La ciencia detectó que algo que se habría modificado en el núcleo de la Tierra estaría alargando la duración de los días. En rigor, aunque la humanidad ha esquematizado su vida en torno a un día de 24 horas, “la duración del ciclo en que se suceden el día y la noche es, en promedio, ligeramente menor: 23 horas, 56 minutos y 4 segundos. Eso es lo que tarda nuestro planeta en rotar completamente sobre su eje, un fenómeno conocido como día sidéreo”, asegura el Licenciado en Ambiente, meteorólogo, y periodista científico, Mauricio Saldívar.
A lo largo de nuestra historia, la ciencia pudo encontrar las causas por las cuales la duración del día puede fluctuar. “La Luna se aleja de la Tierra a un ritmo de 3.8 cm cada año, haciendo que nuestros días se hagan un poco más largos, alrededor de 1.72 milisegundos por siglo”, explica Saldívar. “Inclusive y a corto plazo, la humanidad puede contribuir a alargar un poco más los días, al reducir la cantidad de agua atrapada en los glaciares y los casquetes polares con el derretimiento provocado por el cambio climático”, agrega el experto de Meteored.
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Sin embargo, “se ha detectado una misteriosa variación en la duración del día sidéreo entre 3 y 4 milisegundos, en una escala de hasta milenios, que ha resultado un poco más difícil de precisar... hasta ahora”, advierte.
El secreto estaría escondido en el núcleo de la Tierra

Un equipo de geofísicos del Instituto de Geodesia y Fotogrametría del ETH Zürich en Suiza, “cree haber encontrado la causa de estas pequeñas alteraciones en la rotación del planeta”, detalla Saldívar.
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Descubrieron que ciertos pequeños movimientos en el límite entre el núcleo de hierro fundido de la Tierra (a miles de kilómetros bajo la superficie) y el manto podrían estar afectando la rotación. Si bien anteriormente hubo intentos de vincular estos movimientos con datos observados, las mejoras en las técnicas de modelización teórica como la recopilación de datos de observación han mejorado significativamente, permitiendo identificar la causa de ese cambio casi imperceptible, subraya el Lic. Saldívar.
Para identificar con precisión la fluctuación correcta, el equipo de investigadores utilizó una red neuronal que modeló los cambios de volumen del hielo y agua terrestre para determinar cómo alteran el giro de la Tierra, incorporaron los efectos de la atracción de la Luna y de la corteza elástica de la Tierra, datos históricos de eclipses y ocultaciones lunares, y utilizaron mediciones precisas del campo magnético terrestre, “para aislar otras fluctuaciones y así enfocarse en buscar signos de la influencia del núcleo”, subrayó el meteorólogo.
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Hace millones de años, el día duraba… ¡10 horas!

“Hace 4.500 millones de años, el día en la Tierra duraba menos de 10 horas. Desde entonces, la Luna y su atracción gravitacional ha ido ralentizando la rotación de nuestro planeta, alargando los días”, explica Saldívar. “Sus resultados sugieren que la influencia de los cambios en la masa de hielo y agua de la Tierra fue menor de lo que se pensaba; y que las fluctuaciones en escalas de tiempo milenarias fueron consistentes con un modelo simplificado de la magnetohidrodinámica del núcleo fluido externo de la Tierra”, agrega.
En ese contexto, el núcleo terrestre de hierro fundido, “es muy probablemente el causante de pequeñas alteraciones que afectan la rotación del planeta, alargando la duración del día”, indica el experto.
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Sin embargo, la investigación que lleva adelante el equipo de geofísicos en Suiza (referenciado en “Length of day variations explained in a Bayesian framework”, Kiani Shahvandi, M., Noir, J., Mishra, S., & Soja, B., 2024) advierte que medir algo tan sutil e identificar sus causas no es tarea sencilla, y que el margen de error puede ser significativo. “Descartamos que las oscilaciones climáticas sean impulsores en la modificación de la duración del día, pero con todas las incertidumbres y deficiencias – incluida la falta de un modelo físico integral que tenga en cuenta varios componentes de la dinámica central –, existe una amplia motivación para mejorar los modelos disponibles actualmente del núcleo de la Tierra, que tendrán implicaciones considerables para la geodinámica interna y externa”, concluye el estudio.
Ciencia agrícola proyectada hacia el futuro

¿Cómo afectarían éste y otros cambios a la producción agrícola? Precisamente, en el contexto actual, en el que el cambio climático y la necesidad de una producción sostenible exigen un manejo responsable de los recursos, los ensayos de larga duración son pilares esenciales para proyectar el agro del futuro. La información obtenida se convierte en un recurso fundamental para adaptar la agricultura a las realidades del mañana, permitiendo anticipar y planificar la producción de manera estratégica.
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Estos estudios, que abarcan décadas, permiten observar de manera detallada cómo las prácticas de manejo agrícola afectan el suelo, los cultivos y el entorno. Al extenderse mucho más allá de los ciclos de cultivo convencionales, estos ensayos brindan respuestas a problemas que se manifestarán en el largo plazo y ofrecen información esencial para optimizar los sistemas productivos. En Argentina, la Red de Ensayos de Larga Duración del INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria), por ejemplo, ha sido pionera en este ámbito. Con más de 70 investigaciones en todo el país, el INTA estudia desde cómo las prácticas agrícolas influyen en la salud del suelo hasta los efectos de la rotación de cultivos en el rendimiento y la biodiversidad.
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