
La agricultura en Tierra del Fuego enfrenta un desafío que combina bajas temperaturas, heladas fuera de estación y un fotoperíodo cambiante que altera el desarrollo habitual de las plantas.
Con veranos breves y frescos, e inviernos largos y rigurosos, los cultivos deben adaptarse no solo al clima sino también a la particular duración de los días, que puede superar las 17 horas de luz durante el verano austral.
Frente a este escenario, desde el INTA Ushuaia impulsan estrategias para mejorar el rendimiento de las huertas en el extremo sur del país. Una de las principales propuestas es la siembra tardía, una práctica que se posiciona como una alternativa eficaz para enfrentar los efectos del fotoperíodo en algunas especies hortícolas.

Siembra tardía: una respuesta al exceso de luz
Aunque su nombre puede sugerir lo contrario, la siembra tardía en Patagonia no significa plantar tarde en el año calendario, sino hacerlo en los últimos meses de la temporada agrícola local, es decir, durante febrero. Este momento resulta clave para especies sensibles al fotoperíodo, como la espinaca, que suele florecer de forma anticipada cuando las horas de luz se incrementan progresivamente durante la primavera.
Esta floración temprana, provocada por el exceso de luz, limita el crecimiento foliar, que es justamente lo que se busca en las hortalizas de hoja. Por eso, sembrar en febrero permite que los cultivos atraviesen un periodo de desarrollo antes de que las bajas temperaturas otoñales interrumpan su crecimiento. En especies como la espinaca, esto permite que pasen el invierno en estado de latencia y retomen su desarrollo en primavera, listas para ser cosechadas hacia noviembre.
Especies recomendadas y cuidados especiales
El equipo técnico del INTA recomienda una selección de cultivos que demuestran buena tolerancia al frío, incluso a las heladas frecuentes fuera del invierno. Entre ellos se destacan la espinaca, acelga, kale, repollo, repollitos de Bruselas y brócoli. También se suman especies como mizuna, pak choi y rúcula, aunque estas últimas requieren ciertos cuidados adicionales si se cultivan durante el invierno.
En estos casos, se aconseja recurrir a coberturas que protejan las plantas de las temperaturas extremas. Incluso si las hojas se ven afectadas por las heladas, es importante evaluar el estado de partes clave como la raíz, el tallo y la corona, ya que muchas veces las plantas sobreviven y logran rebrotar con la llegada de la primavera.
Estrategias para una producción eficiente
Uno de los aspectos más relevantes para alcanzar buenos resultados es la planificación del espacio y del tiempo de siembra. La técnica Kati Pohjola, del INTA Ushuaia, subraya que organizar el calendario y considerar el comportamiento de cada especie ante el clima fueguino es determinante, tanto para quienes cultivan para autoconsumo como para quienes buscan comercializar sus productos.
Un punto a tener en cuenta es la forma de siembra. En el caso de la espinaca, por ejemplo, se recomienda evitar el trasplante, ya que esta práctica puede acelerar su floración. En cambio, es preferible sembrarla directamente en el lugar definitivo. Por otro lado, cultivos como la acelga, el brócoli, el kale o el repollo no presentan inconvenientes con el trasplante y pueden ser manejados con más flexibilidad.
Producción posible, incluso en el fin del mundo
Cultivar en Tierra del Fuego implica repensar los tiempos y las técnicas tradicionales de la agricultura. El fotoperíodo, que en otros puntos del país no representa una preocupación, aquí se vuelve un factor decisivo. Pero con planificación, adaptación varietal y estrategias como la siembra tardía, es posible superar los límites impuestos por el entorno natural.
Así, se abren caminos para que la producción hortícola en el sur del país continúe creciendo, aprovechando al máximo el potencial de las especies resistentes.
Fuente: Inta
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