
Durante años, la imagen de un gato tomando leche de un plato ha sido recurrente en películas, dibujos animados y hasta el inconsciente colectivo. Sin embargo, esta idea es un mito peligroso, ya que la mayoría de los felinos adultos son intolerantes a la lactosa y consumir leche puede afectar gravemente su salud.
“La diarrea puede ser difícil de detectar si tu gato hace sus necesidades principalmente fuera de casa”, explicaron los integrantes de Cats Protection, la organización benéfica de gatos más grande del Reino Unido.
Es por eso que escuchar ruidos provenientes de su estómago, notar que la barriga está hinchada o que sueltan flatulencias con mayor frecuencia de lo habitual también son signos de que el animal sufre debido a que ingirió productos lácteos, pues se produce una acumulación mayor de gases conforme se fermenta la lactosa.
Salir al exterior con mayor frecuencia también es un claro indicativo, pues es señal de que acude al baño en repetidas ocasiones debido a la diarrea.
¿Por qué los gatos son intolerantes a la lactosa?

La intolerancia a la lactosa en los gatos es similar a la de algunos seres humanos. Es sabido que el crecimiento de la mayoría de los mamíferos es mucho más rápido que el del ser humano, ya que mientras que un bebé podría alimentarse de leche materna hasta incluso los dos años, los gatos sólo necesitan tres semanas de la leche de su madre y no de vaca.
El ser humano se ha alimentado de leche de vaca, cabra u oveja como forma de supervivencia, pero conforme se avanza en edad a muchos organismos le cuesta más digerirla. Esto ocurre exactamente igual en los gatos y en el resto de mamíferos.
Los gatos carecen de lactasa, una enzima necesaria para descomponer la lactosa (azúcar de la leche). Los gatitos producen lactasa en cantidad suficiente para digerir la leche materna, pero al pasar a una dieta sólida, su cuerpo reduce la producción de esta enzima.
Cuando un gato adulto ingiere leche, la lactosa no digerida pasa al intestino grueso, donde fermenta y provoca síntomas molestos, que suelen manifestarse entre ocho y doce horas después de la ingesta. Estos incluyen:
- Diarrea: síntoma frecuente que puede llevar a deshidratación, dificultando su detección si el gato usa la caja de arena fuera de casa.
- Gases y ruidos estomacales: el proceso de fermentación genera gases que inflaman el abdomen y provocan molestias.
- Hinchazón abdominal: la acumulación de gases puede ser evidente, acompañada de letargo.
- Exceso de limpieza en la zona trasera: la incomodidad provoca este comportamiento, señal de que requiere atención veterinaria si persiste.

¿Existe alguna opción segura para darles leche?
Aunque algunos dueños optan por leche sin lactosa o leche especial para gatos, su alto contenido calórico puede provocar un aumento de peso innecesario. Además, carecen de nutrientes esenciales, por lo que los expertos recomiendan darles solo agua, que es suficiente para mantener su salud.
La grasa en la leche, especialmente en la leche entera, resulta atractiva para los gatos, pero esta atracción no se traduce en beneficio. Beber leche puede causarles malestar debido a la fermentación de la lactosa en el intestino, y en el caso de los gatos adultos, carece de valor nutricional.
Los expertos sugieren para superar el malestar ofrecer una dieta suave a base de pollo hervido o pescado blanco sin piel ni espinas. También existen alimentos específicos para gatos con malestar estomacal. Si persisten los síntomas, lo mejor es consultar al veterinario para descartar problemas subyacentes.

Diferenciada de esta intolerancia, existe la alergia a la leche. Es que la alergia provocada por la leche, como cualquier otra alergia, es mucho más grave porque puede provocar que el sistema inmunológico del animal produzca efectos nocivos para su salud
Ingerir leche cuando el animal es alérgico puede provocar dificultad para respirar, que se manifiesta además con tos. Una bajada pronunciada de la tensión arterial, picor o urticaria. Además de los mismos síntomas de la intolerancia: malestar estomacal, vómitos y diarrea, que es la forma que tiene el organismo del gato de deshacerse de esta sustancia.
Expertos de la organización benéfica detallan que el mito de que a los gatos les encanta la leche “probablemente” nació años atrás, durante la época en que los gatos solían vivir en granjas, donde tenían acceso a este producto.
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