Cómo son los distintos etiquetados frontales de alimentos que hay en el mundo y cuál es el ideal para Argentina

El proyecto de ley presentado ya obtuvo media sanción en la cámara de Senadores y está por debatirse en Diputados. Los expertos trazan diferencias entre los distintos métodos de etiquetados y resaltan la necesidad de otorgarle la información clara al consumidor

(Shutterstock)
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El proyecto de ley de etiquetado de alimentos obtuvo media sanción en la cámara alta del Congreso nacional, y espera por el debate en Diputados. Pero son muchas las voces especializadas que indican distintas incongruencias entre lo que plantea la ley y entre cuál es la realidad concreta de los alimentos. Algunas ya fueron expuestas en esta nota, en la que da su opinión la nutricionista Ayelén Borg.

Para profundizar en la temática, Infobae dialogó con la nutricionista Gabriela Fedele (MN 124618), quien comenzó por caracterizar los distintos tipos de rotulados existentes. “Básicamente el rotulado, es toda inscripción o leyenda gráfica que aparezca en el paquete del producto del alimento. Hay diferentes formas y características, pero lo que se hace es dar una información con todas las características al respecto y las calidades nutricionales de ese alimento”.

Y desarrolla: “En el mundo hay más de 20, hay muchas formas de etiquetado. Uno de los más comunes que hoy escuchamos hablar es el NutriScore, que existe en Francia. También existe el conocido como ‘el semáforo’. Y lo que estos dos tienen de parecido son los colores. Si bien el semáforo tiene solo tres colores, el NutriScore cuenta con cinco colores y escalas, desde un verde hasta un rojo, pasando por distintos tonos”.

“Después están las pirámides, que nos indican la frecuencia de consumo: según que tipo de alimentos sea, con cuánta frecuencia se sugiere consumirlo. También existe el sistema australiano, que tiene estrellas, del 1 al 5, según su valor nutricional. Luego tenemos el más común, el de las referencias con porcentajes”.

“Por último, está el que se está debatiendo actualmente, que es el de los octógonos negros que se ponen en la parte frontal y advierten sobre un exceso de nutrientes críticos. También hay un etiquetado, que es el modelo israelí, que tiene también los octógonos -como se utiliza ahora en Chile y en México-, pero el octógono es rojo. Y es obligatorio cuando hay un exceso de nutrientes crítico. La diferencia que tiene es que existe la alternativa voluntaria de ponerle un sello verde en el caso de que cumpla con recomendaciones de dietas saludables. Entonces, tal vez un producto que tenga un sello rojo de advertencia, podría llegar a tener ese sello asociado”.

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“Lo que se tiene de similitud entre todos estos esquemas son, justamente, los nutrientes. Por ejemplo, el azúcar, la sal, las grasas totales y saturadas, y las calorías. Esto es lo que tienen en común, aunque estén expresados en forma distinta. Y lo que tienen de diferente son las formas de presentación que tienen cada uno, los símbolos, los dibujos, la forma que tienen de mostrar las características del alimento o producto”, caracterizó.

-¿Por qué los países europeos adoptan otro tipo de rotulados?

-Se hacen de acuerdo a evidencias y estudios. Y es para ir viendo de qué manera el consumidor pueda tener una mejor manera de decidir y elegir lo más saludable, o lo que prefiera dentro de un grupo de alimentos. Si bien hoy por hoy no hay tantos estudios científicos que respalden los beneficios a nivel salud de los etiquetados actuales, sí empezaron a ver que es la mejor manera de acercamiento al consumidor, de qué manera el consumidor puede elegir mejor un alimento. El NutriScore tiene bastante tiempo en uso, y se han empezado a hacer estudios de evidencias en relación al impacto en la salud. Y lo que tiene de característico este etiquetado es que de un grupo alimentario uno tal vez pueda elegir la mejor opción posible. Esto de tener diferentes colores hace que uno pueda decidir: “De este grupo alimentario, este alimento me conviene más que el otro”. Un etiquetado tiene que ser de fácil lectura, comprensible, entendible. Y creo que tuvo una buena adherencia en la población y también en los profesionales.

