
Con gran parte de la cosecha de maíz ya protegida de nuevos daños, el 42º informe de la Red Nacional de Monitoreo de Dalbulus maidis, evidenció una evolución heterogénea de la chicharrita en las distintas regiones productivas del país. El relevamiento también comenzó a mostrar el efecto modulador de las bajas temperaturas sobre las poblaciones del insecto vector del complejo de achaparramiento del maíz.
En las regiones endémicas del NOA y NEA, las poblaciones permanecen estables en niveles elevados, similares a los registrados en informes anteriores. En el NOA, donde el 85% de las trampas se ubicó sobre cultivos de maíz, el 94% de las localidades relevadas capturó más de 100 adultos por trampa. Además, se detectaron algunos síntomas en espigas de ciertos híbridos, asociados al complejo de enfermedades transmitidas por la plaga, actualmente bajo evaluación técnica.
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En el NEA, con predominio de maíces en estadios reproductivos avanzados, se observó una leve retracción poblacional, aunque todavía persiste una alta presión del vector: el 61% de las localidades evaluadas presentó más de 100 adultos por trampa. También allí comenzaron a analizarse alteraciones en espigas de determinados materiales. En tanto, en la región del Litoral se detectó una disminución moderada de las poblaciones, con presencia de Dalbulus maidis en el 97% de las trampas, aunque con menor incidencia de síntomas foliares vinculados al achaparramiento.

El informe señaló que el Centro-Norte del país, especialmente Córdoba, registró un incremento significativo de la plaga respecto del relevamiento anterior. Allí, el 74% de las localidades monitoreadas superó los 100 adultos por trampa. Sin embargo, los técnicos aclararon que la incidencia del complejo de achaparramiento continúa siendo baja y localizada. Una situación similar se observó en el Centro-Sur, donde hubo aumentos poblacionales puntuales, aunque el 40% de las localidades siguió sin registrar capturas.
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Los especialistas atribuyeron la disminución de insectos en algunas zonas a dos fenómenos ambientales clave: las primeras heladas y la creciente amplitud térmica. Según detallaron, las bajas temperaturas ya comenzaron a provocar mortandad de ninfas —más sensibles— y también de adultos sobre las hojas de maíz, reduciendo progresivamente la capacidad de supervivencia y dispersión del vector.
“Aunque esta campaña esté a salvo, insistimos en que es crucial seguir la pirámide de manejo del vector: monitorear trampas y cultivos sistemáticamente; elegir híbridos tolerantes y realizar aplicaciones oportunas según la información relevada en campo”, sostuvo Alejandro Vera, coordinador de la Red Nacional de Monitoreo. Además, advirtió que en las áreas de siembra temprana será fundamental controlar los maíces voluntarios o “guachos”, que funcionan como “puente verde” para la supervivencia de la chicharrita entre campañas.
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