
El arranque de la Asamblea Legislativa fue quizá la postal más pobre y a la vez más expresiva de lo que iba a dejar la inauguración formal de un nuevo ciclo de sesiones en el Congreso. Camino al estrado, Alberto Fernández tuvo algún indicio de la necesidad de hacer un homenaje a las víctimas de la invasión rusa a Ucrania. Casi de rigor, pero no estaba previsto: señal del microclima que envuelve al oficialismo. Desde una banca, lo reclamaba después y a gritos el radical Mario Negri. Cristina Fernández de Kirchner no hacía caso. Manejaba el micrófono, no lo suficiente. “Dale, pedí ahora el minuto de silencio”, se escuchó la indicación de CFK al Presidente. Otra expresión de reducido cálculo político.
El núcleo de las 43 páginas leídas por Alberto Fernández lo expuso enfrascado en la lógica de la interna. La ex presidente buscó marcar la cancha con ese manejo frente a la oposición. Después, gesto frío apenas abandonado por segundos cuando llovía alguna carga sobre Juntos por el Cambio. El cuadro se completaba con la ausencia de Máximo Kirchner, la agenda en el exterior de Eduardo “Wado” de Pedro, el gesto también serio de Axel Kicillof y la calle, sin presencia del kirchnerismo en la concentración armada por algunos intendentes, jefes sindicales y movimientos sociales alineados con el oficialismo.
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Pareció menos que un juego de suma cero. Las cargas sobre JxC asomaban como un gesto de dureza, dedicado a la platea del kirchnerismo. Causó impacto en las filas opositoras, que exhibieron sus propios desmanejos domésticos con el retiro de los legisladores del PRO, únicamente, algo que después enmendaron en parte con un comunicado conjunto de todos sus socios. Pero, en rigor, nada corrió el eje de la fisura en el oficialismo por el acuerdo con el FMI.
Eso mismo tornaba hasta sin sentido la pretensión de lograr una imagen de recomposición familiar en el Frente de Todos. El anuncio del Presidente sobre el cierre del trato con el Fondo no arrimó precisiones frente a la combinación de malestar e incertidumbre en sus filas. Al revés, la proyección de tarifas por encima del 20 por ciento -límite kirchnerista- fue tal vez el único dato más o menos nuevo. Y no generó tranquilidad.
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Estaba claro que ese sería un punto determinante, más allá de la repetida afirmación según la cual no habrá ajuste a pesar del compromiso de significativa baja real del déficit, desaceleración fuerte de la emisión monetaria y tasas en alza. Según cálculos sobre las cuentas fiscales, los subsidios representan alrededor del 80 por ciento del déficit primario del sector público. Y en ese listado, mandan los rubros de energía.

Las definiciones en el bloque terminarán de perfilarse cuando el Gobierno envíe a Diputados el texto completo del memorándum de entendimiento, que en Economía dan por cerrado pero cuya letra aún es desconocida. Ayer mismo, el formoseño José Mayans, presidente del bloque de senadores del FdeT -representante de Gildo Insfrán y de línea directa con CFK- refrescaba su argumento básico: antes que nada hay que conocer la letra chica. Ya había dicho, además, que el camino debía ser iniciado por la otra cámara.
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Eso mismo y las conversaciones de los próximos días irán puliendo la posición de JxC. En líneas generales, predomina la idea de allanar el camino al acuerdo o, más precisamente, de no hacer nada que lleve al default. El detalle del entendimiento es un dato central y el otro punto fuerte remite al oficialismo: cómo llegará al recinto, hasta que profundidad llega la fisura.
JxC quedó ayer frente a sus propios problemas internos. El PRO se retiró de la Asamblea Legislativa cuando el Presidente pegaba sobre Mauricio Macri. No hicieron lo mismo la UCR y la Coalición Cívica, además de Ricardo López Murphy y el sector de Emilio Monzó. El malestar con el macrismo apuntaba en dos direcciones: colocar la interna casi en paralelo con hechos como la ausencia de Máximo Kirchner en el recinto y exhibir juego no consensuado entre los socios de la coalición.
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Una reunión pautada de antemano salvó en parte la situación. Los referentes de JxC y los jefes de bloques habían acordado reunirse después del discurso presidencial en un despacho del Senado. El resultado fue una declaración unificada de fuerte respuesta a Alberto Fernández. Dijeron que su actitud fue “provocadora y violenta”. Con todo, fuera del comunicado, reiteraron que la estrategia legislativa será definida cuando se conozca el texto del acuerdo con el FMI y esté a la vista el desenlace de la disputa en el oficialismo.
No es el único frente que dejó abierto el Presidente. Como ya lo había hecho antes, apuntó a la Justicia y, en particular, a los jueces federales y a la Corte Suprema. Hace rato que el kirchnerismo, empezando por CFK, expresan desde insatisfacción hasta enojo y descalificación de la estrategia que desarrolló Olivos frente al complicado panorama que enfrentan la ex presidente y varios ex funcionarios por casos de corrupción. Creen que fue débil e ineficaz.
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El Presidente volvió sobre planes, o enunciados, que no tienen perspectivas en el Congreso. Los proyectos enviados -una reforma del fuero federal y el cambio de reglas para manejar el sistema de fiscales- nunca lograron el apoyo necesario de votos por fuera del FdeT. La cuestión de la Corte busca operar como presión, sin iniciativa concreta. JxC repitió sus críticas en este punto. Y también lo hicieron representantes del peronismo no alineado con el oficialismo, en especial el PJ que responde a Juan Schiaretti.
Existe un dato que nadie pasa por alto en el Congreso. Las dos cámaras estuvieron virtualmente paralizadas, es decir, ningún tema fue al recinto en febrero a pesar de la convocatoria del Presidente a sesiones extraordinarias. ¿El principal motivo? El cimbronazo causado por la renuncia de Máximo Kirchner a la jefatura del bloque de diputados, por el acuerdo con el FMI. Alberto Fernández le dedicó ayer una respuesta indirecta. Y CFK prolongó el silencio después de dar por cerrada la Asamblea Legislativa. Se vienen días intensos.
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