
En la ganadería, dos campos pueden tener el mismo número de animales y obtener resultados muy distintos. La diferencia suele aparecer en variables que no siempre se perciben a simple vista: porcentaje de destete, calidad del forraje, manejo reproductivo, genética utilizada o grado de adopción de tecnologías.
En ese escenario, el conocimiento generado por la ciencia se vuelve una herramienta clave para mejorar la eficiencia productiva.
Investigaciones impulsadas por el INTA dentro de la iniciativa Ganadería ConCiencia reúnen evidencia sobre sistemas pastoriles, mediciones de carbono en suelos y avances tecnológicos que ya muestran resultados en los establecimientos productivos.
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El objetivo es aportar información para fortalecer una ganadería capaz de producir alimentos saludables, trazables y con mejores indicadores productivos.
Mirar al sistema completo
Para Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA e integrante de la iniciativa, la eficiencia productiva se construye a partir de la incorporación de datos y conocimientos provenientes de la investigación científica.
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Desde esa perspectiva, la ganadería debe analizarse como un sistema pastoril complejo. Estos sistemas funcionan como ecosistemas multifuncionales que regulan procesos ecológicos y sostienen servicios ambientales valiosos para el territorio y las comunidades rurales.
Por eso, al evaluar el impacto de la actividad no sólo se considera cuánto emite un animal, sino también cuánta carne o leche produce durante su vida útil y cuánta superficie requiere para hacerlo. Esa relación permite entender de forma más completa —y también más justa— el desempeño de los sistemas productivos.
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El valor de los pastizales
Diversos estudios desarrollados por equipos del INTA junto con organismos internacionales muestran mejoras en la productividad por cabeza y por hectárea, con efectos positivos para el ambiente, el productor y la economía del país.
En ese marco, las investigaciones destacan el papel de los pastizales. Gran parte de los pastizales templados, subtropicales y patagónicos de la Argentina pueden funcionar como sumideros de carbono cuando se manejan adecuadamente. Estudios de largo plazo registran capturas significativas asociadas al manejo correcto de las pasturas.
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Además de proveer forraje de calidad para la ganadería extensiva, estos ambientes cumplen funciones ecológicas clave. Contribuyen al ciclado de nutrientes, ayudan a controlar la erosión, favorecen la infiltración y almacenamiento de agua y generan microclimas que reducen el estrés térmico del ganado.
Tecnologías que ya muestran resultados
La evidencia científica y la experiencia de campo coinciden en que existen prácticas y tecnologías que permiten mejorar al mismo tiempo la producción y el desempeño ambiental de los sistemas ganaderos.
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Entre ellas se destacan el manejo rotativo de pastizales, la suplementación estratégica orientada a objetivos productivos concretos y el manejo reproductivo eficiente, con herramientas como el entore temprano o la inseminación artificial a tiempo fijo.
A estas prácticas se suman los sistemas silvopastoriles —que combinan árboles y pasturas y aportan sombra y confort animal—, el mejoramiento genético orientado a la eficiencia alimentaria y herramientas de ganadería de precisión. Sensores para monitorear clima, agua de bebida, condición del pasto y estado del rodeo permiten tomar decisiones basadas en datos.
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Una oportunidad para la ganadería argentina
En un contexto internacional que demanda cada vez más trazabilidad ambiental e información sobre las condiciones de producción, la ganadería argentina encuentra una oportunidad estratégica.
La combinación de sistemas pastoriles, conocimiento técnico acumulado y herramientas para medir servicios ecosistémicos permite pensar en una oferta de carne diferenciada.
fuente: Inta
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