
El peronismo afronta un desafío de gran porte. Tal vez uno de los más importantes de la última década. Fundar un nuevo proyecto político, discutir un cambio de ciclo después de dos décadas de los Kirchner al frente del poder interno y empujar, de abajo hacia arriba, la construcción de nuevos liderazgos que revitalicen y actualicen la plataforma electoral de la fuerza política.
Ese debate va a nacer, inevitablemente, desde todas sus terminales. Porque hay un convencimiento pleno de que, así como están, no pueden edificar una propuesta política que cautive a las mayorías. El contundente triunfo en la provincia de Buenos Aires no alcanza para creer que el proyecto que integran es sólido. Hay un sinfín de razones que avalan esa teoría.
La Libertad Avanza (LLA) pintó el país de violeta y se consolidó como oficialismo en medio de la turbulencia financiera y el renacimiento, corto y potente, del peronismo bonaerense, luego de los comicios del 7 de septiembre. En ese instante el PJ creyó que comenzaba el final de los violetas y el empoderamiento los azules. Pero la trompada electoral del 26 de octubre opacó todas las predicciones.
El peronismo del interior espera, con cierta pasividad, que la interna de PJ Bonaerense se resuelva en el primer semestre. “Para junio o julio tenemos que saber dónde estamos parados y quiénes somos”, sostuvo un senador nacional. Casi nadie se anima a avanzar en la construcción de un plan federal con la interna del kirchnerismo flotando en el aire en forma continúa.

Los gobernadores fueron el único polo de poder que dio una señal de lo que quiere hacer. Sacudieron por un rato la vida interna del peronismo nacional. Pero, aquella trascendente reunión en la casa de La Pampa, fue solo un gesto político que expone el lugar que ocupan y las peleas que quieren dar. En 2026 es probable que haya otras tribus que empiecen a mostrar los dientes. Porque, en definitiva, cuando pierde el peronismo, pierden todos los que están adentro.
El eje de la discusión de este año pasará, casi inevitablemente, por el lugar que ocupe Cristina Kirchner en el próximo armado nacional. Porque hay un sector importante del peronismo que cree que su figura, su forma de hacer política y las agrupaciones que la sostienen, son parte de un dispositivo político agotado, desgastado y anulado por su incapacidad de construir alianzas en el interior del país.
“Cristina le dio todo a Axel. Lo hizo diputado, ministro de Economía y gobernador de Buenos Aires. Y Axel no entendió que tenía que llegar al 2027 siendo el candidato de esta expresión política, pero sin romper todo”. El pensamiento de un diputado nacional cristinista es, al mismo tiempo, el de muchos dirigentes que construyeron su identidad política basada en la fidelidad hacia el liderazgo de CFK.
En el cristinismo nunca aceptaron -ni lo aceptarán- el camino que siguió Kicillof, que quiso patear el tablero, limitar el dedo todopoderoso de su mentora luego de la mala experiencia del 2019, y construir un espacio interno para frenar las imposiciones de círculo más chico que rodea a CFK y que lidera Máximo Kirchner.
“La Cámpora nunca le va a entregar nada a Axel. Todo lo que se logre es a fuerza de cagarse a palos. Van a tener que revisar qué hacer de acá en adelante. Porque con los actos en San José 1111 no vamos a llegar a ninguna parte. Tienen que encontrar su lugar en la cancha”, precisó un intendente del Movimiento Derecho al Futuro (MDF) que trabaja para la candidatura presidencial de Kicillof.
El peronismo bonaerense tiene por delante esa pelea de poder interna que, lejos de terminarse, se dilata. Y, al mismo tiempo, ocupa un lugar central en la agenda del peronismo nacional, donde, por ahora, la calma está atada a la especulación sobre el rearmado nacional. Alguien tendrá que mover la pelota para que el juego vuelva a comenzar en este 2026.
Hay una coincidencia entre la mayoría de los gobernadores, los senadores y los diputados del peronismo del interior. Todos creen que el ciclo de Cristina Kirchner está agotado y que la discusión del peronismo debe ser, durante todo este año, lo más horizontal posible. Pero no se puede postergar. Porque mientras el tiempo pasa, Milei ramifica su partido en todas las provincias del país y construye acuerdos con gobernadores que dejaron el PRO o que ya no son tan radicales como antes.
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