
Para la mayoría de las personas, la infección por SARS-CoV-2, el virus que causa COVID-19, produce síntomas leves a corto plazo, enfermedad respiratoria aguda o posiblemente ningún síntoma. Pero algunas personas tienen síntomas de larga duración después de la infección. Es lo que se denomina “long COVID” o COVID-19 prolongado.
Los científicos investigan desde hace tiempo esta variante de la enfermedad. Aunque aún hay puntos oscuros, nuestro conocimiento al respecto está aumentando. El long COVID se caracteriza por una acumulación de síntomas, que incluyen, de forma variable, dificultad para respirar, fatiga marcada, dolor de cabeza y pérdida de la capacidad para saborear y oler normalmente. Un estudio relativamente extenso de 384 personas lo suficientemente enfermas como para ser ingresadas en el hospital con COVID-19 mostró que el 53% permanecía sin aliento uno o dos meses después, y que un 34% tenía tos y un 69% fatiga.
“En aproximadamente un 30% de los pacientes que han transitado la enfermedad -sintomática o asintomática- persisten secuelas hasta tres meses después de haberla superado. En general, los síntomas del coronavirus de larga duración abarcan trastornos del olfato, tos, dificultad respiratoria, cansancio muscular y dolores de cabeza persistentes. Es muy importante que se constituyan equipos interdisciplinarios para asistir la consulta de estos pacientes”, aseguró desde Londres la reconocida patóloga pediátrica argentina Marta Cohen.
Según la especialista, en los pacientes que superan el COVID-19 también pueden observarse secuelas de cardiomiopatía que deben ser tratadas por médicos cardiólogos. Y al mismo tiempo, puede resultar necesaria la intervención de un médico neurólogo. “Otro de los problemas persistentes son las secuelas psiquiátricas. Tras una infección por COVID-19 puede quedar afectada la salud mental de pacientes de todas las edades, desde adultos hasta adolescentes y niños. Vemos problemas de ansiedad, de estrés postraumático y de depresión”, dijo.
“Aún por investigarse está la posibilidad de que el COVID-19 genere un aumento de las incidencia de diabetes tipo 1 y 2. El SARS-CoV-2 produciría una inflamación del páncreas llamada pancreatitis que lesiona y destruye las células beta que producen insulina. De esta manera los pacientes quedarían con un aumento en la posibilidad de desarrollar diabetes. Vinculado a esto está la aparición del hongo negro, una enfermedad rara y con alta tasa de mortalidad, que aparece habitualmente en pacientes con algún tipo de inmunodeficiencia como la diabetes, sida o tratamientos con fármacos inmunosupresores”, añadió la experta.
Los efectos sobre la salud del COVID-19 no solo pueden extenderse durante meses, sino que parecen aumentar el riesgo de muerte y afecciones médicas crónicas, incluso en personas que nunca estuvieron lo suficientemente enfermas como para ser hospitalizadas, encontró un estudio publicado en la revista científica Nature. Los investigadores analizaron los registros médicos de más de 73.000 personas en los Estados Unidos cuyas infecciones por coronavirus no requirieron hospitalización. Entre uno y seis meses después de infectarse, esos pacientes tenían un riesgo de muerte significativamente mayor (60 por ciento más alto) que las personas que no habían sido infectadas con el virus.
El estudio, basado en registros de pacientes en el sistema de salud del Departamento de Asuntos de Veteranos, también encontró que los sobrevivientes de COVID-19 no hospitalizados tenían un 20 por ciento más de probabilidades de necesitar atención médica ambulatoria durante esos seis meses que las personas que no habían contraído el coronavirus.

Los sobrevivientes del virus experimentaron una amplia gama de problemas médicos a largo plazo que nunca antes habían tenido, no solo problemas pulmonares por los efectos respiratorios del virus, sino síntomas que podrían afectar prácticamente cualquier sistema de órganos o parte del cuerpo, neurológicos, cardiovasculares o gastrointestinales. También tenían un mayor riesgo de tener problemas de salud mental, como ansiedad y trastornos del sueño. “Lo encontramos todo”, dijo un autor del estudio, el doctor Ziyad Al-Aly, jefe del servicio de investigación y desarrollo del VA St. Louis Health Care System.
“Es evidente que recuperarse de la enfermedad no significa recuperarse de las secuelas que esta puede haber ocasionado. Esto se constata en muchos de los pacientes que luego de haber superado la enfermedad quedan con un perfil de secuelas durante un tiempo prolongado e incluso pueden tener una mayor posibilidad de sufrir determinadas complicaciones o de fallecer. El SARS-CoV-2 es un microorganismo tremendamente inteligente y capaz. Hay que ser extremadamente prudentes para conseguir el objetivo final que debemos tener frente a él y que es el de no infectarnos”, manifestó consultado por este medio Amós García Rojas, presidente de la Asociación Española de Vacunología y asesor del plan de inmunización en España.
“Por todas estas razones, es muy importante que, incluso habiendo superado la enfermedad, los pacientes sean evaluados por un equipo multidisciplinario para poder tomar a tiempo cualquier complicación que pueda surgir como consecuencia de la enfermedad”, concluyó Cohen.
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