
La presbiacusia es una forma común de pérdida de audición relacionada con la edad que afecta a millones de adultos mayores a nivel mundial. Una investigación reciente reveló que este deterioro auditivo no solo dificulta escuchar, sino que también puede provocar cambios en el cerebro y en las capacidades cognitivas incluso antes de que se presenten síntomas.
Progresión silenciosa y consecuencias
Según la Mayo Clinic, la presbiacusia es el tipo más frecuente de pérdida auditiva en adultos mayores, afectando a más de la mitad de las personas mayores de 75 años. Esta condición suele avanzar de manera gradual, lo que dificulta el reconocimiento del habla, especialmente en ambientes con ruido.
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Además, esa progresión silenciosa puede pasar inadvertida, retrasando la consulta médica y el inicio de medidas preventivas.
Entre los primeros síntomas de la presbiacusia están la dificultad para entender conversaciones, la necesidad de aumentar el volumen de televisores o radios y la fatiga por el esfuerzo de escuchar. Muchas personas solo detectan el problema cuando ya afecta sus actividades cotidianas y relaciones sociales. En etapas avanzadas, el aislamiento social, la depresión y el riesgo de deterioro cognitivo se vuelven más probables.
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Las principales causas de la presbiacusia son el envejecimiento y la exposición continua a ruidos intensos. Los especialistas de Mayo Clinic señalaron que el daño en las células ciliadas, los vellos sensoriales del oído interno encargados de transformar las vibraciones en señales eléctricas para el cerebro, constituye la base fisiológica de la afección. También influyen la genética y enfermedades asociadas, lo que puede acelerar el daño auditivo.
Descubrimientos sobre la conexión con el cerebro
Investigadores de la Universidad de Tiangong y el Hospital Provincial de Shandong, en el estudio publicado en eNeuro, identificaron un biomarcador llamado Relación Funcional-Estructural como el vínculo neurobiológico entre la audición y el deterioro cerebral.
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El equipo liderado por Ning Li descubrió que regiones como el putamen y la circunvolución fusiforme, responsables del procesamiento del sonido y el habla, así como el precúneo y la circunvolución frontal medial superior, relacionadas con la memoria y la toma de decisiones, presentan menor conectividad en personas con presbiacusia.
“La presbiacusia implica una atrofia estructural y un deterioro funcional tanto en regiones auditivas como en áreas de funciones cognitivas superiores del cerebro”, resumió el equipo en eNeuro.
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La disminución en la Relación Funcional-Estructural se asocia con umbrales auditivos más altos y peores resultados en pruebas de memoria y función ejecutiva, incluso antes de los síntomas detectables de presbiacusia. El grupo encabezado por Ning Li adviertiób que estos cambios cerebrales pueden preceder al diagnóstico y abrir la posibilidad de anticipar el riesgo de demencia.
Preservar la salud auditiva puede proteger la integridad cerebral. Utilizar imágenes cerebrales para identificar estos patrones permitiría detectar y tratar de manera anticipada a quienes están en mayor riesgo.
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El diagnóstico de la presbiacusia se fundamenta en pruebas clínicas como la audiometría tonal y las pruebas de reconocimiento del habla, que recomendó Mayo Clinic. Estas evaluaciones miden la capacidad para escuchar diferentes sonidos y ayudan a distinguir el tipo de pérdida auditiva, facilitando un tratamiento adecuado.
Detectar el trastorno en sus primeras etapas es esencial para conservar la independencia y la calidad de vida, así como para prevenir un deterioro mayor de las funciones cognitivas.
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En cuanto a la prevención, la Dra. Gayla Poling de Mayo Clinic destacó la importancia del uso de protección auditiva en contextos ruidosos, consultar ante los primeros indicios de pérdida y mantener controles regulares de la salud auditiva. “La mayor parte de las pérdidas auditivas se pueden prevenir”, afirma la especialista. El uso correcto de audífonos o implantes cocleares y la promoción de entornos saludables para el oído figuran entre las estrategias sugeridas para las personas mayores.
Cuidar la audición puede favorecer la conservación de la función cerebral a largo plazo. Los avances científicos abren la puerta a nuevas intervenciones preventivas, ya que detectar cambios en la Relación Funcional-Estructural podría transformarse en una valiosa herramienta para que los profesionales de la salud identifiquen a quienes tienen un mayor riesgo de desarrollar demencia, mediante el análisis de escáneres cerebrales.
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