
Axel Kicillof nunca se había referido a la interna del peronismo de la forma en la que se refirió ayer. Tomando recaudos, sin nombres propios y con la idea de que su mensaje esté vinculado a la construcción más que a la destrucción, dejó a la luz los hilos de la discusión interna que lo separa del cristinismo.
“Últimamente no hablé con Cristina”, dijo en una entrevista que le concedió al canal de streaming Gelatina, en donde dejó en claro varios temas de la rosca política que lo involucran: la interna, las PASO, el desdoblamiento, su relación con la ex presidenta y el trauma del poder delegado.
Lo que el Gobernador expresó en público es lo que hace largos meses vienen diciendo sus lugartenientes en privado. Desde ese lugar, no hay novedad alguna. Lo trascendente es que salga de su boca, que asuma el costo interno que le puede generar la descripción de las divisiones geográficas en el kirchnerismo.
Kicillof no quiere ser otro Alberto Fernández. No quiere que lo ordene una figura superior como Cristina Kirchner. Sabe que si tiene alguna posibilidad de llegar al poder en el 2027, no puede ser protagonista de un encadenamiento de errores similares a los que se cometieron en el Frente de Todos. Encontró una forma elegante de decirlo. Pero para él no sirven las bendiciones, ni los dedos poderosos. Hay que modificar el funcionamiento del dispositivo electoral.
“Tuvimos un presidente que no tenía autoridad. Obvio que le pongo responsabilidad a Alberto, pero como diagrama, como esquema, yo no creo que de cara a lo que viene alguien vote a un presidente sin autoridad”, precisó.
Sobre ese tema, acumuló una frase más muy significativa y conectada con lo que le faltó al último gobierno peronista. “Vamos a tener que tener unidad de concepción, acción y acompañamiento. El oficialismo tiene que tener el apoyo de la fuerza política. Y eso hay que construirlo”.
Si explicitó la necesidad de que un eventual gobierno tenga al oficialismo detrás, fue porque durante la gestión de Alberto Fernández la coalición estaba tan fragmentada que el oficialismo se redujo a un grupo de leales que rodeaba al Presidente en la Casa Rosada.
Los ejemplos de Kicillof desnudaron sus temores y sus peleas. No quiere mirarse en ese espejo roto del 2019. Para volver a la Casa Rosada hay que cambiar. Muchas cosas. Tal vez por eso, el economista explicó que tiene una posición “muy dura” respecto a lo que fue esa gestión y que el peronismo debería tener “una discusión más frontal” sobre los errores del pasado.

El Gobernador dijo sin decir tantas cosas como pudo. Todos los que están inmersos en el sistema político lo entendieron con claridad. El mayor reparo que puso fue cuando comparó la constitución del Gabinete de Fernández y el de él, ambos formados por acuerdos entre la cabeza del Ejecutivo, Cristina Kirchner y Sergio Massa.
Recordó que el gabinete del pasado estaba loteado y aseguró que el de su gestión no corre la misma suerte. “Forman parte de mi gabinete varios ministros de La Cámpora. Si estuviéramos en una situación de ruptura, eso no ocurría”, señaló. Un intento de poner paños fríos a una interna que nunca terminó. Kicillof fue y volvió en el tiempo para explicar los argumentos de sus diferencias con el kirchnerismo.
Su distancia con la agrupación de Máximo Kirchner la desnudó en un abrir y cerrar de ojos. En una sola definición contó que es lo que no quiere para su flamante espacio político, el Movimiento Derecho al Futuro (MDF). “No es una orga vertical donde yo soy la cabeza y todos me responden. Este espacio tiene una lógica movimentista, donde articulamos una serie de acciones”, planteó. La “orga” es la forma en la que se nombran internamente en La Cámpora, por si quedaban dudas de hacia donde iba el mensaje.
Las PASO, el desdoblamiento y la decisión final
Kicillof ya tiene decidido qué hacer con las elecciones bonaerenses. Si hasta aquí no concretó su voluntad, es porque el oficialismo provincial no tiene mayoría en las dos cámaras legislativas, porque la mayor parte de los legisladores no le responden directamente y porque para que no se rompa todo en mil pedazos, sigue creyendo que la decisión final sobre el proceso electoral tiene que ser consensuada.
En La Plata aseguran que si no tuviera la intención de buscar un consenso entre las partes, ya hubiese ejecutado el desdoblamiento. Si no lo hizo hasta acá, es porque su intención es evitar la ruptura de los puentes que existen entre el cristinismo y el kicillofismo. La unidad se dilata y no llega, aunque detrás de escena casi todos estén convencidos de que llegará.
Kicillof argumentó cuáles son sus motivos para desdoblar. Considera, en base a un simulacro que hicieron en el gobierno bonaerense, que votar con dos sistemas electorales diferentes el mismo día, generará largas filas y una gran confusión entre la gente. Y, además, le quitará transparencia y agilidad al proceso.
En lo que fue una respuesta a CFK y La Cámpora, afirmó que no le teme a que el oficialismo nacional ponga en la agenda de campaña los hechos de inseguridad en el conurbano. “En la campaña del 2023 el tema estaba en agenda, lo discutí en todos lados y ganamos la elección por un buen margen”, sentenció.
Otro de los argumentos que dio es que la mayoría de las provincias desdoblaron y que el adelantamiento de los comicios tiene el aval de la mayoría de los intendentes peronistas. Dejó en clara su posición y se posicionó dentro de la interna K, en el momento justo en el que comienzan las definiciones electorales y políticas que marcarán el rumbo del peronismo.
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