-¿Cómo se etiqueta hoy en Argentina?

-Actualmente es de difícil lectura, es chiquito, para verlo bien hay que sacarle una foto y ampliarla. Tiene mucha información, tiene muchas cifras y la gente, probablemente, no lo entiende. Y eso lleva a confusión. No veo a mucha gente leyendo las etiquetas y también es de difícil transmisión. Hay que ir a lo seguro, enseñarlo de manera más concreta. Creo que está bien que se reformule esta situación y vayamos por un etiquetado conveniente para el consumidor.

-¿Por qué es necesario un rotulado frontal en los alimentos que compramos?

-Los etiquetados son importantes y celebro que estemos evaluando de qué forma presentarlo o de qué forma sería mejor, porque es necesario saber lo que estamos consumiendo. Esto sirve para entender lo que vamos a consumir y elegir de acuerdo a esto. Dentro de las últimas evidencias, claramente surge el etiquetado frontal como una posibilidad para que esto suceda.

- ¿Cuál considerás el tipo de rotulado ideal?

-Teniendo en cuenta que no hay una evidencia contundente o papers científicos de gran valor -porque tiene que pasar mucho tiempo para que esto pueda ocurrir y poder decir: “esto sirvió, esto no tanto”-, considero que el NutriScore es el ideal, por tener más estudios. Pero me parece que el ideal va a ser el que sea más entendible, más legible, el que sea de fácil acceso para el consumidor, porque justamente es para ellos. También debe ser fácil de enseñar para los profesionales de la salud a sus pacientes.

-¿No es incongruente que un alimento recomendado por las Guías Alimentarias Argentinas tenga uno o más sellos negros?

-Nosotros nos guiamos a través de las guías alimentarias para la población argentina. Esas guías tienen grupos de alimentos que algunos profesionales, obviamente, difundimos porque queremos hacer que la gente consuma, porque los consideramos buenos para la salud, en la manera diaria de consumo, en una cantidad determinada. Algunos de los alimentos de esos grupos, según este proyecto, podrían tener en su frente algún sello. Pero sí, podría aparecer esta situación que lo hace raro, ya que los profesionales nos regimos por las guías alimentarias. Podría ocurrir, por ejemplo, que alimentos como el pan integral, algunos lácteos, legumbres o verduras en conserva, puedan llegar a tener un sello negro.

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-¿La educación alimentaria también aplica para la comida que se cocina en el hogar?

-Sí, por supuesto. Muchas veces, hacer cosas en casa te dan un montón de beneficios, como la manipulación de los alimentos, saber qué ingredientes voy a utilizar, cómo lo voy a cocinar. Pero si tenemos un déficit de educación alimentaria y no sabemos cuánto es lo máximo que le podemos poner, cómo se debe cocinar, cuál es el mejor método de cocción, cantidades y demás, puede ocurrir que los alimentos caseros no sean tan saludables. Comer en casa es mejor, por supuesto que es mejor, pero hay que cuidar esos pequeños detalles en la producción de una comida en casa.

Pese a las objeciones, Fedele cierra con cierto optimismo, ya que considera importante “que se arme esta iniciativa del etiquetado. Necesitamos un etiquetado que la gente pueda entender para decidir y mejorar su calidad de alimentación. Lo que realmente importa es tener en cuenta que el etiquetado es una herramienta. También es preciso difundir en educación alimentaria, como dije antes, porque es primordial para que la gente pueda decidir teniendo en cuenta que es lo que está eligiendo. Para esto, debemos reforzar siempre la iniciativa de un etiquetado, pero evaluar cuál sería el mejor. Y, si es este, las mesas de consenso son necesarias para evaluar estas situaciones y detalles en relación a alguna incongruencia entre nuestras guías alimentarias y la posibilidad de que exista algún sello”.

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