
La Organización Mundial de la Salud informó hoy que creó un nuevo sistema de denominación para las variantes de interés del coronavirus y las variantes de preocupación. Cada variante recibirá un nombre del alfabeto griego. Lo hizo para eliminar parte del estigma de la aparición de nuevas variantes asociados a ciudades y países que hasta el momento se ha realizado.
Maria Van Kerkhove, responsable de coronavirus de la OMS, afirmó que “ningún país debe ser estigmatizado por detectar y notificar variantes”. Dijo que las nuevas etiquetas de las variantes son “sencillas, fáciles de decir y recordar y se basan en el alfabeto griego, un sistema que se eligió tras una amplia consulta y una revisión de varios sistemas posibles”.
Con el nuevo sistema, la variante que había sido notificada por primera vez en Kent, Inglaterra, pasó a llamarse Alfa. En tanto, la variante originaria de Sudáfrica ahora se denomina Beta. La variante brasileña -conocida como la de Manaos- es Gamma y la variante notificada por primera vez en la India es Delta.
El nuevo virus ha infectado a más de 170 millones de personas y ha matado a casi 3,7 millones desde su aparición en China a finales de 2019. Desde el inicio de la pandemia, se temió que aparecieran mutaciones y variantes que cambios que ocurren naturalmente en los virus a medida que se replican al propagarse.

Todos los virus ―incluido el SARS-CoV-2, que causa la COVID-19― evolucionan con el tiempo. Los virus hacen copias de sí mismos en un proceso denominado “replicación” en el cual pueden generarse copias con pequeños cambios, lo cual es algo habitual en los virus. Estos cambios se denominan “mutaciones”. Un virus que ha sufrido una o varias mutaciones se considera una “variante” del virus original, según la definición de la OMS.
En el coronavirus que causa la enfermedad COVID-19, hay una cadena de 30.000 letras que representan propiedades químicas y que conforman su genoma. Para replicarse, el coronavirus se une al exterior de una célula humana y luego entra en ella: secuestra la maquinaria celular y la dirige para que haga copias del virus.
Cuando un virus circula ampliamente en una población infectando a muchos individuos aumenta la probabilidad de que aparezcan mutaciones. Cuantas más oportunidades tiene el virus para propagarse, más se replica y, por ende, mayor es la probabilidad de que sufra variaciones. En su mayor parte, las mutaciones virales afectan poco o nada a la capacidad de un virus para infectar y causar síntomas.
Sin embargo, en función del lugar del material genético del virus en el que se producen, esos cambios pueden afectar a las propiedades del virus, como su capacidad de transmisión (por ejemplo, puede propagarse más fácilmente) y la gravedad de los síntomas de la infección (es decir, la enfermedad es más o menos grave).

La detección de las variantes se hace a través de una red mundial de laboratorios para el SARS-CoV-2 que está en contacto con la OMS. Varios grupos de investigadores han secuenciado el SARS-CoV-2 y han enviado las secuencias a bases de datos públicas, entre ellas la GISAID. Gracias a esta colaboración mundial, los científicos pueden hacer un mejor seguimiento del virus y de las modificaciones que sufre.
Hoy se llama “variante de preocupación” si una variante tiene capacidad de mayor transmisibilidad, aumenta su virulencia o produce cambios en la presentación clínica de la enfermedad, o reduce la eficacia de medidas sociales y sanitarias, como las vacunas, los tests de diagnósticos o la terapéutica, según aclaró hoy la OMS. Hasta hoy la agencia sanitaria reconoce a 4 variantes de preocupación.
Hay también otras 6 variantes que se han clasificado como “de interés” y que fueron detectadas en marzo y abril pasado. Se llaman Epsilón, Eta, Theta, Iota, y Kappa. Aún la OMS no reconoció en sus categorías de preocupación o de interés a la variante C.37 que ya 19 países han reportado, principalmente varios de América del Sur.

Según la definición de la OMS las variantes de interés se comportan de manera diferente con su referencia original. O también puede ocurrir que ese tipo de variantes haya producido un brote en situaciones de transmisión comunitaria o se haya detectado en diferentes países.
Para evitar que aparezcan nuevas variantes del virus de la COVID-19, cada persona puede ayudar. Continúa siendo fundamental poner freno a la propagación desde su origen. Las medidas sanitarias para reducir la transmisión, como la ventilación permanente, lavarse las manos a menudo, llevar mascarilla o barbijo, mantener el distanciamiento físico con otras personas y evitar los lugares concurridos o cerrados― continúan contribuyendo a reducir la probabilidad de que aparezcan nuevas variantes porque dificultan que el virus se transmita y, por ende, se le conceden menos oportunidades para mutar, según la OMS.
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