
Pasaron ya muchos meses desde el inicio de la pandemia por COVID-19, y poco a poco se empiezan a conocer más efectos y secuelas que deja la enfermedad a largo plazo en el organismo.
Se sabe que, además de las enfermedades de base que posea una persona y que la ubiquen entre la población de riesgo para padecer casos graves de coronavirus, la manera en que cada uno se alimenta tiene directa injerencia en la manera en que el sistema inmune responderá ante una infección, por este o cualquier otro patógeno.
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En este sentido, si bien son muchos los factores que influyen en la gravedad de la enfermedad -incluso se está investigando mucho al respecto- algunos de los más conocidos son la obesidad y sus comorbilidades, hipertensión, resistencia a la insulina, diabetes mellitus, edad sexo y genética.
“Pero más allá de esos factores, la alimentación cumple un rol fundamental no sólo porque impacta en el sistema inmune, sino también porque regula la función intestinal. La mayoría de los pacientes relatan que luego del alta por COVID quedan con fatiga, mialgias, caída de cabello, niebla mental, en algunos casos se produce una alteración de las hormonas tiroideas, por ejemplo”. La licenciada en Nutrición Paola Hernández (MN 7801) resaltó que en relación a los estudios que se llevaron a cabo recientemente, “muchos empezaron a demostrar que la diferencia entre una respuesta inmune saludable y una respuesta inmune disfuncional está dada por la salud de la microbiota intestinal”.
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Al respecto, la docente de la Licenciatura en Nutrición en la Universidad ISALUD, explicó: “Una persona que tiene una microflora saludable va a poder responder de una mejor manera al virus y su cuerpo lo va a enfrentar mejor, porque abundan células inmunitarias en el intestino que se encargan de regular los procesos de defensa e inmunidad; pero si hay una hiperpermeabilidad o una disbiosis, el virus ingresa con mayor facilidad a las células intestinales y luego de ahí a toda la circulación, produciendo inflamación a causa de respuestas inmunes reactivas. Aquí radica la importancia de mantenerla saludable”.
Consultada acerca de aquellos pacientes que manifiestan síntomas persistentes, Hernández destacó que esto se produce porque el cuerpo se enfrenta a un virus, y en ese enfrentamiento, el sistema inmune consume una elevada cantidad de energía y nutrientes para hacer frente a lo que lo está atacando. “Dentro del organismo se desencadena una cascada de reacciones donde, por un lado el sistema inmune genera citoquinas proinflamatorias y, por otro lado, cuando el virus se replica dentro de la célula y sale produce la muerte celular -precisó-. Entonces, la célula vuelca todo su contenido y aumenta aún más la reacción inmunitaria y con ello la inflamación, colaborando en lo que se conoce como tormenta de citoquinas”.
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Además, este virus, como todos, utiliza la célula del huésped para replicarse, pero se sabe que una característica del COVID es que ataca a las mitocondrias, por ese motivo, pasado el periodo agudo los síntomas aún persisten. “La mitocondria es una organela celular que tiene múltiples funciones, entre ellas, la generación de energía, por ese motivo es importante llevar una alimentación llena de nutrientes de calidad y realizar actividad física de manera frecuente para aumentar el número y la calidad de las mitocondrias”, añadió la especialista.
¿Qué nutrientes son los más alterados en pacientes post COVID?
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La docente indicó que existe una gran demanda de nutrientes en el momento en que el cuerpo debe enfrentarse al virus. “Desde que inició la pandemia y teniendo en cuenta infecciones con otros coronas, en China ya se plantean posibles líneas de tratamiento con vitaminas del complejo B, A, C, D, E, selenio y zinc. En la actualidad, hay evidencia que no sólo son importantes estos nutrientes, sino también el Omega 3, el manganeso y hierro y algunos principios activos como curcumina y flavonoides como quercetina, naringenina”, destacó Hernández.
Por otro lado, la profesional resaltó la importancia de la nutrición funcional para poder ver al paciente en su totalidad. “Partimos viendo la alimentación y los estilos de vida de las personas teniendo en cuenta su base genética, ya que el trato que tengamos hacia nuestros genes va a definir cómo vamos a enfrentarnos a distintas enfermedades, no sólo al COVID, porque cada paciente tiene su historia antes de infectarse, entonces tenemos que conocer también que traía antes”, explicó la especialista, para quien “por eso, cuando aparece el virus ‘gatilla’ el arma que se venía cargando desde hace varios años”.
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Así, para ella, “la respuesta a ese gatillo depende mucho de cómo se trata a los genes desde la alimentación, la actividad física, el descanso, el manejo del estrés, es decir qué factores de estilo de vida debemos tener en cuenta cuando hacemos un abordaje integral”.
Con respecto a las indicaciones para lograr una mejor recuperación, Hernández las resumió en:
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- Alimentación equilibrada, rica en nutrientes de calidad, como frutas, verduras, cereales integrales, carnes magras, alimentos ricos en Omega 3, probióticos y, en algunos casos, se debe pensar en suplementación justamente porque hay un agotamiento de los nutrientes debido al gran desgaste que se produce tal como lo recomienda el instituto de medicina funcional.
- Se debe tener en cuenta que diversos estudios indican que los pacientes que transitan de manera más grave la enfermedad por COVID tenían un bajo nivel de micronutrientes y no sólo eso, cuando se transita la enfermedad, muchos nutrientes caen drásticamente por su elevado uso.
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“Entonces en un principio se puede pensar en aportar alimentos fuente de vitaminas del complejo B, Vitamina C, D, E, A, zinc, magnesio, omega 3, coenzima Q10 y proteínas porque hay un proceso de destrucción de proteínas”, remató.
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