Alberto Fernández y Cristina Kirchner pactaron una tregua política hasta las elecciones legislativas del 14 de noviembre

El presidente y la vice buscan una victoria en los próximos comicios, y ambos asumen que una nueva derrota implicará fuertes tensiones en la coalición oficialista y otra ola de cambios en el Gabinete

Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner tras la derrota electoral en las PASO del 12 de septiembre
Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner tras la derrota electoral en las PASO del 12 de septiembre

Tras la agotadora negociación política, Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner se pusieron al teléfono y protagonizaron un frío diálogo personal bajo la consigna ni vencedores ni vencidos. Faltaban pocos minutos para el anuncio oficial que coronaba un nuevo avance de la Vicepresidente sobre el Gabinete que conduce el Presidente. La conversación dejó en claro que la crisis institucional quedó entre paréntesis hasta las elecciones del 14 de noviembre. Si el Frente de Todos no alcanza a Juntos por el Cambio a nivel nacional, el jefe de Estado y CFK asumen que habrá una nueva batalla campal por el poder entre la Casa Rosada y el Senado.

La táctica acordada por Alberto Fernández y Cristina consiste en aceitar la maquinaria electoral en las provincias propias, repartir pesos entre los votantes que no fueron a las PASO o apoyaron a los candidatos de la oposición, y desplegar una actividad hiperkinética en todos los ministerios.

Juan Manzur se puso al frente del pacto sellado por el Presidente y la Vicepresidente, y ya ha comenzado a exhibir un estilo diferente a su antecesor Santiago Cafiero. El flamante jefe de Gabinete activó su agenda con todos los gobernadores peronistas y su trato excede la discusión de partidas del presupuesto o los eventuales viajes de Alberto Fernández.

Manzur habla con sus colegas -tiene licencia como gobernador- sobre las relaciones de poder en el Frente de Todos, la convivencia del jefe de Estado con CFK y las posibilidades de revertir una derrota electoral que puso en jaque a la coalición oficialista.

Esa agenda de “La Bomba Tucumana” -así lo bautizaron en Balcarce 50 al jefe de Gabinete-, lo pone a Manzur en el centro del Gobierno y desplaza del escenario político a Eduardo “Wado” de Pedro, que permaneció en la Casa Rosada con el cargo de ministro del Interior.

Alberto Fernández está frío con De Pedro -inició la ofensiva de Cristina y no avisó al jefe de Estado-, y en el último viaje a La Rioja se notó la distancia entre ambos. Manzur conoce esa lógica de poder, lo ha hecho muchísimas veces en Tucumán, y aprovechará la coyuntura para avanzar sobre un territorio que estaba ocupado por La Cámpora.

Alberto Fernández y Juan Manzur en el Museo del Bicentenario de la Casa Rosada, antes de la jura de los nuevos ministros del Gabinete
Alberto Fernández y Juan Manzur en el Museo del Bicentenario de la Casa Rosada, antes de la jura de los nuevos ministros del Gabinete

Cristina Fernández nombra a Manzur en su carta de emplazamiento al Presidente, pero se trató de una sutil jugada de acumulación política. Alberto Fernández ya tenía en sus cálculos a Manzur, y la vicepresidente aprovecha la coyuntura para apropiarse de una idea política que no era propia.

El jefe de Gabinete conoce las artes y el pragmatismo de CFK, y su instinto político siempre lo pondrá al lado de Alberto Fernández. Sin embargo, Manzur asume la correlación de fuerzas en la coalición oficialista y hablará con Cristina cada vez que necesite entender qué quieren en el Senado y el Instituto Patria.

El Presidente y la Vicepresidente intentan evitar una nueva derrota en noviembre, y se apalancarán en Manzur, Aníbal Fernández y Martín Guzmán para ejecutar un plan económico-proselitista de coyuntura. El nuevo ministro de Seguridad -récord en los gabinetes de la democracia- conoce las reglas del juego y tiene la suficiente dialéctica para defender al gobierno en todos los terrenos posibles.

Guzmán enfrenta las consecuencias de la inesperada coyuntura, y anoche escuchó ciertas lecciones de política que le dio Manzur. El titular del Palacio de Hacienda y el jefe de Gabinete se frecuentan desde hace años, y hay respeto mutuo. Guzmán sabe que es un blanco móvil de Cristina, Máximo Kirchner y La Cámpora, y que los resultados de noviembre pueden implicar un regreso anticipado a Columbia.

El clima en el Gabinete es apocado con un cuota mínima de expectativa. Sobresale la voluntad personal de ministros con experiencia política -Gabriel Katopodis, Juan Zabaleta, Julián Domínguez, Daniel Filmus y Cafiero, además de Manzur y De Pedro-, pero todos reconocen en la intimidad que la tregua entre Alberto Fernández y CFK depende de un hecho electoral que está muy lejos de su alcance.

La Pax Armada es frágil y las cuentas políticas en el Gabinete son un ejercicio cotidiano.

Alberto Fernández lo tiene a Cafiero, Manzur, Guzmán. Zavaleta, Katopodis, Matías Lammens y Matías Kulfas. Cristina Fernández controla a Martín Soria, Juan Cabandié, Tristán Bauer y De Pedro. Y resta saber qué harán Aníbal Fernández y Domínguez, dos políticos que han sobrevivido todas las crisis del peronismo desde Ítalo Argentino Luder a la fecha.

La Vicepresidente está en el Sur y el Presidente cumple su agenda oficial en la Casa Rosada. Alberto Fernández quedó en llamar para un nuevo cónclave en Olivos.














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