
La Mesa Nacional funcionó como un inédito escenario de catarsis política que agotó su sentido existencial cuando sus treinta y tres protagonistas abandonaron la sede del Partido Justicialista sin la tradicional foto de familia que debía exhibir la renovada unidad del Frente de Todos.
Dos días después de esa puesta en escena, la dinámica interna del gobierno continúa imperturbable: Alberto Fernández mantiene su sueño de reelección, mientras Cristina Kirchner busca una diagonal para imponer su perspectiva política.
“Es muy difícil ir a una PASO contra el Presidente”, opinó Axel Kicillof durante el primer cónclave de la Mesa Nacional del Frente de Todos. El gobernador bonaerense explicitaba la posición del kirchnerismo y articulaba un discurso que tiene una sencilla motivación política. Cristina no quiere a Alberto Fernández en la boleta presidencial.
El dirigente sindical Sergio Palazzo apuntó hacia el mismo objetivo con otra táctica palaciega. Propuso crear una comisión para pedir a CFK que acepte la candidatura a presidente. Esa comisión rogatoria fue desestimada por Máximo Kirchner, que durante la cita partidaria se mostró flexible y conciliador.
“Yo la conozco a Cristina. Los va a sacar cagando”, aseguró el diputado nacional a sus compañeros del Frente de Todos. Ese comentario hundió a la comisión rogatoria propuesta por Palazzo.

La cautela de Máximo Kirchner excede su conocimiento personal de CFK. El líder de La Cámpora desechó la propuesta de Palazzo apelando a la lógica cartesiana: si Cristina está proscripta, es imposible pedirle que fuera candidata del Frente de Todos. Y si finalmente la comisión rogatoria se crea y va al encuentro de la vicepresidente, quedará ratificado que no está proscripta. Un hecho de la realidad que el Gobierno, La Cámpora y el Instituto Patria se niegan a reconocer.
Alberto Fernández diseña una agenda política que apunta a fortalecer su sueño personal. En este sentido, la asunción de Agustín Rossi como jefe de Gabinete es clave para aceitar la maquinaria electoral que enfrentará al kirchnerismo en campaña.
Rossi conoce todos los manuales peronistas y apoya la reelección presidencial. Cuando Juan Manzur apagó su función como jefe de Gabinete y optó por regresar a Tucumán para proteger su territorio político, Eduardo “Wado” de Pedro tomó sus relaciones con los gobernadores justicialistas para empujar su candidatura presidencial con el aval de CFK.
Alberto Fernández necesitaba una pieza de ajedrez en el tablero de la Casa Rosada para bloquear los movimientos de “Wado” de Pedro en el interior, y Rossi asumió -entre otras responsabilidades- para evitar que la posible alternativa electoral de la vicepresidente utilice los recursos del Gobierno en favor de su imagen interna.
Hace una semana, Alberto Fernández y su ministro del Interior pactaron una tregua. Se trata de una pax armada que funcionó como un artilugio político para facilitar la creación de la Mesa Nacional del Frente de Todos. El presidente logró una amplia convocatoria en la mesa y bloqueó las intenciones de Cristina orientadas a enterrar su proyecto de reelección. Esa etapa ya concluyó y ahora cada uno de los contendientes se refugiará en su propio bunker para preparar el lance final.

El 24 de junio se deben presentar las candidaturas para las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO). Alberto Fernández apunta a esa fecha electoral, pese a sus complicaciones internas y externas: no tiene consenso en el Frente de Todos, la inflación está en alza y su intención de voto es raquítica.
El jefe de Estado cederá su deseo personal, si Sergio Massa acepta el desafío electoral. En caso contrario, Alberto Fernández insistirá con su candidatura y enfrentará al eventual candidato que designe Cristina Fernández de Kirchner. Sólo quedan 18 semanas para este desenlace político.
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