
El Instituto de Salud Mental de Estados Unidos (NIMH en inglés), define a la psicosis como un conjunto de síntomas que afectan la mente y provocan una pérdida parcial del contacto con la realidad.
Durante un episodio, los pensamientos y las percepciones se alteran, lo que dificulta distinguir entre lo real y lo irreal, explicó la entidad. Diversos estudios estiman que entre quince y cien personas de cada 100.000 desarrollan psicosis cada año, de acuerdo a la entidad.
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Según el NIMH, las personas con psicosis suelen experimentar delirios —creencias falsas, como pensar que las personas en la televisión les envían mensajes especiales o que otros intentan perjudicarlas— y alucinaciones, es decir, ver u oír cosas que otros no perciben, como escuchar voces que les ordenan actuar o los critican. Otros síntomas incluyen hablar de forma incoherente o comportarse de manera inapropiada para la situación.
Una investigación reciente aporta una perspectiva diferente sobre los delirios psicóticos, al señalar que quienes los experimentan pueden estar atravesando emociones profundamente arraigadas.
El estudio, publicado en The Lancet Psychiatry y realizado por las universidades de Birmingham, Melbourne y York, en colaboración con el instituto australiano Orygen, representa la primera exploración conocida de cómo los delirios en la psicosis están moldeados por las emociones y el lenguaje, lo que lleva a las personas a “vivir en metáforas”.
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“Nuestra investigación proporciona una perspectiva radicalmente diferente sobre los delirios psicóticos, demostrando cómo surgen del tejido emocional, corporal y lingüístico de la vida de las personas,” afirmó la doctora Rosa Ritunnano, del Instituto de Salud Mental de la Universidad de Birmingham, psiquiatra consultora y autora del estudio.
Añadió que durante años los profesionales han enfrentado dificultades para comprender el origen y la formación de los delirios. “Nuestra investigación ofrece una nueva perspectiva al mostrar cómo los delirios se basan en experiencias emocionales que implican una gran perturbación física”, señaló Ritunnano.
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Entre el 2% y el 3% de la población del Reino Unido y Australia experimentará psicosis en algún momento de su vida, y es común que las personas experimenten su primer episodio psicótico entre los 16 y los 30 años, dijeron los autores.
Este trastorno parece ser el resultado de una combinación compleja de riesgos genéticos, diferencias en el desarrollo del cerebro y exposición a factores estresantes o traumáticos, según NIHM. “La psicosis puede ser un síntoma de una enfermedad mental, como la esquizofrenia, el trastorno bipolar o la depresión grave. Sin embargo, una persona puede tener psicosis y nunca haber sido diagnosticada con esquizofrenia o cualquier otro trastorno", detalló la entidad.
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Emociones fuertes y experiencias de disociación

La investigación se desarrolló con adultos jóvenes atendidos por servicios de Intervención Temprana en Psicosis y combinó evaluación clínica, entrevistas fenomenológicas y relatos de vida para analizar cómo el sentido de sí mismos y la percepción de la realidad cambian durante la psicosis.
Los hallazgos del estudio indicaron que los delirios no son ideas aisladas generadas por “fallos en el cerebro”, sino que reflejan patrones corporales distintivos que responden a emociones intensas o a experiencias de disociación.
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“Los participantes del estudio describieron estados alternos de intensa encarnación emocional, como sentirse expuesto, poderoso o conectado con Dios, y desencarnación, como sentirse irreal o separado de uno mismo, de otras personas y del mundo", explicaron en un comunicado de la Universidad de Birmingham.
Antes del inicio de los delirios, las personas atravesaban experiencias perturbadoras o traumáticas que provocaban los mismos sentimientos intensos que luego aparecían durante los delirios, especialmente la vergüenza.
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“Experiencias negativas repetidas, como ser objeto de burlas y humillación pública por parte de acosadores, podrían inducir la percepción corporal de ser vigilado por otros cuando no hay nadie presente (delirios de referencia). Estos se convierten en creencias persecutorias de que otros los persiguen y de que un público puede ver literalmente lo que hacen o escuchar lo que piensan en todo momento, sin dejar espacio para la privacidad (delirios de “transmisión del pensamiento”)“, explicaron en el comunicado.
No todos los episodios delirantes fueron negativos. Algunos participantes del estudio experimentaron fuertes sensaciones de asombro, amor y conexión espiritual, lo que fortalecía su identidad y renovaba la esperanza en el futuro.
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Lenguaje y comunicación
Una característica destacada de los relatos de los participantes fue el uso de lenguaje figurativo y metonímico, es decir, expresiones que vinculan sensaciones corporales con emociones complejas o ideas abstractas. Esto ayuda a explicar por qué el contenido delirante puede parecer inusual o extraño.

Jeannette Littlemore, profesora de Lingüística y Comunicación en la Universidad de Birmingham y coautora del artículo, afirmó: “Todos usamos metáforas y narrativas para comprender nuestras experiencias y dar sentido a nuestras vidas. Pero los pacientes con psicosis lo hacen con mayor intensidad. Como resultado de haber vivido experiencias emocionales intensas, a las que el cuerpo responde y que se ven moldeadas por el lenguaje cotidiano, las personas que experimentan delirios psicóticos viven en metáforas. Pueden sentirse encantados y decir que son tan felices que pueden ‘tocar el cielo’; esto podría llevarlos a experimentar el delirio de que pueden volar”, señaló.
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El lenguaje revela cómo los conceptos emocionales toman forma en las experiencias corporales, estableciendo conexiones fundamentales entre la emoción del amor paternal y la sensación física de calidez, o entre la vergüenza y la sensación de ser “visto” por otros.
El estudio sostiene que una mejor comprensión de cómo surgen los delirios puede contribuir a una atención más eficaz para las personas con psicosis. Los participantes expresaron que no encontraban espacio para hablar sobre el significado de sus delirios en el contexto del tratamiento y la recuperación, lo que incrementaba la vergüenza y la sensación de rechazo y marginación.
Los investigadores subrayan la importancia de atender el mundo corporal y emocional de las personas y la manera en que lo expresan, para desarrollar enfoques compasivos y efectivos en el cuidado de la psicosis. El artículo sostiene que los delirios no son únicamente creencias erróneas, sino intentos encarnados de restaurar el sentido y el equilibrio emocional cuando la vida se torna abrumadora. Las metáforas y narrativas empleadas por las personas son clave para comprender su sufrimiento, y no constituyen signos de irracionalidad.
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