Preocupa a los expertos “una pandemia de muerte lenta como es la obesidad”

Según datos de la Sociedad Argentina de Nutrición, durante los dos primeros meses de aislamiento social “la mayoría de las personas subió de peso, y un 20% aumentó el consumo de alcohol”. La médica nutricionista Mónica Katz explicó a Infobae por qué las dietas no funcionan

"A nivel población, en la Argentina se cometen dos grandes errores, el exceso de harinas y muy poca fruta y verdura" (Shutterstock)
"A nivel población, en la Argentina se cometen dos grandes errores, el exceso de harinas y muy poca fruta y verdura" (Shutterstock)

Por definición de la Organización Mundial de la Salud (OMS), una enfermedad se cataloga pandemia cuando afecta a regiones geográficas extensas, por ejemplo, varios continentes. Tal es el caso del VIH, que a pesar de haber conseguido grandes avances en materia de prevención, test y tratamiento, aún la pandemia del VIH no fue resuelta.

En ese sentido, la obesidad califica como pandemia. Y según la médica especialista en Nutrición Mónica Katz es “preocupante una pandemia de muerte lenta” como esa “y las acciones pequeñas que se están desarrollando hasta el momento”.

La presidente de la Sociedad Argentina de Nutrición (SAN) analizó para Infobae de qué manera el aislamiento influyó en los hábitos alimentarios de los argentinos. “Los datos que tenemos en la SAN son preocupantes. En el momento más duro, los primeros 50 días, la mayoría de las personas subió de peso. Además, un 20% de aumento en el consumo de alcohol -señaló Katz-. Se cocinó mucho más, pero no vegetales y pescado, se cocinó más harina. Los hábitos alimentarios de los argentinos se deterioraron, sin tener en cuenta lo económico”.

Lo único bueno que para ella se puede rescatar es la mesa familiar. “Muchas familias recuperaron ese momento y por otro lado mejoraron las habilidades culinarias”, destacó.

La especialista brindará vía streaming el 25 de noviembre la charla “La comida funciona, las dietas no”.

- ¿Por qué la “comida funciona, las dietas no”?

- La comida funciona porque los humanos nos alimentamos para obtener nutrientes, calorías cada día, placer, para socializar, armar identidad, regular emociones, sin comida no podemos ser saludables. De hecho necesitamos 60 nutrientes cada día y una dosis de placer que te la puede dar la comida como otras cosas, por supuesto.

En cambio las dietas, que prohíben comida, que prohíben calidad, que prohíben nutrientes -a veces grupos enteros de comida-, sacan los hidratos por ejemplo, prohíben placer, lo que generan desde el punto de vista neurológico es una restricción calórica pero también hedónica, de placer y esto pone en marcha una respuesta psico-neuro-inmune que involucra las emociones, las hormonas, el cerebro que se opone a la restricción y nos predispone a dos cosas: a que el cuerpo funcione en modo ahorro bajando el gasto metabólico de reposo y por otro lado el cerebro está todo el tiempo pensando en cómo obtener comida. Con lo cual es muy probable el descontrol, el picoteo, o directamente el atracón. Las deudas de hambre se pagan con comida.

"Lo primero es que la gente cree que tiene control y la realidad es que si tuviera control no habría obesidad en el mundo" (Shutterstock)
"Lo primero es que la gente cree que tiene control y la realidad es que si tuviera control no habría obesidad en el mundo" (Shutterstock)

Consultada sobre cuáles creía que son los principales errores que cometemos a la hora de alimentarnos, Katz consideró que “dependen en general de que, en primer lugar, se asume que los humanos controlan la comida”. “Y si bien esto es un privilegio para algunos pocos, lo cierto es que entre que nos entrenaron a terminar el plato y que los humanos percibimos los alimentos como unidades de consumo y la unidad de consumo la arma tu casa, la cultura en la que vivís pero también el restaurante que frecuentás y la empresa de alimentos que envasa porciones los alimentos, así es que entendemos, lamentablemente, que esa unidad de consumo es la adecuada para consumir y se la termina”, opinó.

Para ella, “lo primero es que la gente cree que tiene control y la realidad es que si tuviera control no habría obesidad en el mundo. Es decir que los humanos tendemos a seguir comiendo más que a parar de comer”.

El segundo error -según Katz- es que se cree que espontáneamente se come bien y en realidad comer saludable implica un cierto esfuerzo. “Por ejemplo, habría que ser vegetarianos a tiempo parcial, que la mitad de tus comidas fueran vegetales, el resto carnes con predominio de pescados, legumbres, por supuesto pastas y cereales de buena calidad”.

