
Dejar el alcohol durante un mes, como se propone con el “Enero seco”, puede generar mejoras visibles en la presión arterial, aunque los cambios más relevantes requieren mantener la abstinencia durante periodos más prolongados. De acuerdo con una columna para Very Well, este tiempo sin consumir bebidas alcohólicas se debe sostener entre 6 meses y un año para lograr mayores resultados.
El consumo de alcohol afecta directamente la presión arterial, tanto a corto como a largo plazo. El doctor Sohaib Imtiaz, jefe médico del People Inc. Health Group, explicó en su artículo que “dentro de las primeras horas después de tomar más de tres bebidas, la presión arterial disminuye, pero luego aumenta en las horas siguientes”. Según estudios, este efecto origina un incremento aproximado de 3,7 milímetros de mercurio (mmHg) en las 12 a 24 horas posteriores al consumo excesivo.
A medida que pasan los años, quienes superan una bebida diaria registran un riesgo mayor de hipertensión, relacionado directamente con la cantidad ingerida. Imtiaz destacó que “cada bebida al día se asocia a un incremento de 1,25 puntos en la presión arterial sistólica en 5 años”, lo que refleja los efectos acumulativos incluso en niveles considerados moderados.

Efectos inmediatos y a largo plazo
El especialista Imtiaz señaló que, luego de consumir alcohol, la presión arterial tiende a aumentar durante varias horas. Esta subida es aún más marcada cuando se ingiere una cantidad considerable en poco tiempo. La respuesta aguda provoca presión adicional sobre el sistema cardiovascular, alterando la regulación de los vasos sanguíneos y la función renal.
Una ingesta frecuente, especialmente en niveles superiores a una bebida diaria en mujeres o dos en hombres, lleva al desarrollo progresivo de hipertensión. Esto ocurre porque el alcohol interfiere en el equilibrio hormonal, activa el sistema nervioso simpático y favorece la inflamación de los vasos sanguíneos.
Además, el alcohol puede reducir la eficacia de los medicamentos destinados a controlar la presión arterial y agravar enfermedades como la insuficiencia cardíaca o las arritmias. El mismo medio recalcó que personas con enfermedades cardiovasculares o en tratamiento con betabloqueantes deben consultar con un especialista antes de consumir alcohol.

¿Qué ocurre si solo se reduce el consumo?
Disminuir el consumo de alcohol, aunque no se alcance la abstinencia completa, puede traducirse en una baja de la presión arterial, especialmente si se pasa de más de 6 bebidas diarias a la mitad, según el doctor Imtiaz. No obstante, también aclaró que incluso un consumo bajo representa riesgos superiores respecto a quienes practican la abstinencia total.
El artículo de Very Well destaca que “hasta la ingesta baja de alcohol aumenta el riesgo de accidente cerebrovascular y enfermedad coronaria”. Además, una investigación alertó que el peligro persiste en eventos como insuficiencia cardíaca o muerte súbita de origen cardiovascular.
Otros factores relacionados: deshidratación, estrés y sueño
De acuerdo con Very Well, el alcohol actúa como diurético, lo que incrementa la producción de orina y favorece la deshidratación. Esta situación puede ocasionar alteraciones en los electrolitos, complicando la regulación de la presión arterial.
La deshidratación y el desajuste de los electrolitos provocan la contracción de los vasos sanguíneos y un esfuerzo mayor del corazón, facilitando picos de presión arterial y afectando el desempeño del sistema cardiovascular.
Otra consecuencia que registra la fuente es el aumento del cortisol, la llamada hormona del estrés. Su elevación, ligada al consumo frecuente o elevado de alcohol, conlleva un incremento de la presión arterial y promueve la inflamación de las paredes de los vasos, lo que eleva el riesgo de lesiones cardíacas.
Asimismo, el alcohol tampoco mejora el descanso. Aunque en algunos casos puede facilitar el inicio del sueño, Los especialistas advirtieron que reduce la calidad del sueño y altera los ciclos de reparación del cuerpo, fundamentales para preservar una óptima salud cardiovascular.

Recomendaciones para dejar o reducir el consumo de alcohol
El doctor Imtiaz sugirió adoptar estrategias graduales para abandonar o reducir el consumo de alcohol. Evitar dejarlo de forma repentina facilita la sostenibilidad del cambio. Antes esto, es recomendable disminuir la cantidad ingerida de manera progresiva, así será más factible alcanzar el objetivo y evitar recaídas.
Monitorear la salud con dispositivos electrónicos—como relojes inteligentes o pulseras que miden frecuencia cardíaca, calidad del sueño y recuperación—permite observar el impacto positivo de reducir el consumo de alcohol.
Buscar alternativas saludables en reuniones sociales, como bebidas sin alcohol o refrescos bajos en calorías, ayuda a mantener las relaciones sin comprometer la salud. Además, la terapia cognitivo-conductual y los grupos de apoyo como Alcohólicos Anónimos constituyen herramientas accesibles y útiles para las personas que enfrentan dificultades para dejar el alcohol por cuenta propia.

No consumir bebidas de este tipo durante varias semanas puede ser un avance valioso para controlar la salud general y lograr un bienestar estable. Sin embargo, alcanzar beneficios profundos depende de mantener la abstinencia durante un periodo mucho más largo.
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