En los últimos años, la matriz exportadora argentina dejó de apoyarse exclusivamente en el peso del agro. El avance del sector energético, apuntalado por la evolución de Vaca Muerta y por obras de transporte clave, generó un movimiento inesperado: la energía se consolidó como el segundo complejo exportador del país, detrás del sojero, y duplicó su participación dentro del comercio exterior nacional.
Esta expansión comenzó a modificar de manera sostenida el resultado de la balanza comercial del rubro, que en 2025 acumula un superávit cercano a los USD 6.000 millones.
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Producción en máximos y balanza energética en equilibrio
Según el informe de la Bolsa de Cereales de Córdoba, 2024 marcó un hito para los hidrocarburos: la producción de petróleo —convencional y no convencional— alcanzó los 40,8 millones de m³, el mayor nivel en dos décadas.
El gas natural también mostró un salto, con 50,8 mil millones de m³ anuales, recuperando los registros de 2008. Estos volúmenes permitieron reducir importaciones, incrementar envíos al exterior y sostener un saldo positivo que se afianzó en los últimos tres años.
El fortalecimiento de esta tendencia se explica por múltiples factores: mayor productividad por pozo, ampliación de ductos, la operación del gasoducto troncal que expandió la capacidad de transporte y un mercado externo más dispuesto a recibir crudo shale y gas natural.
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El agro mantiene el liderazgo y acompaña la transición
Aun con el avance energético, el agro continúa como el principal generador de divisas. En promedio, los Productos Primarios y las Manufacturas de Origen Agropecuario representan el 60% de las ventas externas de los últimos veinte años.
En 2025, entre enero y octubre, el complejo sojero aportó USD 17.000 millones —el 26% del total exportado—, seguido por maíz y trigo, que también mostraron mejoras tras la recuperación climática.
El informe destaca que cuando la energía atraviesa períodos de menor producción o enfrenta mayores necesidades de abastecimiento interno, el agro funciona como sostén del superávit comercial, compensando caídas y estabilizando ingresos.
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Una diversificación que apunta al mediano plazo
Las proyecciones oficiales ofrecen una mirada de largo alcance: hacia 2035, la balanza energética podría multiplicarse y alcanzar alrededor de USD 46.000 millones, impulsada por inversiones, ampliación de infraestructura y un mayor mercado externo.
De confirmarse este panorama, la agroindustria también se vería beneficiada por un flujo más estable de divisas, menores presiones cambiarias y una energía más accesible para la industrialización y la producción de insumos como fertilizantes.
El país podría así reducir la volatilidad de su estructura exportadora, con dos sectores fuertes que se retroalimentan: uno con tradición y escala global, y otro en plena transformación.
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Fuente: Informe económico 460; BCCBA
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