Cómo saber la edad de los pulmones y mejorar su salud

Un análisis internacional con datos de 30.000 personas revela que la capacidad pulmonar llega a su punto más alto en la juventud, lo que influye en la resistencia a enfermedades respiratorias crónicas y otras afecciones a lo largo de la vida

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Imagen de una radiografía mostrando pulmones resaltados, evidenciando el daño causado por el tabaquismo. La fotografía sirve como una herramienta educativa en el campo de la medicina para ilustrar los efectos del fumar en las vías respiratorias y la importancia del cuidado pulmonar. Hace énfasis en la prevención y tratamiento de enfermedades como la EPOC, destacando la necesidad de promover hábitos saludables para una mejor calidad de vida. (Imagen ilustrativa Infobae)
La función pulmonar influye en el sistema inmunológico, el metabolismo y la salud cerebral (Imagen ilustrativa Infobae)

La función pulmonar, lejos de permanecer estable a lo largo de los años, está marcada por una evolución significativa, según un análisis internacional divulgado en mayo por expertos en asuntos respiratorios. Basados en datos procedentes de unas 30.000 personas a lo largo del siglo XX, los investigadores detectaron que la capacidad máxima de los pulmones se alcanza entre los 20 y los 25 años, lo cual establece un punto de referencia clave para la salud respiratoria en la adultez. En las mujeres, este pico habitual tiende a producirse algunos años antes que en los hombres, tras lo cual comienza un declive paulatino.

“Cuanto mejor sea la capacidad pulmonar a esa edad clave de los 20 a 25 años, más resistencia tendrá el cuerpo contra las enfermedades respiratorias crónicas y otras afecciones de salud relacionadas con los pulmones a lo largo de la vida”, afirmó en diálogo con la BBC Judith García-Aymerich, profesora del Instituto de Salud Global de Barcelona y líder del estudio. Describió también que “el declive de los pulmones parece ser una parte más del envejecimiento biológico”.

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Según informó el medio mencionado anteriormente, dentro de este proceso, diversos factores pueden acelerar la disminución de la función pulmonar. El tabaquismo, la contaminación atmosférica y enfermedades como el asma son elementos que agravan el deterioro de estos órganos. Por ejemplo, la Asociación Estadounidense del Pulmón indica que la capacidad vital forzada (CVF), que es el volumen máximo de aire que puede exhalarse después de una inspiración profunda, “puede disminuir en aproximadamente 0,2 litros por década debido a los efectos del envejecimiento, incluso en personas sanas que nunca han fumado”.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
La función pulmonar alcanza su máximo entre los 20 y 25 años, con un declive gradual posterior (Imagen Ilustrativa Infobae)

El impacto va más allá del sistema respiratorio. La función pulmonar se vincula con el sistema inmunológico, el metabolismo y la salud cerebral. Investigaciones recientes han señalado que la pérdida de elasticidad de los tejidos pulmonares y el debilitamiento de los músculos respiratorios, sumados a cambios en la caja torácica, limitan progresivamente la capacidad de estos órganos para expandirse y contraerse. Cuando la pérdida de función es significativa, pueden aparecer síntomas como dificultad para respirar. García-Aymerich advierte que esto puede derivar en “una condición llamada enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), caracterizada por bajos niveles de función pulmonar”.

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Además de las consecuencias directas sobre la respiración, existe una relación documentada con otras dolencias, incluyendo la presión arterial alta, enfermedades autoinmunes, fragilidad general y deterioro cognitivo. Dawn Bowdish, profesora de la Universidad McMaster, advierte sobre el papel del “eje pulmonar-inmune”, mencionando que los pulmones contienen “millones y millones de células inmunitarias que tienen funciones importantes como eliminar la contaminación del aire por partículas, combatir las infecciones y reparar el daño que proviene del constante estiramiento de la respiración de inhalación y exhalación”. Si estas células no cumplen completamente su función, pueden desencadenar inflamación y daños crónicos, como la fibrosis pulmonar.

Para quienes desean conocer el estado de sus pulmones de una forma sencilla, existen pruebas caseras recomendadas por especialistas. Una de ellas consiste en medir la cantidad de aire que se puede exhalar tras una inspiración profunda, utilizando materiales simples como una botella de plástico, agua y un tubo de goma. El resultado permite calcular la capacidad pulmonar vital multiplicando el número de líneas de agua desplazada por 200 ml. Adicionalmente, John Dickinson, director de la clínica respiratoria de ejercicio en la Universidad de Kent, sugiere medir el tiempo que una persona puede exhalar lentamente tras una inspiración completa; lo habitual es poder hacerlo durante al menos 11 segundos. Él matiza que si se obtienen valores bajos en estas pruebas domésticas, no necesariamente indican un problema real: “Muchas personas tendrán dificultades para vaciar completamente sus pulmones, por lo que pueden obtener lecturas bajas falsas”, señala.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
Pruebas caseras permiten estimar la capacidad pulmonar usando materiales simples como botellas y agua (Imagen Ilustrativa Infobae)

No obstante, Dickinson recomienda que quienes tengan inquietudes sobre su salud pulmonar acudan al médico para una evaluación con espirómetro. Este aparato mide, con precisión, la CVF y el volumen espiratorio forzado en un segundo (VEF1), además de la relación entre ambos, lo que permite detectar obstrucciones en el flujo de aire. “Idealmente, recomendaría que las personas tengan su función pulmonar clínicamente evaluada cada 10 años, si no están experimentando ningún síntoma. Pero deben hacerse una prueba de inmediato si están experimentando síntomas anormales de dificultad para respirar”.

Diversos hábitos y estrategias pueden contribuir al mantenimiento y mejora de la función pulmonar. El ejercicio regular ayuda a reducir la inflamación de las vías respiratorias y fortalece los músculos encargados de la respiración. Reducir la ingesta de sal parece también ejercer un efecto positivo, ya que el exceso puede agravar la inflamación y la fibrosis pulmonar. Incorporar aceites de pescado, antioxidantes y vitaminas C y E en la dieta ayuda a proteger las paredes pulmonares del daño, según lo recopilado en diversos estudios. Mantener un peso saludable, evitar el tabaquismo y el vapeo, y limitar la exposición a contaminantes son prácticas adicionales recomendadas por los expertos.

Respecto a métodos activos de fortalecimiento respiratorio, el entrenamiento de los músculos inspiratorios mediante dispositivos de resistencia como el Powerbreathe ha demostrado utilidad tanto en atletas y cantantes como en personas con asma, EPOC o en rehabilitación post-operatoria. Sabrina Brar, médica de Powerbreathe International, explica que “reforzar los músculos responsables de respirar, al igual que fortalecer cualquier otro músculo del cuerpo, aumentará la resistencia y la fuerza del músculo respiratorio y reducirá la disminución de la función pulmonar relacionada con la edad”.

La música también se ha convertido en aliada de la salud pulmonar. Ensayos realizados por investigadores del Centro Louis Armstrong en Nueva York, así como el trabajo de la profesora y cantante Mette Kaasgaard, han demostrado que cantar o tocar instrumentos de viento puede ayudar a mejorar el control y la flexibilidad de los músculos respiratorios. Aunque estos métodos no revierten el daño ya existente, sí pueden optimizar el uso de la capacidad pulmonar disponible.

La atención constante a estos aspectos y la integración de prácticas recomendadas constituyen un recurso fundamental para hacer frente al inevitable envejecimiento pulmonar y preservar la calidad de vida a lo largo de los años.

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