
El campo espera un “centro” en 2025, asegura el economista Franco Artusso en su análisis para la Fundación Mediterránea. En el primer Monitor Productivo del año, el reporte destaca que 2024 cerró con incertidumbre en el sector agropecuario, dado que algunas empresas de referencia entraron en default, abriendo el debate sobre si son problemas de gestión o el inicio de una crisis más profunda. En ese contexto, “aunque los indicadores no muestran una crisis generalizada en el corto plazo, los precios deprimidos, una moneda fuerte y posibles reveses climáticos generan preocupación, especialmente para productores en campos alquilados” subraya Artusso.
El economista puntualiza que el precio de la soja se encuentra en mínimos históricos, un 27% por debajo del promedio 2002-2023. En tanto, en el mercado local, el poder adquisitivo cayó casi un 30% frente a la media de las últimas dos décadas, alcanzando valores históricamente bajos. Este panorama de precios bajos, asegura el análisis de la Fundación Mediterránea, impacta directamente en los márgenes de rentabilidad de los productores, que deben enfrentarse a un aumento de los costos internos mientras los precios internacionales siguen a la baja.
A ello, se suma que la brecha con Brasil sigue creciendo. A diferencia de Argentina, el país vecino no aplica derechos de exportación (DEX) sobre la soja, lo que ha favorecido su competitividad. En el último año, los productores brasileños recibieron entre un 35% y un 40% más por tonelada de soja que sus pares argentinos, debido a la ausencia de impuestos sobre las exportaciones y la reciente depreciación del Real frente al Dólar. Este diferencial es significativo, especialmente en un contexto de precios bajos a nivel global. En tal sentido, el informe subraya que, para recuperar competitividad, es clave avanzar en reformas estructurales y en la eliminación de retenciones.

El Monitor Productivo de la Fundación Mediterránea, considera que, a pesar de la sequía del ciclo 2022/23, los problemas que generó la chicharrita del maíz en la campaña 2023/24, la caída de precios internacionales en el último año y medio, y los problemas que enfrentan algunas empresas, los indicadores disponibles no muestran un deterioro suficiente como para inferir el desarrollo de una crisis generalizada en el sector, al menos no en el corto plazo. Asimismo, advierte que las empresas declaradas en default en las últimas semanas “parecen haber llegado a esta situación por debilidades propias, por exceso de toma de riesgo o deficiencias propias acumuladas de gestión económica (en los planos productivo, comercial y/o financiero), sin desconocer, por supuesto, que bajo un escenario macroeconómico más estable y una menor presión tributaria, alguna de estas compañías podría disponer de un mejor presente y haber logrado evitar la cesación de pagos”.
El informe destaca, como señales positivas, que la tasa de morosidad en los créditos agrícolas se encuentra en su nivel más bajo en más de siete años, y los productores no parecen estar liquidando grandes volúmenes de su cosecha. De hecho -detalla el análisis- el valor de la soja y el maíz no comercializados a fines de diciembre de 2024 es uno de los más altos en los últimos años, lo que sugiere que los productores aún cuentan con el respaldo financiero necesario para sostener sus inventarios.
En cuanto a la importación de agroinsumos, aunque con precios más bajos, “muestra una tendencia positiva en términos de volúmenes, lo que indica que los productores están invirtiendo en la próxima campaña. Además, la siembra de soja y maíz avanzó a un ritmo cercano al promedio de los últimos años, lo que también sugiere que la actividad agrícola continúa de manera estable”, detalla el estudio.
Márgenes agrícolas muy ajustados
Artusso advierte que, “el hecho de no haber señales de un inminente y generalizado colapso del sector no debe hacer perder de vista la difícil situación por la que este deberá atravesar este año el agro con márgenes agrícolas muy ajustados”. Y concluye que “un revés climático que afecte los rendimientos podría ser crítico, particularmente para productores que trabajan sobre campos alquilados y en zonas que vienen más castigadas por los eventos adversos de las últimas dos campañas”.
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