
La inmunidad de rebaño, también llamada inmunidad de grupo o inmunidad colectiva, es la protección indirecta frente a una enfermedad infecciosa que se consigue cuando una población se vuelve inmune, ya sea por haber recibido una dosis de una vacuna o por haber desarrollado anticuerpos contra el virus. Con la vacunación completa contra el COVID-19 se busca reducir casos graves y muertes, y alcanzar la inmunidad de rebaño para reducir la circulación del coronavirus y controlar la pandemia.
El año pasado, apenas empezaron las campañas de vacunación masiva en el mundo y mucho antes de la alta circulación de nuevas variantes, se calculaba el 70% de población mundial debía estar vacunada para alcanzar la inmunidad de rebaño. Sin embargo, las nuevas variantes, denominadas de preocupación por la OMS, han llevado a los investigadores a considerar que se necesitará una porcentaje mayor de inoculados con dos dosis para la inmunidad colectiva.
En una investigación, los expertos de The Economist Intelligence Unit (EIU, por sus siglas en inglés), una unidad de negocios vinculada a la prestigiosa revista The Economist que se dedica a asesorar en temas económicos, sociales y políticos a empresas del sector público y privado, analizaron las estrategias sanitarias de los gobiernos en relación a la vacunación masiva, y a la posibilidad de controlar la pandemia y así alcanzar una reactivación económica sostenida.

En el informe, los analistas determinaron que “las características de la variante Delta suponen que las vacunas por sí solas pueden no ser suficientes para controlarla ya que es mucho más transmisible que el virus original. Un paciente infectado con el linaje detectado en India, contamina a otras 5 a 9 personas, en comparación con 2 ó 3 contagios provocados por la cepa original”. La conclusión del estudio fue determinante: “Con la variante Delta, el umbral global de inmunidad colectiva parece inalcanzable”.
Según las conclusiones del informe, “las vacunas, aunque son un primer paso crucial en la lucha contra la pandemia ya que ofrecen protección contra infecciones, enfermedades graves y la muerte, en realidad no son la solución mágica que los gobiernos esperaban porque no evitan los contagios, aunque, y no es un dato menor, sí reducen considerablemente los cuadros graves y las hospitalizaciones. Por esto mismo, los científicos señalaron que “esto obligará a los gobiernos a replantearse su estrategia, y considerar que vivir con COVID-19 será la nueva normalidad”.

El costo económico de no alcanzar la inmunidad
La reactivación del comercio y la industria es uno de los temas centrales del documento, para The Economist el costo económico y social del desigualdad reparto de vacunas a nivel global, causará una intensa caída del PBI: “los países que no hayan inmunizado al 60% de su población a mediados de 2022 registrarán pérdidas por un total de 2,3 billones de dólares en el período 2022-2025. Los países emergentes soportarán alrededor de dos tercios de estas pérdidas, Asia ser el continente más afectado (con pérdidas acumuladas proyectadas de 1,7 billones de dólares”.
En cuanto a las políticas sanitarias aplicadas por gobiernos de varios países, el informe destacó que “las políticas de Australia o Nueva Zelanda son una oportunidad económica perdida”, respecto a la búsqueda de cero contagios de COVID-19 que han llevado adelante estas naciones, “lo que provoca que ante un solo contagio realicen confinamientos muy estrictos”.
La disparidad en el ritmo de inoculación de la población es factor relevante para evaluar la tan ansiada recuperación económica, la unidad de investigación la revista británica detalló que “a fines de agosto, alrededor del 60% de la población de los países de ingresos más altos había recibido al menos una dosis de la vacuna contra el coronavirus”, señala el estudio añadiendo que “por el contrario, las campañas de vacunación avanzan a un ritmo glacial en las economías de menores ingresos. En el mismo momento, solo el 1% de las poblaciones más pobres había recibido al menos una dosis de una vacuna”.

El “duro revés” de la variante Delta
Hay 4 variantes clasificadas como preocupantes con una nueva nomenclatura global definida por la OMS: Gamma (linaje P.1, originalmente detectada en Manaos); Alfa (linaje B.1.1.7, informada por primera vez en Reino Unido); Beta (linaje B.1.351, registrada en Sudáfrica) y Delta (linaje B.1.617.2, surgida en India).
Desde abril de este año, se registra un aumento exponencial de los contagios provocados por la variante Delta a nivel global. En julio de 2021, se observó un predominio global de Delta en casi el 90% de las muestras secuenciadas a nivel mundial. Al fin de agosto, 163 países, ya detectaron casos del linaje del virus identificado por primera vez en India en diciembre de 2020.
Las personas infectadas con la variante Delta del coronavirus corren el doble de riesgo de ser hospitalizadas respecto a aquellas contagiadas con la versión Alfa, según un extenso estudio publicado la semana pasada en la revista The Lancet Infectious Diseases. Teniendo en cuenta factores que afectan a la predisposición personal para desarrollar síntomas graves de COVID-19, como la edad, el origen étnico y la vacunación, los científicos calcularon que el riesgo de acabar ingresado se multiplicaba por 2,26 con la variante Delta.
Con mayor mortalidad, índice de hospitalización y transmisión generalizada, Delta ha supuesto un duro revés en la idea de “convivir con el virus”. “Suprimir la enfermedad no es posible”, destaca The Economist, mandando un mensaje para optimizar las políticas económicas en todo el mundo, poniendo de ejemplo a Reino Unido.
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