
El uso de testosterona en mujeres menopáusicas se consolida como alternativa cuando otros tratamientos no logran aliviar síntomas como el bajo deseo sexual, la fatiga y la falta de energía. La tendencia, impulsada por testimonios de celebridades y pacientes, ha derivado en un debate sobre su eficacia, seguridad y acceso, según reportes de The Times.
Qué es la testosterona y por qué se emplea en la menopausia
La testosterona es una hormona que también producen los ovarios y las glándulas suprarrenales femeninas. Interviene en funciones como el deseo sexual, la fuerza muscular, la densidad ósea y la función cognitiva. Según The Times, el interés en este tratamiento creció por la demanda de soluciones para síntomas que no ceden con las terapias hormonales tradicionales.
Expertas consultadas por el medio explican que la testosterona solo se recomienda después de probar otras alternativas. El acceso a este fármaco está condicionado por regulaciones estrictas y la disponibilidad de preparados específicos para mujeres, que en muchos países son limitados.
Testimonios y visibilidad pública
La visibilidad de la testosterona en la conversación pública se relaciona con relatos de figuras reconocidas y experiencias de pacientes. Davina McCall, comunicadora, sostiene que “es más que solo deseo sexual” y la considera una “pieza clave” para quienes no mejoran con otras hormonas. Kate Winslet atribuye al fármaco la capacidad de “sentirse atractiva otra vez”, mientras que Halle Berry afirma que recuperó su energía.
De acuerdo con The Times, cientos de mujeres han reportado mejoras en la alerta, la capacidad de trabajo y el bienestar general. Sin embargo, el acceso al tratamiento suele implicar consultas múltiples y obstáculos administrativos para obtener una receta médica.
Acceso, evaluación médica y proceso de prescripción
El proceso de obtención de la testosterona exige una serie de pasos médicos. Expertas citadas por The Times detallan que el tratamiento debe iniciarse únicamente tras un análisis de sangre, con controles periódicos a los tres y seis meses, y luego cada semestre o año. Suele requerirse derivación a un especialista, ya que los médicos de cabecera no pueden prescribirlo sin consulta adicional.
En muchos países, la falta de preparados específicos para mujeres obliga a usar productos diseñados para hombres, fraccionando dosis. Esto puede resultar poco práctico y exige un monitoreo riguroso, según la doctora Elise Dallas. Además, la decisión de recetar corresponde a especialistas y, en ocasiones, puede requerir una segunda opinión.
Respaldo científico y efectos en la calidad de vida
Estudios publicados en The Lancet Diabetes & Endocrinology muestran que la terapia con testosterona incrementa la actividad y el deseo sexual en mujeres menopáusicas. De acuerdo con The Times, una investigación reciente en 510 mujeres reflejó que el 47% mejoró el ánimo y el 39% la función cognitiva tras cuatro meses de uso, aunque el estudio no contó con grupo de control. Investigaciones de la Universidad de Monash reportan avances en memoria y aprendizaje tras 26 semanas de tratamiento.

Según la doctora Dallas, la testosterona favorece la síntesis de proteínas musculares y mejora la sensibilidad a la insulina. No obstante, advierte que dosis elevadas pueden incrementar la grasa abdominal.
Asimismo, Dallas aclara que la hormona “no resolverá problemas de pareja o causas ajenas a la libido”, por lo que aconseja abordar otros factores, como el estrés o el dolor durante las relaciones sexuales.
Efectos secundarios y advertencias
El tratamiento con testosterona puede provocar efectos adversos. The Times menciona que los más habituales son el crecimiento de vello en zonas no habituales, cambios en el cabello, acné y, en algunos casos, alopecia de patrón masculino. Otras usuarias reportan irritabilidad, cambios en el ánimo o mayor agresividad, lo que lleva a suspender el tratamiento en una proporción significativa de pacientes.

La evidencia sobre los efectos en el sueño es limitada, aunque algunas mujeres mencionan una leve mejoría por el aumento de la libido o el ánimo. Las especialistas insisten en que la evaluación de riesgos y beneficios debe ser individualizada y que la terapia con testosterona no reemplaza hábitos saludables como el ejercicio ni ajustes en otras terapias hormonales.
La testosterona representa una alternativa para mujeres menopáusicas cuyos síntomas no responden a otras intervenciones. El acceso está condicionado por la regulación, la falta de preparados específicos y la necesidad de seguimiento médico. El impacto del tratamiento varía de acuerdo a cada paciente, y los especialistas subrayan la importancia de un abordaje personalizado y supervisado.
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