La exposición al sol representa un riesgo considerable para la salud de la piel. El cáncer de piel, el tumor más habitual en los seres humanos, puede prevenirse adoptando medidas claras y sostenidas de protección frente a la radiación ultravioleta.
Entender el modo adecuado de tomar sol no solo es una recomendación médica, sino una estrategia fundamental para evitar consecuencias graves a largo plazo. Entonces, le digo una regla fácil de recordar, la regla de las tres C:
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- Cuándo
- Cómo
- Cuánto

Un aspecto clave reside en escoger el momento oportuno para exponerse.
Se desaconseja la exposición directa entre las 10:00 y las 16:00, horario en el que la radiación ultravioleta —tanto A como B— incide con máxima intensidad sobre la piel. Un indicio visual ayuda a determinar si el riesgo es alto: cuando la sombra del cuerpo es más corta que su altura, la exposición se vuelve peligrosa.
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Además, conviene recordar que superficies como la arena, el agua o el cemento actúan como espejos, reflejando los rayos ultravioleta y aumentando la exposición aun sin contacto directo con el sol.
Cómo aplicar el protector solar
Otros factores de prevención radican en el uso adecuado del protector solar. La aplicación de un factor de protección solar treinta resulta adecuada para la mayoría, mientras que las personas con fototipo sensible —piel blanca, ojos claros, numerosos lunares— deben optar por un factor cuarenta o cincuenta.
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Distribuir el producto de manera uniforme, empleando unos veinte gramos para cubrir el cuerpo, garantiza una defensa efectiva. Los labios y los párpados, zonas especialmente delicadas, no deben quedar desprotegidas; aún muchas personas olvidan incluir estos puntos en su rutina, aunque los expertos recalcan su importancia.
La periodicidad también influye en la eficacia del protector. Se recomienda renovar la aplicación cada dos horas, con especial énfasis en actividades como bañarse, practicar deportes o secarse con toalla. Estas circunstancias reducen la permanencia del producto en la piel y pueden dejar áreas vulnerables tras el contacto con el agua o el sudor.
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La exposición progresiva constituye la tercera clave, ya que el organismo requiere un proceso de adaptación.

Comenzar con periodos breves —diez a quince minutos diarios— y aumentar gradualmente el tiempo permite evitar daños inmediatos y reduce los riesgos en el futuro.
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Además, es importante advertir sobre el uso de camas solares. Aunque populares, estas alternativas emiten luz ultravioleta A y B de forma concentrada: entre diez y quince minutos de uso equivale a una o dos horas bajo el sol natural, lo que incrementa los peligros asociados.
Tomar sol es posible y forma parte de la vida cotidiana, pero solo si se respetan las tres C: cuándo exponerse, cómo proteger la piel y cuánto tiempo mantener la exposición. Esta tríada protege contra el cáncer de piel y mantiene la salud cutánea por largo tiempo.
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* El doctor Daniel López Rosetti es médico (MN 62540) de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Presidente de la Sección de Estrés de la World Federation for Mental Health (WFMH). Es autor de libros como: “Emoción y sentimientos” (Ed. Planeta, 2017), “Equilibrio. Cómo pensamos, cómo sentimos, cómo decidimos. Manual del usuario” (Ed. Planeta, 2019), “Recetas para vivir mejor y más tiempo” (Ed. Planeta, 2025), entre otros.
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