
Investigaciones recientes evidenciaron que los efectos del humo ambiental pueden transmitirse y aumentar la vulnerabilidad respiratoria en la descendencia. El estudio fue publicado en la revista Thorax y difundido por el British Medical Journal (BMJ).
Según el análisis, la exposición pasiva al humo de tabaco durante la infancia de los padres deja una huella en la salud pulmonar de sus hijos, que persiste hasta la mediana edad.
El trabajo, basado en datos del Estudio Longitudinal de Salud de Tasmania (TAHS), aporta evidencia inédita sobre los efectos intergeneracionales del tabaquismo pasivo y destaca la necesidad de evitar el humo de tabaco en el entorno familiar para prevenir enfermedades respiratorias graves como la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC).
Impacto global del tabaquismo
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la EPOC, que incluye bronquitis crónica y enfisema es la cuarta causa de muerte en el mundo, y en 2021 ocasionó 3,5 millones de muertes, lo que representa aproximadamente el 5% de todas a nivel mundial.

BMJ señaló que, aunque el tabaquismo activo es un factor de riesgo ampliamente reconocido, la exposición pasiva al humo afecta a cerca del 63% de los adolescentes, porcentaje que supera ampliamente al siete por ciento que fuma activamente.
Este dato subrayó la magnitud del problema y la urgencia de abordar los riesgos asociados al tabaquismo pasivo desde una perspectiva de salud pública.
Metodología del estudio
El estudio, realizado en Tasmania, Australia, realizó un seguimiento a 8.022 niños nacidos en 1961 y a sus padres, desde 1968 hasta 2025. Los participantes se sometieron a pruebas de función pulmonar en seis momentos clave de su vida, desde los siete hasta los 53 años.
Los padres completaron encuestas detalladas sobre su propia salud respiratoria y la de sus hijos, así como sobre la exposición al humo de tabaco durante su infancia.
En 2010, se recopiló información específica sobre si los abuelos de los participantes fumaban cuando los padres eran niños, lo que permitió analizar la exposición pasiva en la etapa prepuberal.

Entre los 890 pares de padre e hijo incluidos en el análisis final, el 68,7% de los padres y el 56,5% de los hijos estuvieron expuestos al humo de tabaco en su infancia. Un 49% de los hijos había fumado activamente en la mediana edad y un 5,1% desarrolló EPOC a los 53 años, según los criterios de espirometría.
Según los resultados publicados en Thorax, la exposición pasiva al humo de tabaco durante la infancia de los padres se asoció con un 56% más de probabilidades de que sus hijos presentaran un volumen espiratorio forzado en un segundo (FEV1) por debajo del promedio durante su vida.
Además, se identificó una duplicación del riesgo de trayectorias pulmonares deterioradas, con un descenso temprano y rápido del cociente FEV1/CVF, en los hijos de padres expuestos. Aunque la asociación con el desarrollo de EPOC en la descendencia también se duplicó, este vínculo perdió relevancia estadística tras ajustar por otros factores de riesgo.
Efecto acumulativo e intergeneracional
Un resultado especialmente relevante es el aumento del riesgo de deterioro pulmonar en los hijos cuando tanto padres como hijos estuvieron expuestos al humo de tabaco durante su infancia. En estos casos, la probabilidad de presentar un FEV1 por debajo del promedio se duplicó, lo que revela un efecto acumulativo e intergeneracional del tabaquismo pasivo.

Los investigadores del TAHS, citados por BMJ, subrayaron: “Nuestros hallazgos son novedosos, dado que se trata del primer estudio que investiga y aporta evidencia de una asociación adversa entre la exposición pasiva al humo de tabaco del padre antes de la pubertad y el deterioro de la función pulmonar de los hijos en la mediana edad”.
Añadieron que estos resultados tienen relevancia desde una perspectiva de salud pública, ya que la exposición pasiva al humo del tabaco impacta a aproximadamente el 63% de los adolescentes, proporción mucho mayor que la de quienes fuman activamente.
Respecto a los mecanismos detrás de estos efectos, el equipo sugiere que la exposición a sustancias nocivas durante la prepubertad puede inducir cambios epigenéticos en los padres, alterando la expresión genética y los procesos de reparación celular.

Estas alteraciones pueden transferirse a la descendencia, afectando el desarrollo pulmonar y la susceptibilidad a enfermedades respiratorias. Aunque factores como el tabaquismo activo y las enfermedades respiratorias en padres e hijos contribuyeron parcialmente a las asociaciones (menos del 15% cada uno), la mayor parte del efecto parece derivar de mecanismos directos, posiblemente de origen epigenético.
BMJ enfatizó que la prevención del tabaquismo pasivo en el entorno familiar no solo protege a los niños de riesgos inmediatos, sino que puede tener un impacto positivo en futuras generaciones.
Los investigadores aconsejaron evitar fumar cerca de los niños, incluso si los padres estuvieron expuestos al humo de tabaco en su infancia, como medida efectiva para disminuir el riesgo de enfermedades respiratorias en la descendencia.
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