Así transforma el cerebro los olores en recuerdos y emociones en milisegundos

El reciente hallazgo explica que la información química captada por la nariz sigue rutas específicas en el sistema nervioso. Cómo este hallazgo facilita diagnósticos avanzados y nuevas aplicaciones tecnológicas

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La Universidad de Tokio identifica
La Universidad de Tokio identifica dos fases cerebrales en el procesamiento de los olores, revolucionando la neurociencia sensoria (Imagen Ilustrativa Infobae)

Un aroma puede transportar a una persona a la infancia, provocar alerta o relajar el ánimo. Durante siglos, la percepción olfativa se consideró un proceso misterioso y caótico, sin una secuencia definida. Ahora, un equipo de la Universidad de Tokio identificó dos fases distintas en el modo en que el cerebro procesa los olores, según informó el portal Muy Interesante.

Esta investigación ayuda a comprender con precisión cómo la información química que llega a la nariz se transforma en una sensación subjetiva.

El hallazgo establece que la ruta cerebral que sigue un aroma no solo es ordenada, sino que permite distinguir entre la identidad objetiva del olor y la valoración emocional que provoca. De acuerdo con el artículo publicado, el estudio representa un avance importante para la neurociencia sensorial y abre la puerta a nuevas estrategias clínicas.

Dos etapas en el procesamiento olfativo

La posibilidad de secuenciar la
La posibilidad de secuenciar la actividad cerebral durante la percepción olfativa impulsa avances en el diagnóstico clínico y tecnológico (Imagen Ilustrativa Infobae)

La investigación de la Universidad de Tokio muestra que el procesamiento de los olores ocurre en dos tiempos bien definidos. La primera etapa se activa a los 80 milisegundos de la inhalación, cuando el cerebro discrimina las características físicas del estímulo oloroso. Este proceso, que involucra la llamada “banda theta”, permite identificar la fuente y las propiedades básicas del olor, incluso entre estímulos similares. La precisión con que se desarrolla esta fase anticipa el nivel de agudeza olfativa de cada persona.

Casi tres cuartos de segundo después, se activa la segunda etapa. En ese momento, la “banda delta” toma el protagonismo y el cerebro evalúa la carga emocional del olor, es decir, si resulta placentero o desagradable. Esta separación temporal demuestra que la percepción olfativa no es simultánea ni caótica, sino que sigue un orden funcional.

Implicancias para la salud y la tecnología

El artículo subraya que los resultados del estudio pueden mejorar la comprensión y el tratamiento de trastornos olfativos. Al conocer con precisión en qué momento del proceso se produce una alteración, los especialistas podrán afinar los diagnósticos y diseñar terapias más efectivas. Esto representa un avance para quienes padecen pérdida parcial o total del sentido del olfato, una condición que afecta la calidad de vida y puede asociarse a enfermedades neurodegenerativas.

El estudio demuestra que el
El estudio demuestra que el cerebro distingue primero la identidad objetiva del olor y luego evalúa su carga emocional (Imagen Ilustrativa Infobae)

Además, la investigación abre nuevas posibilidades para el desarrollo de dispositivos tecnológicos capaces de detectar o interpretar olores. Los hallazgos ofrecen un marco para diseñar herramientas clínicas y sistemas artificiales que imiten el procesamiento olfativo humano. De este modo, la ciencia y la ingeniería podrán colaborar en la creación de nuevas soluciones para la evaluación y la rehabilitación sensorial.

El futuro del estudio olfativo

El artículo difundido resalta que la secuenciación de las etapas cerebrales implicadas en el olfato representa un paso clave para la neurociencia. La posibilidad de distinguir entre la identificación objetiva de un olor y la reacción emocional que provoca permitirá a los investigadores profundizar en otros aspectos de la percepción humana. Estas investigaciones podrían incidir en campos tan diversos como la gastronomía, la seguridad alimentaria o el diseño de fragancias.

La publicación enfatiza que la capacidad de medir la actividad cerebral en milisegundos ofrece una herramienta poderosa para explorar el modo en que los estímulos externos se transforman en experiencias subjetivas. El estudio de la Universidad de Tokio posiciona al olfato como un sentido complejo, con mecanismos de procesamiento tan sofisticados como los de la vista o el oído.

La comprensión detallada de estas etapas cerebrales redefine el concepto de percepción olfativa y promete nuevos enfoques clínicos y tecnológicos, mencionó el artículo de Muy Interesante. El avance científico que representa esta investigación permite mirar hacia un futuro donde las alteraciones del olfato podrán abordarse con mayor precisión y donde la tecnología podrá replicar, al menos en parte, la sensibilidad humana a los olores.