
El fuego deja cicatrices profundas en el paisaje y en quienes dependen de él. En la Comarca Andina del paralelo 42, los incendios recientes en Epuyén (Chubut) y Mallín Ahogado (Río Negro) arrasaron miles de hectáreas, afectando bosques, viviendas y la producción agrícola. Ahora, la prioridad es recuperar el suelo y minimizar el impacto en la ganadería. Especialistas del INTA Patagonia Sur trabajan junto a los productores para implementar estrategias que favorezcan la restauración del ecosistema y el bienestar animal.
Proteger el suelo, una prioridad
Para evitar la erosión y fomentar la regeneración del terreno, se recomienda sembrar especies anuales de rápido crecimiento, como leguminosas, cereales o gramíneas. Estas plantas cubren la superficie afectada, reduciendo la pérdida de suelo y favoreciendo la retención de humedad.
A su vez, es clave impedir el pastoreo en las áreas quemadas, ya que los animales ralentizan la regeneración vegetal. En terrenos con pendiente, se sugiere colocar troncos y ramas en disposición perpendicular para frenar la escorrentía del agua y prevenir la degradación del suelo.

Otro punto fundamental es respetar los tiempos naturales de recuperación del bosque. Los especialistas advierten que no se deben cortar árboles ni arbustos hasta dos otoños después del incendio, ya que muchas especies, como el ñire, el maqui, el pañil o el radal, pueden rebrotar desde la base. La reforestación, en caso de ser necesaria, debe priorizarse en el primer otoño posterior al fuego.
Control del ganado y alimentación
El manejo de los animales en establecimientos afectados requiere ajustes estratégicos. Se recomienda reducir la carga ganadera priorizando madres y reproductores en buen estado, mientras que los animales más débiles o enfermos deben descartarse. También es conveniente realizar un destete anticipado para disminuir el esfuerzo de las madres y la demanda de alimento.
Si la disponibilidad de pasto es escasa, es necesario complementar con forraje. En este sentido, se sugiere proporcionar un kilo de pasto por día a cada oveja y cinco kilos a cada vaca. Además, se deben revisar las aguadas, especialmente aquellas de aguas quietas, para garantizar su calidad.
El estado de salud del ganado también es una preocupación central. Es importante observar a los animales en busca de lesiones ocasionadas por el fuego, como quemaduras, irritaciones o problemas en pezuñas y ubres. En caso de detectar afecciones, se recomienda consultar con un veterinario.
Minimizar la intervención y dar tiempo a la naturaleza
La recuperación del ecosistema demanda paciencia y planificación. Es fundamental restringir el uso de las áreas quemadas, evitando la circulación de vehículos y animales por al menos dos otoños. También se desaconseja la extracción de troncos y leña antes de los dos años, ya que la madera quemada cumple un rol clave en la regeneración del suelo.
Los incendios dejan huellas imborrables, pero con acciones coordinadas y buenas prácticas es posible restablecer el equilibrio del ecosistema. La recuperación llevará tiempo, pero cada medida adoptada hoy es un paso firme hacia la restauración de la tierra y la continuidad de la producción agropecuaria en la región.
Fuente: Inta
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