
La letalidad asociada al hantavirus en Argentina experimentó un aumento considerable en la temporada 2025, con una tasa del 33,6%: se registraron 28 muertes entre 86 casos confirmados, según el Ministerio de Salud de la Nación y el Boletín Epidemiológico Nacional. Esta cifra supera ampliamente los promedios históricos reportados en años previos.
El epicentro se ubica en la región Centro, que comprende Buenos Aires, Santa Fe y Entre Ríos. Allí, localidades como General Belgrano, Mar del Plata, San Andrés de Giles, Chacabuco y La Plata reportaron una cantidad de casos significativamente mayor en comparación con temporadas anteriores, según señaló la subsecretaria de Planificación Estratégica en Salud del Ministerio de Salud de la provincia de Buenos Aires, Leticia Ceriani.
Ante la consulta de Infobae el médico infectólogo Francisco Nacinovich consideró que el aumento de casos “puede deberse a la dinámica de los propios roedores, afectada por crisis climáticas, lluvias o deforestación, que modifican la distribución de los animales”. Además, para él, “la expansión humana hacia áreas donde habitan estos roedores aumenta la exposición”.
Características clínicas y factores de riesgo

El hantavirus es una zoonosis viral transmitida por la inhalación de aerosoles con partículas virales presentes en heces, orina o saliva de roedores silvestres.
La manifestación clínica más común es el síndrome cardiopulmonar, caracterizado por fiebre, síntomas digestivos, dificultad respiratoria e hipotensión, detallaron especialistas.
El segmento etario de 50 a 59 años mostró la tasa de letalidad más alta, con un 75% de mortalidad, de acuerdo con el Ministerio de Salud.

Consultados por Infobae, los infectólogos Roberto Debbag y Ricardo Teijeiro precisaron que el índice general suele oscilar entre 20% y 40%, aunque “la mayoría de las veces estuvo relacionado con el 40% en Argentina”, señaló Debbag.
En adultos mayores, personas con enfermedades pulmonares previas y niños pequeños, la letalidad puede alcanzar el 75%, añadió Teijeiro.
Sobre el brote actual, Teijeiro afirmó: “La letalidad registrada corresponde a lo previsto. El aumento de casos ubica la situación en un umbral de alerta, aunque todavía no representa un nivel de riesgo. Este fenómeno varía según la región: el incremento en la región Centro y en el Sur era esperable y responde a múltiples factores, entre ellos el movimiento epidemiológico, que suele presentar estas fluctuaciones”.
La gravedad del cuadro aumenta en relación con la edad avanzada, la presencia de comorbilidades, el embarazo y, especialmente, la demora en la consulta médica.
“Cuando los casos de hantavirus se complican es porque el paciente llega tarde a la consulta y el diagnóstico”, advirtió Ceriani.
Según explicó Teresa Strella, epidemióloga de la Sociedad Argentina de Infectología (SADI) en una nota a Infobae, se trata de “un gran problema de salud pública” por su baja frecuencia y alta letalidad.
Varias hipótesis explican el aumento de la letalidad

El aumento de la letalidad, de acuerdo con informes oficiales y especialistas, se relaciona en parte con la subnotificación de formas leves, lo que hace que los casos graves tengan mayor peso en las estadísticas y eleven la mortalidad aparente.
Según Nacinovich, “una de las causas que podrían explicar la alta letalidad es lo que se llama el sesgo de notificación; esto es, que solamente se registran los casos que consultan médicamente y otros más leves pueden pasar desapercibidos o no diagnosticados. Esa es una de las razones, el sesgo de notificación. Sería un tema estadístico”.
Asimismo, otro de los factores, en su mirada, está dado porque “el virus Andes, una de las variantes del hantavirus, tiene la característica de que se puede transmitir persona a persona y ha sido vinculado en general a mayor letalidad”.
“La letalidad también está relacionada con el acceso a los métodos de diagnóstico y a la sospecha clínica. Muchas veces, las formas graves requieren infraestructura de salud compleja, como el sistema ECMO (NdR: Oxigenación por Membrana Extracorpórea), que no está disponible en todos los centros en Argentina”, señaló Nacinovich.
Por último, consideró que “otra razón puede ser cuán enfermos estaban los pacientes previamente antes de adquirir la enfermedad. Personas con problemas respiratorios o cardíacos tienen menos capacidad de responder a una infección grave”, concluyó Nacinovich.
Prevención y recomendaciones oficiales

Actualmente, no existe vacuna ni tratamiento antiviral específico para el hantavirus en Argentina. El Ministerio de Salud recomienda evitar el contacto con roedores y sus excretas, ventilar ambientes cerrados durante al menos 30 minutos antes de limpiar, sellar accesos a viviendas, utilizar mascarilla N95 en zonas de riesgo y limpiar superficies con hipoclorito de sodio. La SADI subraya la necesidad de mantener la higiene en entornos rurales, controlar los roedores y protegerse al ingresar a espacios cerrados expuestos.
Ante fiebre u otros síntomas compatibles, y antecedentes de exposición, se aconseja concurrir rápidamente al sistema de salud y favorecer la hospitalización temprana ante la sospecha clínica. El refuerzo en la detección precoz y la respuesta sanitaria resultan esenciales para mejorar la sobrevida.
El período de mayor incidencia de la enfermedad se extiende de septiembre a abril, cuando aumenta la exposición en áreas rurales y silvestres. Según los expertos, la evolución del brote recuerda a episodios previos como el de Epuyén, ocurrido en la Patagonia y asociado a variantes de transmisión interhumana. Durante la temporada actual, la tipificación de los genotipos predominantes —como Buenos Aires y Lechiguanas— fue parcial, según el laboratorio de referencia ANLIS-Malbrán.
La vigilancia epidemiológica seguirá priorizada, dada la estacionalidad y los desafíos para el control del hantavirus en Argentina. Las autoridades sanitarias y expertos insisten en la importancia de la educación, la prevención y la consulta médica temprana para contener el impacto de la enfermedad.
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