El agro es sindicado por distintos analistas como “uno de los sectores que crecen”. El trabajo de un centro de estudios económicos y sociales advierte que “los sectores primarios exportadores tradicionales (agro, minería e hidrocarburos), la banca y las empresas de servicios regulados son algunos de los grandes ganadores de este año. También sectores beneficiados por la desregulación económica, como laboratorios, prepagas, y empresas alimenticias”. No es una opinión aislada, son varios los que repiten esta idea como una letanía.
Insisten en confundir la salida de tres años de seca, con un incremento de la rentabilidad del negocio, ganancias adicionales o cualquier cosa que suene parecido. Y si no lo ven como ganador de todos modos desconocen que el agro no está en su mejor momento ni mucho menos.
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Está claro que la realidad no es floreciente. Precios internacionales y locales deprimidos, el pago de tributos de todo tipo y color, sobre todo retenciones, una paridad cambiaria que no colabora y compradores que pisan el freno esperando definiciones del mercado, hacen que el escenario resulte mucho más complicado de lo que se visualiza desde la metrópoli.
La caída de una empresa distribuidora de agroquímicos de vasta trayectoria en la provincia de Santa Fe, encendió luces amarillas en días recientes. Probablemente se trate del caso más detonante, pero no es el único. Nos está diciendo que hay aspectos financieros que se van complicando, y que el stock por el que muchos apostaron de cara a la nueva campaña se ha convertido en un ancla muy difícil de levantar.
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La empresa en cuestión habría acumulado una deuda muy pesada. Más allá de los errores que puedan achacársele -que seguramente los hubo- y las dudas sobre la funcionalidad de determinados instrumentos de financiamiento –el pagaré bursátil está cuestionado-, es razonable pensar que el contexto no la ayudó en absoluto. Por cierto, se sospechan otros nombres atravesando dificultades similares en el segmento de insumos.
Fuentes del sector hablan de una caída en la venta de estos aliados de la producción, en especial los fitosanitarios. Empresas saturadas de mercadería que el productor no compra en la dimensión necesaria para que el negocio de la distribución tenga fluidez. Mercadería que en algunos casos el distribuidor pagó por encima del valor al que puede venderse actualmente. El negocio del campo es de márgenes ajustados, nadie está en condiciones de tirar manteca al techo.
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Es cierto asimismo que con un dólar quieto, inflación fuertemente recortada después de haber acumulado más del 100% en el año y costos en pesos que se encarecen en términos de la divisa estadounidense, las pautas de la distribución de semillas y agroquímicos son otras. También el manejo de las cuentas en la propia explotación agropecuaria es distinto. Hay todo un proceso de ajuste en marcha, que dejará a algunos a la intemperie.

“En este difícil contexto se comunica que la sociedad no está en condiciones de abonar los pagarés bursátiles cuyos vencimientos operan entre el mes de diciembre de 2024 y junio de 2025″, reza la nota lapidaria del titular de la empresa santafesina caída en desgracia. Agrega que la firma se encuentra atravesando una “situación de iliquidez, pero que está tomando todas las medidas necesarias para revertirla a la mayor brevedad posible y de manera eficiente y efectiva”. La complicación financiera tendría origen en las menores ventas de agroquímicos en 2023, sin revancha durante el año en curso.
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José Luis Tedesco, un reconocido profesional ligado a Aapresid, de vasta trayectoria en el sector agropecuario, recogió el guante. Afirma que la rentabilidad negativa de la producción agrícola impacta en una menor inversión en insumos. “Se debe a la excesiva presencia del Estado en toda la cadena. Quedan aún impuestos abusivos y regulaciones a pesar de los esfuerzos del gobierno nacional, que impactan en los costos previos al acto de producir, al igual que en los gastos de comercialización, logística y transacción”. Y destaca sobre todo el efecto nocivo de la aplicación de las mal llamadas retenciones.
Tedesco reconoce que es en extremo difícil resolver la ecuación que tiene el gobierno nacional por delante, porque necesita recortar aún más el peso del Estado para aliviar la carga del sector privado. Y mucho de ese Estado por recortar es municipal y provincial, donde prácticamente no tiene injerencia, o la poca que tiene está planteada de manera deficiente y al estilo de la vieja política que se coló en los armados.
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En este contexto, la reforma tributaria no sólo es necesaria, sino vital para devolver competitividad a las empresas, que por estos días no pueden alcanzar tal condición ya que continúan cargando demasiado Estado en sus cuentas. “Los desafíos que tiene por delante el gobierno requieren equipos adaptados para realizar ‘cirugía de alta complejidad’ en todos los frentes. Por ello es fundamental contar material humano a la altura de los desafíos que se deben enfrentar. Y lo tenemos por cierto”, afirma Tedesco.
Mientras tanto, los viejos modos de la política ya no funcionan más y sólo acarrean descrédito. “Esperamos que las empresas en problemas puedan continuar sus actividades y no acaben desapareciendo mientras todo el escenario político y económico se reconfigura a su alrededor. El campo es un gran motor de la economía argentina, dejarlo sin rentabilidad puede traer consecuencias muy graves para toda la economía argentina”.
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No se puede menos que coincidir con la acertada radiografía que Tedesco trazó a partir de los elementos de la realidad circundante. Quizás el primer paso es transmitirle al resto de la sociedad que no todo lo que reluce es oro, que obtener más granos en un lote no implica necesariamente que se esté ganando el dinero suficiente para sostener la actividad. Y como bien dice este profesional, mucho cuidado con matar la gallina de los huevos de oro.
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