Descanso mental en vacaciones: cómo lograrlo y evitar que el efecto se evapore al regresar

Para alcanzar una recuperación genuina durante el receso, hay que planificar estrategias para crear las condiciones apropiadas que reduzcan las tensiones y preocupaciones

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La planificación de tareas y
La planificación de tareas y el cierre de pendientes antes de salir de vacaciones ayudan a evitar la astenia post-vacacional y mejorar el bienestar mental (Imagen Ilustrativa Infobae)

Cambiamos de paisaje, pero no cambiamos de sistema. Entre alertas, y “residuo atencional”, el cerebro sigue trabajando aunque el cuerpo esté en otra parte. Qué hacer para que el descanso sea real y dure.

Llega la época de vacaciones y con ellas una paradoja que muchos conocemos la fantasía del descanso.

Cambiar de paisaje para que el cuerpo y la mente se “apaguen” solos como si fueran el botón de reinicio, pero cuando llegan descubrimos que una forma de cansancio sigue ahí, a pesar de mayor descanso, cambio de comidas, más actividad al aire libre etc.

El tema es más interno e imperceptible, puede ser una mezcla de irritabilidad, la sensación de “estar en alerta”, cierta dificultad para disfrutar y una mente que salta de una cosa a otra, a veces magnificando problemas.

El real problema no es el modo interno con el que llegamos y del cual no es simple despegarse.

Conscientes de esa dificultad en cambiar hábitos, la clave, no es solo tomar vacaciones, sino diseñarlas previamente, es decir planificarlas de un modo que produzca recuperación real y que no se evapore a las 48 horas devolver.

La saturación emocional y cognitiva,
La saturación emocional y cognitiva, junto con la interrupción constante, impide una recuperación genuina durante las vacaciones (Imagen Ilustrativa Infobae)

Si bien el burnout parece la explicación universal, el cansancio que vivimos es más amplio: suele ser una suma de deuda de sueño, estrés crónico, pero sobre todo una saturación emocional y cognitiva alimentada por la interrupción permanente.

No solo estamos cansados por lo que hacemos, estamos cansados por lo que nos interrumpe y de no poder desconectar realmente. De la misma manera que para un trabajo intelectual necesitamos un tiempo de cierto aislamiento par podernos concentrar, el descanso merece esa misma preparación, contrario a la idea de la espontaneidad. La espontaneidad solo hace que se repitan en loop los esquemas que más usamos, y el preponderante es la dispersión.

A eso se suma un elemento: el estrés dejó de ser “mental” y se volvió biológico. En realidad el concepto inicial de Selye, Cannon y otros era una respuesta orgánica pero por alguna razón paso a ser considerado como exclusivamente mental y eventualmente de manera secundaria con consecuencias físicas. La realidad es que cuando el organismo vive demasiado tiempo en vigilancia, paga con lo que en fisiología del estrés se llama carga alostática, que es el costo acumulado de sostener el sistema encendido, el precio que el organismo paga, de vivir demasiado tiempo en modo amenaza.

Esto se traduce en fatiga, irritabilidad y bajo umbral de tolerancia. En ese contexto, las vacaciones no siempre funcionan como descanso; a veces funcionan como cambio de escenografía pero el modo supervivencia activo por defecto.

La trampa de las vacaciones conectadas

Establecer límites claros y crear
Establecer límites claros y crear zonas sin tecnología son claves para que el sistema nervioso pueda bajar la guardia en el receso vacacional (Imagen Ilustrativa Infobae)

Antes, salir de vacaciones cortaba la inercia porque también cortaba el circuito en alguna medida dadala menor cantidad de variables. Hoy el modelo ha cambiado, en parte el aprendizaje del modelo “home office” ha generado que no haya horarios, y así seguimos con la obligación imperceptible de estar siempre disponibles: responder, mirar, enterarse, con la autoexcusa que es solo un instante, y son esos instante de corte que hacen pagar el costo.

Esa lógica, la que hemos visto en el FOMO, por ejemplo, transforma el descanso en una tarea más. Es notable que alguien nos envíe un mensaje y si la respuesta a este llega horas más tarde, es probable que el emisor imagine que no se le ha querido contestar, o algo paso, no que uno ha decido pasar a vivir en una versión unplugged.

El smartphone ya es parte de una lógica transhumanista que opera casi de respirador artificial, del cual hay quienes no imaginan poder vivir siquiera desconectado unos instantes.

Hay un fenómeno psicológico que explica esto, el llamado por residuo atencional, según la investigadora de la Universidad de Minnesota Sophie Leroy. Aunque cambiemos de actividad, una parte de la mente queda pegada a lo anterior. Ya no es el adminículo en sí, sino nuestra mente que asimilo ese implante.

En esa facilitación tecnológica reside la trampa. Se puede estar en un lugar hermoso, y en excelente compañía, pero una fracción de la atención (imperceptible) sigue en la bandeja de entrada, en el mensaje pendiente, en “solo reviso estoy listo”.

