
En el trabajo cotidiano con animales —en el campo, en los establecimientos productivos o incluso en el consumo de ciertos alimentos— existe un riesgo sanitario que muchas veces pasa inadvertido.
La brucelosis es una de esas enfermedades silenciosas: una infección bacteriana que afecta a múltiples especies animales y que también puede alcanzar a las personas si no se toman las medidas adecuadas.
Se trata de una zoonosis que puede presentarse de forma aguda o avanzar hacia cuadros crónicos cuando no se diagnostica y trata a tiempo. Su impacto no se limita a la producción pecuaria: involucra a la salud pública y exige una combinación de hábitos seguros, controles sanitarios y cumplimiento de normativas específicas.

Una enfermedad que afecta a muchas especies
La brucelosis no distingue ámbitos ni especies. Afecta a animales de producción como bovinos, caprinos, ovinos y porcinos, a animales domésticos como los perros, a fauna silvestre e incluso a mamíferos marinos. Esta amplitud explica por qué su control requiere una mirada integral y sostenida en el tiempo.
En las personas, la enfermedad puede adquirirse por distintas vías. Las más frecuentes están asociadas al consumo de leche sin pasteurizar o de productos elaborados con leche cruda —como algunos quesos—, así como al contacto directo con secreciones de animales infectados, especialmente durante abortos provocados por la enfermedad. En contextos específicos, como los laboratorios, también puede transmitirse por la inhalación de aerosoles.
Prevención: hábitos que reducen riesgos
La prevención es la herramienta más efectiva para disminuir la circulación de la brucelosis. En el ámbito del consumo, la recomendación es clara: elegir únicamente productos lácteos elaborados con leche pasteurizada y verificar que cuenten con el rótulo de identificación correspondiente al momento de la compra.
En las zonas rurales y productivas, las medidas preventivas adquieren un peso aún mayor. Las personas que trabajan con ganado deben utilizar elementos de protección personal adecuados —guantes, gafas y botas de goma— y realizar controles serológicos periódicos en los animales, al menos dos veces al año, para asegurar su estado sanitario.
Control sanitario en los establecimientos
Para avanzar en el control y la erradicación de la enfermedad en bovinos, el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria implementó la Determinación Obligatoria del Estatus Sanitario (DOES). Esta herramienta permite identificar animales infectados, sanear los establecimientos afectados y reducir el riesgo de propagación, conforme a lo establecido en la Resolución 67/2019 y su modificatoria 77/2021.
Además, se destaca la importancia de extremar los cuidados en el manejo de animales infectados y de los fetos producto de abortos asociados a la enfermedad, así como de desinfectar correctamente las áreas que puedan haber estado contaminadas.
Vacunación y estrategias complementarias
En las regiones donde la brucelosis es endémica, la vacunación constituye una estrategia sanitaria central. En el caso de los bovinos, es obligatoria la inoculación de terneras de entre 3 y 8 meses de edad con cepa 19 durante las campañas de vacunación antiaftosa y antibrucélica, con el objetivo de disminuir la infección y su diseminación.
A su vez, la Resolución SENASA 936/2025 amplía las opciones disponibles al habilitar la vacunación estratégica con cepas DELTAPGM y RB51. Esta alternativa está destinada a vacas adultas de dos años o más que hayan sido vacunadas en su etapa de terneras y puede aplicarse en establecimientos que cuenten con un estatus sanitario definido, en el marco del Plan Nacional de Control y Erradicación de Brucelosis Bovina.
La brucelosis es una zoonosis prevenible. Su control depende de la adopción sostenida de medidas sanitarias, la detección temprana y el cumplimiento de las normativas vigentes, con el objetivo de proteger la salud de las personas y preservar la sanidad animal.
Fuente: Senasa
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