente que no responde de manera adecuada a terapias convencionales. El dispositivo no se limita a realizar intervenciones: incluye evaluación especializada de cada paciente, tratamiento clínico y conservador, apoyo psicológico y nutricional, rehabilitación antes y después de los procedimientos y, cuando corresponde, la incorporación de técnicas mínimamente invasivas dentro de un plan terapéutico individualizado y con seguimiento longitudinal.
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Ese desarrollo apunta a ampliar el acceso a tratamientos de alta complejidad para pacientes pediátricos con enfermedades oncológicas, neurológicas, traumatológicas, reumatológicas, dolor neuropático y otras patologías dolorosas. La iniciativa se inscribe en la misma evolución que esta especialidad viene mostrando en centros especializados del mundo.
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