Identificar y mantener dos o
Identificar y mantener dos o tres hábitos de las vacaciones, como caminar sin celular, puede convertir el descanso en una rutina sostenible durante el año (Imagen Ilustrativa Infobae)

No es una debilidad moral: es un efecto de cómo funciona un sistema de aprendizaje en el quela atención no parece ser la variable. Tomar conciencia que se trata de algo imperceptible, que no lo hacemos porque queremos, o carecemos de voluntad, sino que es un condicionamiento repetido por los constructos comportamentales que usamos durante todo el año, permite poder estar alerta para trabajar sobre ello. Ya que el problema es que el sistema actual está diseñado para impedir ese cierre, dejar líneas abiertas permite el valorado multitasking y por ejemplo en el mundo del trabajo es útil poder intercambiar en tiempo real información.

Es decir no se trata de demonizar el sistema sino tomar conciencia de que es un modus operandi, pero a no usar constantemente, “con moderación” Es así que las notificaciones, micro alertas y estímulos constantes , ya no ligados a un tares especifica que lo amerite, condicionan al cerebro para la dispersión: saltar, verificar, buscar conexiones, datos etc. Por eso muchas personas vuelven de vacaciones con una sensación extraña: físicamente estuvieron “afuera”, pero mentalmente no salieron. Quizás esto lleva a la confusión respeto a la “Dopamine detox” que es en realidad una metáfora para el trabajo sobre el control de los estímalos, múltiples y repetidos.

Esas notificaciones, alertas, por breves que sean, esas soluciones de continuidad en un estado de concentración, nos entrenan a la dispersión y quizás es sea parte del trabajo, el que realicemos sobre la atención, la abstinencia de la dispersión atencional

El concepto de residuo atencional
El concepto de residuo atencional explica por qué la mente sigue conectada al trabajo y preocupaciones cotidianas pese al cambio de escenario (Imagen Ilustrativa Infobae)

Cómo lograr que el efecto dure (y no se pierda a las 48 horas)

Los trabajos sobre las vacaciones son d alguna manera molestos en sus conclusiones: ayudan; pero el efecto suele disminuir rápido cuando se vuelve al circuito habitual. Es decir, si no cambia nada del “sistema interno”, las vacaciones pueden convertirse en un analgésico breve.

La clave no es hacer vacaciones perfectas; es evitar el regreso brutal al mismo régimen, un meta-análisis clásico encontró efectos positivos pequeños a moderados durante vacaciones, que se desvanecen pronto tras la vuelta al trabajo.

Un primer punto es entender que el descanso se prepara. Si uno sale con tareas abiertas, conflictossin cerrar y una bandeja de entrada “viva”, el residuo atencional viaja con uno. La mente no confirma eldescanso, y por ende la respuesta orgánica general, hasta que siente que hay un cierre, aunque seamínimo, pero real.

El segundo punto es aceptar algo que parece contradictorio: para descansar hace falta establecer límites, no solo “tiempo libre”. No se trata por ejemplo de demonizar el teléfono ni de hacer ascetismo digital. Se trata de crear zonas donde el sistema nervioso pueda bajar la guardia. Si no existen esas zonas, la mente se mantiene en modo vigilancia aunque el cuerpo esté en reposo. Varios programas de retiros digitales en el mundo son una muestra de ello.

El tercer punto es la vuelta. Ahí se puede perder casi toda la inversión. Volver y entrar de golpe a decisiones, mensajes acumulados, reuniones y urgencias es como volver a la superficie sin la necesaria descompresión: el organismo interpreta ese cambio súbito como amenaza y reactiva la alerta. Eso explica en muchos casos las consultas sobre casos de astenia post-vacacional: “Volvi cansado de las vacaciones”.

En cambio, si el regreso tiene aunque sea un día buffer, amortiguador, el efecto se conserva mejor. Otro tema que puede ser de utilidad es simple, no intentar sostener la mayoría de hábitos de las vacaciones, como salidas, tiempo libre, ejercicio, los que sean, sino identificar solo dos otres que apaguen o bajen la intensidad del modo alerta.

Por ejemplo: caminata diaria sin celular y una franja sin noticias ni redes. Con dos cosas bien sostenidas, el descanso deja de ser un evento anual y empieza a ser un sistema. Esa creación de rutina es lo que consideramos el sistema o el descanso prediseñado.

Byung-Chul Han lo formuló de modo provocador: ya no necesitamos un jefe que nos vigile, porque aprendimos a vigilarnos solos. La pregunta de estas vacaciones, entonces, no es “¿a dónde voy?”, sino “¿qué parte del circuito voy a cortar para que mi mente vuelva a ser habitable?”.

Ahí aparece el verdadero “reset”: no en el lugar, sino en el límite.

* El doctor Enrique De Rosa Alabaster se especializa en temas de salud mental. Es médico psiquiatra, neurólogo, sexólogo y médico legista