“Otro error que cometemos es pensar que si queremos ser saludables el placer no tiene lugar. El placer no es un extra, es el eje de las decisiones cuando hablamos de comida y bebida. A nivel población, en la Argentina se cometen dos grandes errores, el exceso de harinas y muy poca fruta y verdura”, agregó.

- ¿Cree que con la información a mano y presentada de manera clara en un etiquetado las personas harían mejores elecciones alimentarias?

- Es imprescindible que la Argentina adopte dos cosas. La primera es un perfil de nutrientes, es decir, cómo clasificamos los alimentos. Si adoptamos un perfil de nutrientes donde solamente vamos a etiquetar lo envasado me parece que no vamos a hacer nada con la pandemia de obesidad que, como fenómeno global, ataca también a la Argentina. Me preocupa que en el perfil de nutrientes que vamos a adoptar y en la ley de etiquetado frontal dejamos afuera el restaurante de comidas rápidas, la comida de casa, el comedor de la escuela, el restaurante famoso, todo eso, salvo lo que está envasado en una góndola no va a tener etiquetado frontal. Si no hacemos algo para que esta ley de etiquetado solamente incluya lo envasado, lo industrializado no tendremos impacto sanitario.

En ese sentido, consideró que “no podría decirse que hay un etiquetado mejor”. “Lo que yo haría es rotular todo. Yo creo que un pan de manteca, o un envase de aceite tienen que tener también etiquetado -argumentó-. Porque ¿cómo puede ser que yo ponga un etiquetado frontal a un producto que tiene sodio, sal, azúcar o grasa y los ingredientes sal, azúcar y grasa no tienen octógonos, que es lo que la Argentina quiere poner?”.

"Si no hacemos algo para que esta ley de etiquetado solamente incluya lo envasado, lo industrializado no tendremos impacto sanitario" (Shutterstock)
"Si no hacemos algo para que esta ley de etiquetado solamente incluya lo envasado, lo industrializado no tendremos impacto sanitario" (Shutterstock)

“No hay modelo perfecto en el mundo pero sí hay modelos que se acercan más a poder comunicar lo bueno y lo malo de un alimento y no solamente malo”, destacó.

Y acerca de cómo cree que podría darse la puesta en práctica en el país más allá de la sanción de la ley, señaló que “el objetivo de adoptar un perfil de nutrientes es poder clasificar alimentos para hacer acciones sanitarias. En la Argentina se debe hacer una discusión acerca de qué perfil de nutrientes va a usarse”.

“No estoy de acuerdo con el que están adoptando porque después se va a usar para marketing, a chicos a grandes, quizás se use para impuestos, quizás se use para regulaciones de entornos laborales, etc. con lo cual hay que ser muy serios por el impacto que van a tener -opinó-. De la manera en que viene la ley, no me imagino un impacto inocuo”.

Y tras asegurar que no creía que se dé “el impacto sanitario que se desea”, sostuvo que “el segundo elemento importante de un etiquetado frontal es lograr incentivar que la industria tenga ganas de reformular para no tener el octógono negro, de hecho eso es lo que hizo Inglaterra: dio tiempo a la industria para que reformen”. “Esperemos que la ley incentive la reformulación, porque en última instancia lo que importa de un producto es la fórmula, la receta que tiene adentro, no el proceso -analizó Katz-. No me importa si un producto está pasteurizado, me importa cuánto sodio, cuánto azúcar agregado, cuánta grasa y cuántas calorías tiene. Esta ley no privilegia eso; confunde proceso con receta. Chile es un ejemplo de que con los octágonos de advertencia negros no se logró impacto sanitario”.

Sobre el streaming

La charla será el próximo 25, a las 20 y está dedicada especialmente a todas aquellas personas que se sometieron a innumerables y diferentes dietas; a los que padecieron privaciones, estrés y una sensación de no tener los mismos derechos que el resto del mundo; a los que recuperaron el peso perdido o alcanzaron uno aún mayor que el inicial, no sin la frustración y la convicción de “no poder”.

“También está pensada para aquellos librepensadores, audaces y de mente amplia que todavía creen que la realidad puede ser distinta y que tener un peso cómodo y sano es posible sin privarnos del placer primario del alimento”, invitó la especialista.

Las localidades se pueden adquirir a través de www.ticketek.com.ar

SEGUÍ LEYENDO

Obesidad, una pandemia que lleva 60 años

El drama de la obesidad infantil, la pandemia “tapada” que pone en jaque a futuras generaciones


MAS NOTICIAS

Te Recomendamos