
La Organización Panamericana de la Salud (OPS) advirtió que el fenómeno de El Niño en las Américas durante 2026 y 2027 puede generar crisis sanitarias en cadena, desde brotes de enfermedades infecciosas hasta interrupciones en la atención médica.
¿Las causas? Las sequías extremas, las lluvias torrenciales y las olas de calor actúan como factores ambientales que deterioran la salud humana y amplían desigualdades ya existentes, de acuerdo con el comunicado.
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Según la OPS, el nuevo Análisis de la Situación de Salud Pública ante el evento climático El Niño (2026-2027) identifica como áreas prioritarias a subregiones y países de las Américas que sufrirían los efectos proyectados de este evento meteorológico de gran escala. El documento insta a los países a reconfigurar sus planes de contingencia para colocar la mitigación del impacto sanitario en el centro de la respuesta institucional.
Uno de los datos más concretos del informe es la exposición de 756 hospitales de emergencia a inundaciones costeras vinculadas al aumento del nivel del mar. La entidad alerta sobre el riesgo de interrupción en las cadenas de suministro médico, un problema que afecta de manera directa a pacientes con enfermedades crónicas que dependen de tratamientos continuos.
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El estudio examina cómo los eventos climáticos extremos dañan de forma directa el bienestar físico y mental. En ese grupo incluye sequías, inundaciones y olas de calor, y describe su efecto sobre la población en toda la región.
Enfermedades infecciosas y estrés térmico
La publicación de la OPS ubica entre los riesgos “muy altos” a varias enfermedades transmisibles. Menciona el cólera y la leptospirosis, junto con infecciones transmitidas por vectores como la malaria, el dengue, el Zika y el chikungunya.
En las enfermedades no transmisibles, el documento pone el foco en el estrés térmico, al que define como la causa principal de las muertes relacionadas con el clima. También advierte un aumento de afecciones respiratorias asociado al humo de los incendios forestales.
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En salud mental, el informe prevé más casos de ansiedad, duelo y trastorno de estrés postraumático. Relaciona ese deterioro con la pérdida de medios de vida y con el desplazamiento de personas por los desastres.

La OPS dedica un apartado específico a los determinantes de la salud en grupos vulnerables. Para la salud materna y neonatal, señala riesgos para mujeres embarazadas y recién nacidos cuando faltan agua segura y servicios obstétricos de emergencia.
También vincula la desnutrición con la inseguridad alimentaria provocada por la pérdida de cultivos. Indica que la principal afectación recaerá sobre los niños menores de cinco años.
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Otro de los riesgos de salud pública que destaca el documento es el aumento de la violencia de género en contextos de hacinamiento en refugios y de estrés derivado de los desastres. Esa amenaza aparece incorporada dentro de la evaluación de impacto sobre poblaciones específicas.
La respuesta propuesta incluye vigilancia reforzada
El documento recomienda fortalecer la vigilancia para priorizar la detección temprana de enfermedades sensibles al clima. También pide reforzar la vigilancia nutricional en niños menores de cinco años y en mujeres embarazadas.

Entre las medidas sugeridas figura la integración de modelos meteorológicos con bases de datos de salud pública. El objetivo es identificar con anticipación brotes de enfermedades transmitidas por vectores.
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La respuesta directa que plantea la OPS es que los sistemas de salud deben prepararse antes de que los eventos extremos interrumpan servicios, propaguen enfermedades y profundicen daños sobre grupos vulnerables. Para eso, propone garantizar acceso a agua segura, sobre todo en zonas inundables o afectadas por sequía extrema, para prevenir brotes de cólera y leptospirosis.
Para mantener la continuidad de la atención, se sugieren mecanismos alternativos como telesalud y farmacias móviles. La meta es evitar que las personas con enfermedades crónicas suspendan sus tratamientos durante la emergencia climática.
En materia de protección, insta a establecer protocolos y espacios seguros para prevenir la violencia de género. En infraestructura, aconseja revisar los componentes no estructurales de los establecimientos de salud para que sigan operativos durante la emergencia.
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El análisis también subraya la necesidad de desplegar campañas de Comunicación de Riesgos y Participación Comunitaria en lenguas originarias. Esas acciones deben enfocarse en el manejo intradomiciliario de agua segura y en la detección temprana de signos clínicos de alarma.
Las directrices regionales citadas en el documento resumen el criterio de respuesta con una definición central: “La magnitud del impacto de El Niño no depende solo de la intensidad del fenómeno, sino de nuestra capacidad de preparación y respuesta coordinada”. El texto añade que las medidas de preparación deben comunicarse con claridad a las comunidades para fomentar comportamientos adaptativos.
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