
“Hemos estado siempre presos en Juntos por el Cambio de qué iba a hacer Macri y tenemos que liberar a todo Juntos por el Cambio y que Mauricio se acomode como él crea que se debe acomodar”, fue la frase que pronunció Patricia Bullrich este lunes y que causó conmoción en la ortodoxia del PRO. ¿La candidata presidencial de JxC analizó el impacto de su postura antes de sugerir un presunto malestar con el ex mandatario? ¿Se trata de una estrategia electoral fríamente calculada o de una reacción espontánea? Si fue deliberado, ¿habrá llegado su Día de la Independencia?
Todo el mundo opositor trata en las últimas horas de decodificar lo que dijo Bullrich, sobre todo porque sus afirmaciones se dan en medio del llamativo silencio del ex presidente luego de haber regresado hacer una semana de Marruecos, donde participó del Mundial de Bridge. Dos días más tarde, recibió a la postulante de JxC en su casa de Acassuso y no trascendió nada del encuentro. Consultada sobre ese contacto, Bullrich se limitó a decir que fue “una reunión de trabajo”. Cuando le preguntaron si Macri se iba a mostrar activo en la campaña, dijo: “No hablamos del tema”.
Hay dos elementos a tener en cuenta para analizar lo que está pasando en esa relación. Hace mucho que a Bullrich le molesta que le pregunten qué hace o qué piensa Macri. Como se trata de dos dirigentes del sector de “los halcones” con mucha afinidad política, siempre pareció lógico que existiera comunicación y coordinación entre ambos para fijar posiciones. Pero la candidata de JxC mantuvo sensaciones encontradas ante Macri: respeta a quien fundó el PRO y llegó a la presidencia de la Nación, pero necesita hasta por una cuestión personal mantener autonomía y mostrar un perfil propio.

Esta sensación se profundizó en la interna con Horacio Rodríguez Larreta, cuando fue evidente que Macri apoyó a Bullrich por su postura firme en favor de los “cambios drásticos” en el próximo gobierno y en contra de la posición dialoguista del jefe de Gobierno. El problema es que si bien lo que trasuntaba el ex presidente fidelizaba al electorado duro detrás de Bullrich, también le quitaba independencia y fortaleza a ella porque daba la idea de que su poder era delegado por el “jefe”.
El mismo día de las PASO, Macri se mostró como el protagonista casi excluyente de la jornada electoral. Fue el último en hablar en el escenario montado en el búnker de Juntos por el Cambio, en Parque Norte, con un discurso en el que celebró un “cambio de era” y, tras felicitar a la ganadora de la interna de JxC, resaltó que “sumando los resultados de Javier Milei y los nuestros es enorme esta mayoría de argentinos que planteamos un cambio profundo como no existió en décadas”. Allí no sólo le dio una enorme entidad al triunfo de Milei sino que agigantó la figura del rival de Bullrich con un llamado para felicitarlo (el único que tuvo ese gesto, según el candidato de La Libertad Avanza).
En medio de un clima de mucha sintonía personal e ideológica entre Macri y Milei, con detalles en los medios sobre sus charlas frecuentes, lo que sobrevolaba el ambiente político era que el ex presidente apostaba a un acuerdo con Milei en luego de las elecciones. No era casual: en abril pasado, cuando Macri vaticinó que La Libertad Avanza iba a estar en la segunda vuelta con JxC, también se mostró a favor de “semidinamitar todo” si la coalición opositora volvía al poder (Milei propuso dinamitar) y destacó que “el día después de las elecciones va a haber que trabajar juntos” con el libertario.
La buena relación entre ambos derivó en inusuales elogios de Milei a Macri en el cierre de su campaña, donde habló de que en 2015 “un outsider llegó al poder con una premisa muy clara, Cambiemos”, pero aseguró que “la clase política se puso en el medio, no sólo desde afuera, sino también desde adentro; los propios integrantes de la coalición se opusieron a los cambios que el país necesita”.
Luego de las PASO, Macri analizó los resultados en una reunión con sus colaboradores más íntimos. Estaba exultante. Transmitió la sensación de que era el gran ganador de las primarias. Tanto por la caída de Larreta como por el triunfo de Bullrich, más el tercer puesto de Sergio Massa y la victoria de Jorge Macri ante Martín Lousteau en la ciudad de Buenos Aires, en un combo en el que los votos en favor de Milei confirmaban sus presunciones de que la gente quería mayoritariamente un cambio.
En público, el ex jefe del Estado aseguró que “la motosierra es fundamental”, en alusión al plan drástico que propone Milei, pero aclaró que “tiene que ser parte de una caja de herramientas”. Y fue enfático al ponderar a Bullrich: “Los libertarios son una realidad, pero Patricia y su equipo son experiencia. Sabe lo que hizo bien y mal. Ahora tenemos volumen”.

Aun así, hubo un episodio que dejó descolocada a toda la oposición: fue cuando el 19 de agosto Milei afirmó que, si gana las elecciones, Mauricio Macri “tendría un rol destacado como representante de la Argentina, alguien que puede abrir mercados”. El ex presidente estaba por entonces en vuelo a Marruecos y quien habló en su nombre fue Fernando de Andreis, quien dijo a Infobae: “No hay ninguna posibilidad de que Mauricio acepte esa propuesta ni de que lo apoye (a Milei)”.
Curiosamente, el propio Macri se mantuvo en silencio sobre la propuesta de Milei y se limitó a publicar en las redes sociales un video en el que elogiaba las características de Bullrich. ¿Alcanzaba para disipar en forma definitiva las sospechas? ¿Por qué no desmintió expresamente cualquier posibilidad de trabajar para el libertario? “No hacía falta porque nunca pensaría en algo así”, explicó alguien que lo conoce muy bien. Pero en el bullrichismo no sintieron lo mismo: algunos esperaron, sin éxito, que Macri fuera contundente e interpretaron que la ambigüedad era una decisión política.

Dicen que Bullrich también se irritó cuando Milei hizo su propuesta laboral a Macri y les advirtió a sus colaboradores más íntimos: “Cuando vuelva de Marruecos, quiero hablar con Mauricio porque tiene que ser muy claro y no dejar dudas”. Públicamente, no quiso decir ni una palabra sobre el tema.
Por eso ahora, ante una campaña decisiva, en la que debe remontar un segundo puesto en las PASO para tratar de ganar las elecciones generales, no parece casual que Bullrich reconozca en tono crítico que en JxC estuvieron “siempre presos de qué iba a hacer Macri” y que haya pedido “liberar” a toda la coalición del peso de seguir pendientes de los movimientos del ex presidente. Allí seguramente hay trazos de una estrategia electoral, pero también de una incipiente declaración de independencia. Sobre todo en la medida en que Macri parece atrapado en cierto juego de dependencia de Milei.
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